<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810</id><updated>2011-07-28T12:33:53.189-07:00</updated><title type='text'>Reflexiones de María</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>26</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-8059510883679518442</id><published>2009-09-16T08:11:00.000-07:00</published><updated>2010-04-26T12:34:06.627-07:00</updated><title type='text'>capitulo 1</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Capítulo 1&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían pasado varios meses, pero pensar en aquel nombre aún me erizaba la piel. Mis pies avanzaban inconscientemente por aquel angosto pasillo como si presidieran devotos una marcha militar rumbo al infierno.&lt;br /&gt;Sin embargo, mi cabeza se revelaba ante aquella sumisión repitiéndome una y otra vez que no continuara por ese camino de perdición que me enfrentaría a un pasado que me empeñaba en olvidar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambiente estaba cargado, espeso. Comencé a sentir un hormigueo en la palma de las manos y entonces supe que me iba a desmayar. &lt;br /&gt;Miré al frente en un intento por divisar el fin de aquel sendero enmoquetado, pero lo único que ví fue una hilera de cuadros derretidos por el calor. Sus figuras se fundían en muecas demoniacas que bisbiseaban a mis espaldas, incrustándose aquel runrún en mi nuca, como si sus estridentes voces surgieran del mismísimo averno para consumirme entre sus llamaradas.&lt;br /&gt;Al torcer la esquina, la enfermera hizo un gesto al policía que me custodiaba, indicándole que él no podía continuar.&lt;br /&gt;Quise escapar muy lejos de allí, pero los férreos tacones que sentía retumbar a mis espaldas disiparon cualquier descabellada idea de huir.&lt;br /&gt;Aquella figura blanca e impoluta que me escoltaba jamás lo permitiría y seguramente como represalia, acabaría postrada en algún duro colchón y sedada como un animal, como una loca. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;Supongo que un verdadero demente no admite al principio su enfermedad, por lo tanto entre aquellas cuatro paredes nada me diferenciaba de ellos. A ojos de cualquiera -incluso de los propios enfermos- yo era una más, y cuanto más me empeñase en defender lo contrario por más desquiciada me tomarían. " En efecto Doctor, la paciente dice estar perfectamente cuerda, un claro síntoma de su agravada perturbación ", parecía que pudiera escucharles conspirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fín llegamos a lo que parecía una sala de espera. Una suave brisa me devolvió el color a mis mejillas y aunque las ventanas estaban enrejadas, sentí una reconfortante sensación de libertad. Mi celadora me cogió bruscamente del brazo y me sentó en un desgastado sofá que parecía me fuese a engullir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba realmente incómoda sepultada en aquella tumba de cuero viejo. Me sentía cada vez más minúscula y ella cada vez me parecía más endiosada. Que fácil debía ser estar en su cómoda situación, donde nadie cuestione su salud mental, aunque pudiera estar más desquiciada que ninguno de los enfermos que estaban allí. Erguida como un palo con cara inexpresiva y actuando con esos ademanes bruscos, casi desdeñosos con los que atendía a todos los pacientes, como si de seres inferiores se tratasen.&lt;br /&gt;Me preguntaba que pensaría de mí. Si sentiría curiosidad por saber qué me había llevado a aquella indeseable situación o si por el contrario le era totalmente indiferente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ofelia Ramirez&lt;/em&gt;, así se llamaba según su acreditación (y garantía de cordura ) que pendía oscilante de un cordón azul que rodeaba su grueso cuello. Su tosca piel parecía aún más pálida con aquella luz que descubría un rostro belludo y redondo, como un melocotón maduro cubierto de pelusa.&lt;br /&gt;Ojeaba una revista desinteresadamente sin perderme de vista ni un solo segundo. Me sentí humillada ante tales precauciones de seguridad. ¿ Quién se pensaba que era yo, una terrorista o algo por el estilo ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus rechonchas manos ásperas y de uñas carcomidas continuaban pasando páginas sin prestar ninguna atención a su contenido. Era mucho más atractivo observar cada uno de mis torpes movimientos en los que sin éxito intentaba evitar los prominentes muelles del sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fijé en sus dedos desnudos, que humedecía con su picuda lengua para ayudarse a deslizar las hojas. Estaban llenos de callosidades lo que me llevó a pensar que no siempre fue celadora del &lt;em&gt;Hospital Psiquiátrico.