martes, 12 de mayo de 2009

EN BUSCA DE ADAM BACKER

Capítulo 11


De: Adam Backer
Enviado: sábado, 04 de febrero de 2006 19:19:09
Para: D.R


Buenos días mi amor:

¿ Cómo amaneciste hoy ? Yo estoy en la oficina, preparando unos planos que tengo que tener listos para una reunión en la tarde. Ya sabes que soy el jefe de arquitectos del despacho y ahora estamos llevando el proyecto de edificación de unos pisos de lujo aquí, en New Port Beach, y nos están ejerciendo muchísima presión.
Aún así he tenido tiempo de sobra para acordarme de tí. Me parece increible que conociéndonos desde hace tan poco tiempo pueda echarte tantísimo de menos, nunca me había pasado algo así.
Extraño tu carita preciosa y me muero de ganas de volver a Madrid y de cenar carne argentina en aquel asador tan maravilloso del que me hablaste. Espero que hablemos pronto aunque teniendo en cuenta las 9 horas de diferencia horaria va a ser complicado.
Un beso. Adam.



Aquel email era el primero por orden cronológico de todos los que tenía guardados. Escrito y firmado por el ya no tan desconocido Adam Backer y con fecha de hace más de 3 años, lo que significaba que mi supuesta relación con él duró cerca de 2 años según mis cálculos aproximados.
Adam decía vivir en los Ángeles, en New Port Beach y supe por el email que era arquitecto. Por su manera de escribir, parecía muy correcto y educado y por la cautela de sus palabras deduje que ese email marcaba los inicios de nuestra relación.
Parecía tener un puesto importante, por lo que quizás tuvo que viajar a España por algún asunto de negocios y fue entonces cuando se produjo nuestro primer encuentro.
Además del email, adjuntó varias imagenes suyas que corroboraron que el atractivo joven que encontré retratado en aquella foto dedicada, era efectivamente Adam Backer. Aparentaba unos 26 o 28 años, era indudablemente muy atractivo y sus casi transparentes ojos azules me llenaban de paz y sosiego. Pero en medio de aquella calma, un debastador sentimiento de rencor me invadió por dentro generando un odio tan atroz hacia aquel hombre que creí que me iba a estallar el pecho de tanta angustia atrapada en mi interior.
No debía dejarme cautivar por su armonioso rostro y su ternura inherente, aquel querubín de piel dorada albergaba más maldad que ningún ser de lo más profundo de los infiernos y carecía de escrúpulos, al igual que el nuevo inquilino, quien no dudó a la hora de empujarme horas antes en el rellano de la escalera.

Imprimí todos los emails para analizarlos con detenimiento, pasamos por el supermercado y finalmente regresamos a casa.
Nuestro barrio no era extremadamente peligroso, pero caído el sol, era recomendable que dos mujeres solas no vagaran por aquellas callejuelas plagadas de mil ojos escondidos donde menos te los esperabas...entre la maleza, tras las persianas que chirriaban con el viento o dentro de algún destartalado coche con el motor apagado para pasar desapercibido.
Gatos pardos cruzando las calles como sombras escurridizas, figuras que se tambalean haciendo eses por las aceras y cabezas curiosas asomadas en los balcones de las casas...definitivamente Brooklyn era un barrio con mucho encanto donde nunca se debía bajar la guardia.

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