martes, 1 de septiembre de 2009

Ana Y Pedro capitulo 2

capitulo 2

La semana para Ana se hizo más eterna de lo habitual. Procuraba estar el menor tiempo posible en casa y durante varios días pasó largas horas leyendo en el parque con la esperanza de toparse con él, pero no apareció. Llegó a pensar que aquel testarudo muchacho había sido producto de su exacerbada imaginación y aquel pensamiento la hizo sentir más sola que nunca.

A Ana le costaba relacionarse en el colegio, a pesar de sus buenísimas calificaciones la sociabilidad no era su fuerte, quizá porque siempre se sintió un patito feo rodeada de cisnes que la deslumbraban. Vivía cerca de la escuela por lo que caminaba hasta casa rodeando el parque todos los días. Cuando quedaban un par de calles se tocaba el pelo intentando acomodárselo inconscientemente y sentía que sus piernas le iban a fallar de un momento a otro, pero en cuanto no divisaba a Pedro a lo lejos todos los nervios se desvanecían a la par que sus ilusiones.

Aquella mañana de abril llovía a cántaros, pero no tenía a nadie que fuera a recogerla así que se colocó la capucha y sin pensarlo mucho se lanzó a la calle. Los goterones caían fuerte sobre su cabeza y comenzaban a calarle la ropa. Odiaba la lluvia, no le veía ningún encanto a mojarse los calcetines del uniforme y que el pelo se le rizara aún más con la humedad. No entendía porque muchas escenas de amor de sus libros se producían bajo un aguacero, le parecía de todo menos romántico.

Distraída con sus comentarios se dispuso a cruzar olvidando por completo mirar a los lados como tantas veces a lo largo de su vida le habían repetido y se llevó un susto de infarto cuando un coche disfrazado entre la lluvía la comenzó a pitar escandalosamente después de frenar a escasos centímetros de sus empapados zapatos.
Entre el miedo y la verguenza, aceleró el paso y desapareció de allí entre los árboles del parque con la cabeza gacha hasta que se topó con algo y por unos instante penso que tal vez... pero no, había chocado contra el tobogán oxidado que tanto detestaba de pequeña, se sintió estúpida y tan desgraciada que no pudo contener las lágrimas.

- Vaya, parece que estamos en paz, ¿verdad?- exclamó una voz oculta entre los árboles.

-¿ Qui quien eres?- preguntó entrecortadamente mientras buscaba su procedencia.

- Soy Pedro llorica. ¿ qué te pasa ? ¿ te has roto una uña ?- intentó vacilarla con tono amistoso, intentando ocultar la verguenza que sentía en aquel momento y la euforia por verla de nuevo.

Estaba realmente preciosa con el pelo enmarañado y mojado, pensó mientras sacudía su cabeza intentando alejar aquellos pensamientos que le hacían sentir tan...vulnerable.Ana se quedó mirándole y se contuvo las ganas de continuar gimoteando delante de aquel niño insensible que se estaba riendo de ella de manera cruel, pero fue inútil, las lágrimas salieron disparadas acompañadas de un llanto desconsolado que se enmascaraba con el goteo de la lluvia contra el suelo. Se lanzó a sus brazos y Pedro la abrazó tan fuerte que incluso temió dejarla sin respiración.

Ana entendió en aquel instante aquellas escenas de amor bajo la lluvia de las novela que leía. No sabía si esa presión en su pecho era amor, pero hubiera dado cualquier cosa por para el reloj y congelar en su memoria aquel momento.Pedro olvidó por completo mirar a su alrededor para comprobar que ningún amigo del colegio le viese en aquella situación, olvidó aquella cometa rota y todos sus garabatos en la tierra y viajes al rededor del mundo. A los pocos minutos el llanto cesó, pero el abrazo continuó bastantes minutos más, tantos que ellos mismos perdieron la noción del tiempo.

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