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Quizá en su juventud trabajara afanosamente en la granja de la familia y una noche tormentosa con el corazón deshecho, decidiese dejar todo para venir a la ciudad y empezar de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Definitivamente Ofelia disfrutaba con aquella situación y no se molestaba en ocultarlo. Era solitaria y estaba amargada por los sinsabores. Eligió un trabajo así para descargar su frustración sobre otros aún más desafortunados que ella, a los que les imponía a fuerza de empujones, su aplastante autoridad dentro de aquel Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era una mujer horrenda, su ajado aspecto más bien se debía a que hacía años que se había abandonado por completo. Tenía el pelo negro salpicado de alguna que otra cana y lo llevaba muy prieto con una antiestética ralla al medio y recogido en un moño, como si quisiera matar todo atisbo de femeninidad.&lt;br /&gt;Los surcos de su frente parecían dunas arenosas, deshidratadas y hastiadas de tanto padecer. Para Ofelia ya no había una segunda oportunidad y ella era consciente. Su juventud había desparecido así como lo hizó aquel primer amor bajo la tempestad de un mar enfurecido. Su lozanía tampoco volverá. Su piel seguiría mustia mañana por la mañana y su estrecho talle ahora no era más que un bloque de carne agostada e infértil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando quisé darme cuenta de mi ensimismamiento, Ofelia estaba chistándome para atraer mi atención y agitaba nerviosa la revista enrollada como un catalejo. Parecía que estuvise espantado los zumbidos de una colmena de abejas rabiosas. Al verla delante de mi haciendo aspavientos, me sobresalté por completo y me dirigí a ella con un tono apocado, casi mudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Discúlpeme, estaba pensando en mis cosas- dije quitándole hierro al asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres una impertinente Marita. Da gracias a que tu madre trabajaba aquí, que si no ibas a saber lo que es bueno...- me contestó amenazante mientras continuaba agitando la revista dando golpecitos sobre la palma de su mano a modo de advertencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Precisamente porque mi madre es quien es, debería usted tratarme con un poco más de respeto, ¿ es necesario todo esto ? - le pregunté acrecentada mientras le mostraba mis manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces echó a reír con una carcajada escandalosa, casi ordinaria y una vez consiguió levantar su pesado cuerpo de la silla se acercó a mi tanto que incluso pude percibir aquel apestoso olor a naftalina, a armario olvidado, a muerta en vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ni aunque tu querida madre fuera Ministra, te iban a librar de estas esposas mocosa. ¿ A caso no sabes porqué estás aquí? No pensarías que vas a salir tan fresca después de haber cometido un asesinato, ¿verdad? - continuó riendo, casi atragantándose con sus propias babas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Asesinato? Ofelia parecía estar desvariando. Yo había acudido voluntariamente a la consulta de la Doctora para que me ayudara con mi reciente amnesia, provocada por un desafortundado accidente de tráfico en el que me golpeé la cabeza. Pero nadie había comentado nada sobre ningún muerto. Aunque aquel policía, las esposas y tantas precauciones a mi llegada, ¿ a caso sería cierto? Haz memoria Marita, por lo que más quieras...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te espera mucho, pero mucho tiempo entre rejas o entre las acolchadas paredes de este hospital, asi que vete preparándote- sugirió entre discretos susurros, asegurándose de que nadie pudiera escuchar aquellas amenazas. Su pestilente aliento continuó infectando mi piel unos minutos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún atónita, limpié de mi cara con el dorso de la mano todos los restos de sus salivazos. Ella volvió sobre sus demoledores pasos y se acomodó de nuevo en su silla, a la que se le escapó un quejido al sufrir su pesada envergadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mujer desconocía el significado de la profesionalidad. Me había sentenciado sin darme el benficio de la duda. Como si tuviera algún tipo de asunto personal contra mí.&lt;br /&gt;En aquel momento fuí verdaderamente consciente de que estaba metida en un gran lío, mucho más de lo que me había imaginado. Sentí un miedo atroz ante lo que estaba por suceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi corazón latía apresuradamente y comencé a respirar con dificultad. La ropa me estorbaba, me asfixiaba. Estaba sufriendo un ataque de ansiedad, pero prefería morirme allí mismo antes que pedir ayuda a aquella serpiente que seguramente se deleitaría viéndome agonizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comencé a visualizar a Ofelia cada vez más y más borrosa hasta que su voz quedó atrapada a miles de kilómetros de distancia, volviéndose inaudible. &lt;br /&gt;Las palpitaciones aumentaban y comencé a sentir dolor en el brazo izquierdo.Me preguntaba una y otra vez como había llegado a aquella sala de espera. En que momento mi vida se complicó tantísimo como para verme envuelta en un asesinato. Pero por más que cavilaba no lograba remontarme al principio de todo. Lo único que me venía a la mente era ese nombre y una terrible jaqueca. Aquel maldito nombre.