miércoles, 11 de marzo de 2009

EN BUSCA DE ADAM BACKER

CAPITULO 7



A medida que mi confidente iba descubriéndome mi propia historia me quedaba más y más atónita, no sé si por el hecho de estar hablando con un completo desconocido que sabía más de mí que yo misma o si por el contenido tan significativo de sus revelaciones.
Me reconoció que recordaba con exactitud el día que nos vió aparecer a Sandra y a mí en el hotel, arrastrando con dificultad nuestras maletas y con el rostro demacrado por la falta de sueño. Esto me hizo sonreir ya que sus mejillas se tornaron sonrojadas como dos fresones despúes de aquella confesión. Por el énfasis que puso en sus palabras y por el brillo inconfundible de sus ojos, intuí que en algún momento del pasado debió sentir algo por mí más allá de una simple amistad.
A medida que iba desvelándome anécdotas de los dos meses que estuve allí hospedada fuí encajando algún que otro recuerdo como si de un puzzle de mil piezas se tratase. Aquellas rememoraciones escapaban de mi cabeza a borbotones y me era difícil poner orden en todo aquel caos.
No dudé en sacar de la mochila mi libreta y según me iba exponiendo lo sucedido, yo me apresuraba a escribir algunas observaciones y datos de interés. Cada palabra que salía de su boca me arrastraba al pasado y me obligaba a evocar aquel fatídico viaje que un día decidí olvidar.

Seguía sin tener ninguna imagen nítida de Adam en mi memoria, nada más allá de los datos que me había descubierto el recepcionista del hotel. Su información fue valiosa, pero no lo suficiente.
Al parecer, el año pasado viajé con la excusa de hacer un curso de inglés de dos meses, pero mi verdadero motivo era reecontrarme con mi gran amor que vivía en los Angeles, más concretamente en New Port Beach.
El barrio de Manhattan, su aroma y los relatos de Miguel me fueron de gran ayuda para ir hilando alguno de mis recuerdos que habían querido salir a la luz mediante sueños e incluso pesadillas. Las visiones de aquella habitacíon de hotel cobraban ahora algún sentido, ya que la 1469 fue mi hogar durante dos meses.
En cuanto al viaje a Los Ángeles, también encajaba en la historia de Miguel y en el mensaje de móvil. En un principio yo iba a coger un vuelo Nueva York-Los Ángeles que el mismo Adam me había comprado. Pero según me dijo Miguel no era la primera vez que me mentía y para eliminar cualquier rastro de duda, le pedí que comprobara el supuesto vuelo desde el ordenador del hotel. Sólo hicieron falta un par de minutos para darme cuenta de que aquel billete era una farsa, una más de las múltiples que utilizó. Hasta el momento, la única verdad sobre Adam Backer es que era un tremendo embustero.

Continuamos nuestra provechosa charla en la cafetería, intercalando el tema que me concernía y otros asuntos más livianos que me arrancaron alguna que otra risotada. Estaba realmente agusto en su compañía.
Miguel es un muchacho de piel descafeinada, bajito y no muy agraciado fisicamente la verdad. Cuando se acercó a la barra a por una tercera taza de chocolate, me fijé en sus ademanes rudos y algo torpes. Su apariencia es la de un hombre tosco y carente de delicadeza, pero realmente es tierno y paternal.
Sus rasgos faciales no son del todo desagradables, tiene la punta de la nariz redondeada, los ojos negros y diminutos y una blanca sonrisa que iluminaba su cara. Su ancho y corto cuello se escondía por debajo de la camisa del uniforme y sus manos de dedos gruesos, se debatían constantemente entre si tocar las mías o continuar sobre su taza de chocolate que ya había dejado de humear.
Me puso al día en cuanto a sus estudios universitarios y que estaba a punto de finalizar y su trabajo en el hotel por las tardes. Aparentaba ser una persona responsable y luchadora que había pasado muchas penurias hasta llegar a Estados Unidos donde por primera vez en su vida tuvo la oportunidad de volver a empezar.
También acabó por admitir después de muchos rodeos y preguntas esquivadas, que seguía viviendo con su novia Cristina*, la misma muchacha dominicana con la que empezó a salir al emigrar hace varios años. Cuando me hablaba de ella bajaba la mirada tanto que llegaba a rozar el suelo y le noté algo incómodo. Por su manera de expresarse se notaba que debía quererla mucho, aunque más bien parecía que hablase de una hermana que de una mujer de la que estuviera locamente enamorado.

Algún paso había avanzado en mi investigación. Adam y yo habíamos tenido un idilio pero -hasta donde sabía Miguel- jamás llegamos a vernos en tierras americanas y desconocía el porqué de sus evasivas. Apenado me contó como después de sus reiteradas mentiras y excusas me fui desilusionando poco a poco, aunque yo estaba tan cegada que me negaba a ver la realidad que todos me repetían incansablemente.

- No tienes idea de lo mucho que me alegra verte así de bien. Nunca más supe de ti y como te marchaste a España una semana antes pués no pudimos despedirnos. -dijo un tanto compungido.

-¿ Y porqué motivo adelanté mi vuelta ?- pregunté mirándole a los ojos temiendo su respuesta.

- No lo sé. La última vez que nos vimos, estabas llorando mientras hablabas desde una cabina telefónica del hotel. Sollozabas sin consuelo mientras le contabas a alguien que te habías enterado de toda la verdad sobre él, una verdad imposible de creer - contaba Miguel sin cambiar aquel gesto de tristeza. Realmente parecía apenado por todo aquello que me pasó. Se mostró sincero en su relato, aunque a esas alturas del trayecto sentía que ya no confiar completamente en nadie.

"Una verdad imposible de creer". No podía dejar de repetirme aquellas palabras que embestían mi cabeza durante todo el camino de vuelta a casa. Después de aquella conversación pude entender porqué al mirar aquella fotografía que siempre llevaba conmigo, algo en mí se removía irracionalmente. Aquel hombre me había roto el corazón.
Seguía sin saber verdaderamente quien era él, porqué me engañó y que se escondía tras toda aquella serie de mentiras y ocultaciones que giraban entorno a nuestra desconocida relación.
Después de tanto esfuerzo para llegar hasta allí y de todo lo que había dejado atrás en Madrid, tenía que seguir indagando sobre la verdad, y que mejor manera de hacerlo que llegando hasta el mismísimo Adam Backer.

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