&lt;br /&gt;Entonces me desmayé y caí desplomada al suelo como un peso muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volví a la realidad me encontraba recostada en un diván. Mis manos ya no estaban apresadas y mi primera reacción fue llevármelas a la frente donde palpé un enorme chichón. Sentía que la cabeza me iba a reventar.&lt;br /&gt;No era de extrañar aquel desfallecimiento, había sufrido mucho estrés debido al accidente, y el no recordar absolutamente nada de los últimos meses me tenía muy confundida y me impedía descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté aliviar el dolor de mis muñecas masajeándome las marcas que habían quedado sobre mi piel. Miré a mi alrededor y contemplé con asombro las paredes de aquel despacho, llenas de títulos enmarcados y cuadros escogidos con muy buen gusto. Había estanterías plagadas de cientos de libros, un Vademécum, manuales y obras de la literatura clásica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Achiné los ojos para poder enfocar y leí: "Esperanza Arroyo Valverde, licenciada en medicina psiquiátrica por la Universidad de Salamana", conté más de veinte titulaciones, diplomas y especialidades en las que la Doctora debía ser una auténtica entendida a juzgar por aquel escaparate de conocimientos. Trastornos de personalidad, esquizofrenia, paranoia y psicosis. Aquellos tecnicismos que tantas veces había escuchado a mi madre ahora sonaban totalmente diferentes ya que podían ser parte de un diágnostico que arruinaría mi vida para siempre. Pero yo no estaba loca, todo había sido fruto de una terrible confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté sosegarme. En cierto modo me alegraba de estar en aquella habitación espaciosa de decoración mucho más agradable y fuera del alcance de los ojos inquisitivos de Ofelia, pero aún así aquella sensacion de ahogo no desaparecía.&lt;br /&gt;Ni siquiera era consciente de que delito exactamente se me imputaba, e intenté autoengañarme pensando que quizá fueron especulaciones absurdas de aquella vieja bigotuda que pretendía asustarme.&lt;br /&gt;Entonces me vino a la memoria aquella frase que me persiguió durante toda mi indócil adolescencia: " La mayoría de las veces que nos suceden cosas malas, nos las hemos buscado hija, has de ser prudente siempre". Retumbaron en mi interior aquellas juiciosas palabras que mi padre en vida me dijo tantas veces y que otras tantas yo obvié. Yo sola me había metido en aquel laberinto desde el mismo día en que él entró en mi vida. "&lt;em&gt;Maldigo el día en que te conocí Adam Backer, te maldigo a ti",&lt;/em&gt; susurré entre dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En quel momento me dí cuenta de que había estado acompañada todo el tiempo. La doctora apareció por detrás del diván y como si fuera una quinceañera pegó un brinco y se sentó encima de una maciza mesa de roble que debía ser antiquísima.&lt;br /&gt;A mi madre le fascinaban las antiguedades y algo entendía gracias a ella. Aquello era una pieza única y valiosa, lo cual me sorprendió ya que el resto del centro era muchísimo menos ostentoso. La Doctora sin duda alguna tenía gustos caros y se los podía permitir sin ningún problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola Marita, ¿ Cómo estás ? ¿ te están tratando bien ?- preguntó jovialmente, aunque a mi tal questión me pareció una tomadura de pelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola Doctora, bueno pués creo que la amabilidad no es una de las mejores cualidades de la enfermera Ofelia...- mascullé con un gesto de desagrado que no me esforcé en disimular ante el cual ella me respondió bajando la mirada.&lt;br /&gt;- Doctora, no entiendo muy bien porqué estoy aquí, estoy muy confusa- confesé avergonzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marita, precisamente por eso estás aquí, para aclarar tus ideas sobre todo lo acontencido en los últimos meses. Tu madre, que sabes que es amiga mía desde hace muchos años, está muy preocupada con todo es asunto. No te impacientes, pronto comprenderás el bien que te va a hacer esta terapia. Será lento, pero nos ayudará a esclarecer los hechos. Nosotras creemos en tu inocencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Inocencia ? ¿ Ha visto estas marcas de esposas Doctora ? No hablan de inocencia precisamente...¡ Yo no he matado a nadie ! - grité mientras me desencorvaba y gesticulaba exageradamente. Me convertí por unos segundos en un calco de la vieja Ofelia cuando ahuyentaba a la rabiosa colmena. Pero aquello me trajo sin cuidado y continué vociferando, como si de esta manera mi voz fuera a salir despedida muchó más potente, cargada de razón. Ella ni siquiera se inmutó ante mi reacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Permíteme que te dé un consejo: numeritos de estos son precisamente los que te han traído aquí con ese par de esposas. Deberías ser la chica inteligente de la que tu madre me ha hablado siempre, relajarte y mostrarte serena. Sé que no estás loca, pero recuerda no es solo serlo, sino parecerlo.&lt;br /&gt;Empecemos por el principio Marita, ¿ quieres hablarme de ese tal Adam Backer del que tanto renegabas hace unos minutos? - me sugirió mientras acomodaba su abundante melena detrás de la oreja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Doctora, no me va a creer pero no recuerdo nada absolutamente de él. Mi memoria está en blanco. Solamente sé que ese hombre me arruinó la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Voy a ser franca contigo, de lo contrario nuestra terapia sería totalmente improductiva. Marita sufres un shock post-traumático. Tu mente no ha sido capaz de asimilar algo terrible que te ha sucedido y ha decidido borrarlo para evitarte sufrimientos. Pero el no canalizarlo a la larga podría ser mucho peor para ti.&lt;br /&gt;Como sabrás, yo colaboro habitualmente con el Cuerpo de Policía Nacional, pero por supuesto el secreto de profesionalidad es mi prioridad. Yo vivo para mis pacientes. Como te he dicho anteriormente, creo en tu inocencia y es de vital importancia llegar al fondo de este asunto, ¿me comprendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mujer de piel de porcelana y labios escarlata me inspiraba cierta confianza. Era esbelta y alta. Años atrás perfetamente podría haber desfilado por una pasarela, pero seguramente prefirió inflarse a leer libros que le ayudaran a entender los entresijos de la mente de las personas. Debió ser una alumna modélica, aplicada y constante, justo lo que yo jamás había sido.&lt;br /&gt;Llevaba una falda negra de tubo, una blusa de gasa blanca por dentro y se alzaba sobre unos zapatos de tacón cerrados negros que la estilizaban todavía más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al verla tan bonita y refinada no pude menos que deprimirme ante mi aspecto. Aunque ese era el menor de mis problemas en aquel momento, mi apariencia siempre me atormentó durante mi adolescencia. &lt;br /&gt;Había bajado demasiado peso por los nervios y se me marcaban los pómulos. El buen color del verano había desaparecido, dando paso a un enfermizo tono grisáceo. Con la cara lavada, despojada de mis cremas y maquillajes, parecía una calavera envuelta en piel y con un par de ojos opacos. Esa no era la Diana que yo conocía, la auténtica se había quedado al otro lado de los muros del Hospital, aguardando mi salida. O quizás aquella muchacha andrajosa de pelo revuelto era yo realmente y había estada disfrazada todo este tiempo atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Doctora continuaba expectante aguardando una respuesta, un indicio que le hiciera saber que pensaba colaborar y teniendo en cuenta mi peliaguda situación era lo más inteligente que podía hacer. Aún sentía la presión de las esposas sobre mis muñecas resentidas y el yugo de la sospecha oprimiendo mi cabeza. No tenía alternativa posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo Doctora, ¿ Cuándo empezamos ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;capítulo 2&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella misma noche la pasé ingresada en el hospital. Lo que no sabía es que sería la primera de muchas otras en las que permanecería contra mi voluntad encerrada allí. ¿Que pensarían mis conocidos? ¿ Qué estaría ocurriendo al otro lado de esta fortaleza impenetrable ? No quería ni imaginar los chismes del barrio, las habladurías en la Universidad, entre mi círculo de amistades: "Vaya con la mosquita muerta, quien se lo iba a imaginar", chismorrearían. La gente disfruta con este tipo de noticias e incluso pueden ser mucho más crueles que las afiladas acusaciones de la enfermera Ofelia. Pero sin duda, quien más me preocupaba era mi pobre madre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;Me negué en rotundo a tomar sedantes antes de dormir pero practicamente me obligaron a ingerirlos, ya que eran órdenes directas de la doctora. Después de dos horas revolviéndome en la cama habría deseado tener un par más de aquellas pastillitas rojas que te dejaban sordo y tonto durate unas horas, aislada de los horrores que se producían de madrugada en aquel inhóspito lugar. &lt;br /&gt;Para mi sorpresa,no hubo ni portazos, ni lamentos desgarradores. Lo único que rompía la calma reinante eran los ronquidos incesantes , los susurros de las enfermeras de guardia y muy de vez en cuando, algún forcejeo para reducir a algún enfermo que daba más guerra de la debida. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;De noche y sin movimiento, el Hospital Psiquiátrico me parecía aún más aterrador de lo que me había imaginado. No entendía como mi madre había podido estar casi de 30 años allí sin perder el juicio. Esto me hizo pensar que quizá estar entre dementes era más agradable para ella que lidiar con otros asuntos caseros. Aquella reflexión se atragantó en mi garganta como un bocado de comida mal masticado que me costó bastantes minutos digerir. Jamás me había parado a pensar en que mi pobre madre hubiera sido tan infeliz.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Aunque el pasillo quedó en silencio a eso de las tres de la mañana yo continuaba escuchando tras el muro de mi imaginación los silentes alaridos de aquellas almas perdidas que vagaban sin rumbo y sin control sobre sí mismas. Sentí pavor. Por nada del mundo quería acabar como ellos, con sus caras de idiotas y sus sonrisas desinhibidas. Yo no estaba loca y la Doctora Arroyo Valverde iba a ayudarme a demostrarlo, o al menos eso quería pensar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Cuando estaba a punto de conciliar el sueño el sonido estridente de un teléfono me sobresaltó. No comprendía como alguien podía llamar a un hospital a esas horas de la noche y menos aún como no había alguna enfermera de guardia que hiciera callar a ese maldito aparato que acabaría por despertar a todos los enfermos de la planta. Me desarropé y salí muy despacio de la cama, casi de puntillas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;El suelo estaba congelado y las uñas de mis pies se tornaron púrpuras. Me froté insistentemente los brazos con las manos para intentar entrar en calor pero no sirvió de nada. Aquel aguzado frío que atravesaba los huesos como si fueran mantequilla, no era cosa del cambio de estación.&lt;br /&gt;Pronto me di cuenta de que aquel persistente sonido salía del interior de mi cuarto. Allí mismo habia un teléfono, justo al lado de mi cama. Me senté para evitar caer desplomada al suelo nuevamente y me dispuse temblorosa a atender la llamada. Descolgué el teléfono lentamente, lo acerqué a mi oido y escuché una entrecortada respiración al otro lado de la línea. Entonces sin saber muy bien porqué, pregunté: &lt;em&gt;"¿ Adam, eres tú ?"&lt;/em&gt; . El vaho expulsado de mis entrañas dibujó un rostro sin nombre que desapareció al rozarlo con mis entumecidos dedos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Cuando quise darme cuenta estaba chillando descontroladamente empapada en sudor mientras guerreaba contra cuatro hombres que intentaban esquivar mis patadas y reducirme con unas correas. Cerré los ojos y deseé despertar, pero aquello no era un sueño, era muy real. Ahora era yo la que alarmaba al resto de enfermos en mitad de la noche. &lt;em&gt;"¡Sé quien eres Adam, te he descubierto. Por fin sé quien eres realmente!",&lt;/em&gt; bramé mientras continuaba retorciéndome como un pez agónico fuera del agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Podía imaginar claramente sus expresiones morbosas y sus ojos chispeantes comentando a mis espaldas al día siguiente en el comedor: "&lt;em&gt;La que gritó es la nueva, sí, la asesina. Dicen que está como una auténtica regadera" .&lt;/em&gt; Pobres infelices, locos. ¡Yo no era como ellos! No había perdido la chaveta, simplemente había olvidado todo lo que sucedió. Pronto los efectos de la inyección surtieron efecto y después de aquella molesta presión vino un profundo y placentero sueño, donde ni Adam ni aquellas voces enloquecidas podían perturbarme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo aquel aroma a naftalina. Se hacía insoportable,mezclado con la lejía y el olor pútrido de su piel. Un auténtico reclamo para la guadaña que solía husmear frecuentemente en los hospitales, olisqueando la debilidad, la desesperanza.&lt;br /&gt;Un carraspeo matinal al otro lado de la puerta acabó por despertarme y sentí ganas de vomitar. No podía abrir los ojos y temí haberme quedado ciega. Parpadeé temerosa un par de veces y sentí un gran alivio ya que aunque la vista aún era borrosa, atiné a distinguir una corpulenta figura deambulando por mi habitación.&lt;br /&gt;Escuché un zumbido sobrevolando cerca de mi oido derecho. Una vez más y otra. Una decena de moscas revoloteaban a mi al rededor como si yo fuera un sucuento trozo de tarta recién horneada. Intenté ahuyentarlas a manotazos pero fue inútil. Pronto me di cuenta de que no había ningún insecto en aquella habitación de hospital. Era la muerte que me rondaba desde anoche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estás hecha un asco niña, ¿pero tu te has visto? Pareces una calavera y creéme, no te gustaría saber que hacemos aquí con las tiquismiquis que no se alimentan como es debido, me captas, ¿verdad? - dijo Ofelia mientras subía tanto la ceja derecha que pensé que acabaría saltando de su cara como un resorte. Yo simplemente callé, pues no tenía ánimo de discutir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algo tenía razón Ofelia, mi aspecto era deplorable. En pocas semanas había envejecido 10 años. Mi pelo estaba estropajoso -nada que ver con la cuidada melena castaña de la doctora- y mi piel apagada, tiznada por debajo de mis cansados y hundidos ojos, que parecían estar camuflados en la penumbra. Mi andrajoso atuendo tampoco era muy favorecedor, pero sabía que aquel aspecto enfermizo e inerme me haría pasar desapercibida ante los cientos de ojos que me examinaban minuciosamente escudriñando en mi cualquier indicio de culpabilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había muchos recuerdos que se habían desvanecido en mi memoria, pero estaba segura de que ni en mil vidas olvidaría mi primera mañana en el &lt;em&gt;Hospital Psiquiátrico.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En un centro de salud mental, la rutina y el orden son la base para una posible recuperación del enfermo. Adaptarse a ello no era una tarea fácil y para más inri, al ser una enferma custodiada las medidas de seguridad se magnificaban hasta el punto de suponer una total pérdida de la intimidad y por supuesto, de mi libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana Ofelia me levantó antes de las 9 de la mañana y ella misma fue la que me acompañó y entregó ropa limpia. Fue bochornoso tener que desnudarme delante de ella, despojándome de cada prenda de mi ropa como si me arrebatasen un trozo de mi ser y lo tiraran por el desague mezclado con el agua sucia. La luz del baño era muy ténue, como si se fuera a extinguir de un momento a otro. Pero a pesar de la falta de visión, aprecié perfectamente la suciedad acumulada de años entre los grisáceos azulejos de la pared. Aquella triste bombilla columpiándose en el techo me trajo recuerdos lejanos y confusos. &lt;em&gt;"El viejo Franklyn se habría encargado de cambiarla en un periquete",&lt;/em&gt; pensé en voz alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Franklyn ? ¿ Y eso es un nombre ? Deja de decir sandeces y espabila, tengo muchas cosas que hacer-me ordenó tan autoritariamente, que no me atreví a rechistar.&lt;br /&gt;Obedecí y miré al techo intentando no pensar en lo humillante de toda aquella situación mientras restregaba mi cuerpo enérgicamente con una esponja enbadurnada en jabón.&lt;br /&gt;Estuve durante más de cinco minutos frotando con furia mi escocida piel hasta el punto de sentir que se me iba a caer a tiras de tanta fricción. Intentaba arrancar de mí no solo la mugre de mi cuerpo, sino también cualquier posible señal de culpabilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permaneció de pie como un pasmarote durante todo mi aseo, examinando descaradamente cada parte de mi cuerpo joven y desnudo. Me sentí impotente e indefensa. Quise gritar y decirle lo mucho que la repudiaba. Sin embargo, ni una sola queja salió de mi boca ya que comprendí que Ofelia no era el tipo de enemiga que te gustaría tener dentro de un Hospital Psiquiátrico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del aseo, vinieron las pruebas médicas. Me pesaron, midieron y tomaron la tensión. Como ya sabía, mi peso estaba por debajo del normal y aquello alarmó a la auxiliar, que rapidamente me extrajo dos tubos de sangre para analizar. Su profesionalidad le impidió decir nada, pero sus ojos me confesaron lo que pensaba:&lt;em&gt; "Otra huesuda más, como se empeñan en destrozarse la vida las niñas de hoy en día...maldita televisión",&lt;/em&gt; pensó apenada.&lt;br /&gt;Me quedé unos segundos observando su expresión de preocupación mientras miraba mi ficha médica. "&lt;em&gt;Azucena Ruiz, auxiliar de enfermería&lt;/em&gt; " decía en una chapita con letras negras que comenzaban a borrarse y que pronto dejarían su nombre a la imaginación de quien las leyese. Era una buena mujer, y lo más parecido que iba a tener a una madre dentro de aquellas cuatro paredes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Azucena rondaría los cuarenta y cinco años. Era divorciada y supuse que no tenía hijos, quizá porque la naturaleza quiso castigarla con un problema de espalda que le obligaba a caminar encorbada.&lt;br /&gt;Debió pasarlo francamente mal en el instituto, cuando aquel grupo de chavales de cuarto la hostigaba con piedras y palos porque no podía enderezarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;" ¡Malhecha, camina recta!, ¿ no nos has oido? Pasadle por la joroba una moneda, da buena suerte",&lt;/em&gt; se burlaban de ella sin que nadie hiciera nada para evitar los insultos y los tocamientos diarios a los que se vió sometida. Pobre Azucena, sus ojos hablaban de todo lo que había sufrido y callado tanto tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de su malformación andaba ligera y con gracia. Tenía buen tipo y una voz melodiosa, envolvente como el canto de una sirena. Quizá por esa razón su ex marido se enamoró de ella, por su hermosa voz que le gustaba escuchar antes de dormir y al despertar &lt;em&gt;" Buenos días mi amor, ¿qué quieres de desayunar?", se levantaría pizpireta directa a la cocina y con una sonrisa dibujada en sus labios. Sin embargo, sus bien dotadas cuerdas vocales no fueron suficiente para retenerle entre sus brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Qué edad tienes hija ? - me preguntó mientras rellenaba algún tipo de formulario.&lt;br /&gt;- Veintidós hice hace pocos meses- contesté con seriedad, como si estuvieran haciéndome una entrevista de trabajo.&lt;br /&gt;- Aún eres una niña... pobrecita. Mi hija Marianela tiene tu misma edad. Más tarde os presentaré en el comedor- dijo con naturalidad mientras continuaba concentrada en su informe.&lt;br /&gt;- Gracias - fue lo único que atiné a decir. Me dejó muy chocada escuchar de su boca, con tantísima franqueza, que tenía una hija y que además estaba ingresada en este mismo hospital. O quizá estaba sacando conclusiones erróneas y realmente no era paciente sino que era una empleada, como su madre. A pesar de mi curiosidad, preferí callar y no pecar de indiscreta. Al fin y al cabo, Azucena era la primera persona que de verdad me hacía sentir agusto y protegida en aquel lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma Azucena me acompañó al comedor donde se encontraban el resto de los pacientes acomodados en varias mesas de grupos de cinco, haciendo un total de 25. Al atravesar la enorme puerta la actividad de la sala se paralizó y quedaron todos inmóviles, como si fueran los protagonistas inmortalizados de un cuadro de Velázquez. Me parecía ridícula aquella estampa. Un puñado de hombres y mujeres de todas las edades petrificados ante la llegada de la nueva, toda una expectación.&lt;br /&gt;Me llamó la atención una anciana desdentada y arrugada como un higo chumbo. Tenía la boca abierta, llena de cereales reblandecidos flotando en leche que se escurría por las comisuras de sus agrietados labios. Al otro lado de la habitación, un hombre con cara de bobo seguía urgándose en el orificio de la nariz con mucho esmero, como si estuviera buscando un tesoro perdido en las profundidades de una cueva.&lt;br /&gt;Se me empezaron a revolver las tripas solo de pensar en desayunar con aquellos seres salidos del circo de los horrores. No me sentía capaz de afrontar aquella prueba que me planteaba la vida, y di un paso para atrás. Noté en mi espalda la protectora mano de Azucena insuflándome los ánimos que tanto necesitaba y avancé hacia la única silla vacía que había, en la misma mesa que la vieja mellada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez me hube sentado, el tiempo volvió a avanzar en El Hospital Psiquiátrico. Reanudaron sus ocupaciones y me supuso un gran alivio pasar de ser el centro de atención de todas las miradas a ser practicamente invisible a sus ojos.&lt;br /&gt;Creí conveniente no olvidar las buenas maneras, y teniendo en cuenta que podía estar sentada al lado de individuos peligrosos e impredecibles, opté por presentarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, me llamo Marita. Encantada de conoceros - dije timidamente y sin saber exactamente la razón, me sentí completamente estúpida al pronunciar esas palabras. La mayoría continuaron en su mundo sin ni siquiera levantar la cabeza del plato. La mujer mayor continuaba con la boca abierta, sin tragar los cereales que ya parecían papilla y una muchacha paliducha y desgarbada se quedó mirándome fijamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Discúlpales...muchos de ellos no se enteran de nada. Me llamo Marianela, pero puedes llamarme Neli- sonrió la joven dejando entrever sus desgastados dientes. No tenía un aspecto muy saludable, pero no parecía estar loca. "Sé que no estás loca. Pero no es solo serlo, sino parecerlo", se me vinieron a la memoria las palabras de la doctora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vestía un camisón blanco de varias tallas más grandes que la que le correspondía, y sus ojos lloraban lágrimas secas. Parecía estar sumida en una tristeza muy profunda, de la que no podía despertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola Neli, ¿ llevas mucho tiempo aquí metida ?- fue lo primero que se me ocurrió preguntar.&lt;br /&gt;- Pues desde los 15 años y ahora cumpliré 23 en pocos meses. Me harán una bonita fiesta de cumpleaños con globos y todo si sigo a rajatabla el tratamiento- me contó sonriente mientras daba vueltas y vueltas al tazón de cereales sin probar bocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me alegro mucho por ti- mentí descaradamente, pues ambas sabíamos que no sería capaz de cumplir aquel trato. Sus traqueteos nerviosos con el desayuno, de un lado para otro, delataban que Neli tenía una enfermedad muy difícil de sanar. Entendí entonces la recriminante mirada de su madre cuando comprobó mi peso por debajo de lo normal. Azucena tenía que sufrir mucho viendo este armazón sin chichas que era su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estos que ves aquí son Carlos, la viejita Chisquia y Carmencita, que hoy está triste y no quiere hablar, pero habitualmente es muy dicharachera, ¡no te vayas a creer!&lt;br /&gt;Carmencita hizo una mueca que no se parecía mucho a una sonrisa, pero entendí que fue un gesto amistoso hacia su amiga que intentaba animarla. La joven iba en una silla de ruedas y le costaba coordinar los movimientos de sus brazos. Derramó la leche un par de veces debido a los tembleques de sus agarrotadas manos, pero los demás hicieron caso omiso de su justificada torpeza y ni siquiera las enfermeras acudieron a ayudarla. Pensé que quizás ella prefería valerse por sí misma y no sentirse dependiente de los demás, lo cual demostraba mucha fortaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Abuela Chisquia, cierre la boca que le van a entrar moscas! - rió Neli mientras le hacía una carantoña a la anciana que terminó por cerrar la boca bruscamente desparramando la leche por toda la mesa.&lt;br /&gt;El único hombre de la mesa reaccionó de manera extraña ante la frase de Neli, pués comenzó a rascarse desaforadamente el cuerpo. Se frotaba con tanto desespero que terminó por levantarse las costras de las manos y comenzó a sangrar. El corazón me dió un vuelco al observar que le faltaban los dedos de su mano derecha y que en su lugar tenía un muñón requemado que aún conservaba cierta movilidad.&lt;br /&gt;Moscas...Recordé aquellos revoloteos de la habitación y me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No me toques sirvienta con tus mugrientas manos!¡Oshú como está el servicio!- voceó la abuela agitando las mano como si fuera una señorona abanicándose en un caluroso día de verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neli, Carmencita y yo nos reimos al ver a la pobre mujer bañada en su propio desayuno. Carmencita contuvo su risa, como si se sintiese culpable por haber demostrado un poco de felicidad en su triste día.&lt;br /&gt;Neli se levantó y limpió cuidadosamente a la abuela Chisquia que con muy malos humos le propinó un tortazo en la mano e intentó arañarla. Ella muy pacientemente, respondió con otra sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sea cabezota abuela, es por su bien. ¡La viejita Julya también era de armas tomar...!- exclamé mientras ayudaba a Neli en su caritativa labor.&lt;br /&gt;- ¿Julya era tu abuelita?&lt;br /&gt;- ¿Quién?- pregunté extrañada.&lt;br /&gt;-Julya. Acabas de nombrarla hace un segundo- dijo Neli mientras me miraba entre extrañada y divertida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas rompimos en una carcajada y dejamos el tema correr. No recordaba haber mencionado aquel nombre. Era cierto que la abuela Chisquia me transmitía una extraña sensación de familiaridad que no alcanzaba a comprender, como si me recordara a alguien que conocí en otra vida. Pero no lograba rescatar de mi memoria nada al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marita, no olvides que tienes a las 12.00 de la mañana cita con la Doctora Arroyo. Mientras tanto puedes ir con Marianela a que te enseñe la biblioteca, la sala de juegos o los jardines. Estoy segurísima de que te van a encantar- dijo Azucena para después darse le vuelta y desaparecer entre los enfermos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neli me apresó la mano con sus huesudos dedos y me guió como a un corderito hasta los jardines interiores del Hospital.&lt;br /&gt;El contacto con su piel fría me incomodaba y mi primera reacción fue la de desprenderme de aquel amasijo de piel y huesos que se entretejía entre mis dedos como una enredadera. Pero el olor a lirios frescos que flotaba por los alrededores hizo que me olvidara de todo.&lt;br /&gt;Marianela tiraba eufórica de mi dando brincos de alegría. Estaba emocionada por tener a una nueva amiga de su edad y se aferró a mi como quien se lanza sin pensárselo dos veces al último tren. No paraba de señalar con su índice lo árboles, la rosaleda y la fuente con 3 gaviotas en movimiento que gobernaba el centro del jardín. Todo le entusiasmaba y es que aquel rinconcito verde era el único pedazo de mundo real que tenían en El Hospital. &lt;em&gt;"¡Mira Marita, Juan Salvador Gaviota nos saluda con su aleteo!, ¿Puedes verlo, verdad?"&lt;/em&gt;. Era la microscópica maqueta de un bosque encantado. El comienzo de una pronta recuperación, del camino a la libertad: &lt;em&gt;El Jardín de los Deseos Cumplidos. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold"&gt;Capitulo 3&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Golpeé la puerta con los nudillos tres veces y esperé la señal. Seguidamente escuché su voz desde el interior de la consulta invitándome a pasar. Tomé aire y me adentré cerrando la puerta tras de mí.&lt;br /&gt;La Doctora Esperanza estaba radiante. Su melena, como siempre perfectamente peinada y su tez impecabe, maquillada tan discretamente que parecía que no llevara nada artificial. Esta vez lucía un traje de chaqueta azul marino y una camisa blanca de cuello masculino hecha a medida y con sus iniciales bordadas en hilo celeste en uno de los puños. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días Diana. Gracias por tu puntualidad. Siéntate porfavor- dijo señalándome el diván que ya conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy al tanto del incidente de esta noche. No quiero darle mayor importancia, es normal que la primera noche en este lugar te ponga los nervios de punta. Parece ser que tuviste una pesadilla que te alteró mucho, ¿ recuerdas algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Absolutamente nada doctora- contesté a la par que negaba con la cabez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "Sé quien eres Adam. Te he descubierto, por fin sé quien eres realmente". ¿ Te suenan de algo esas palabras Diana ?- me preguntó mientras caminaba de un lado para otro y con las manos detrás de la espalda. No contesté.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Marita escúchame, sino me dejas no podré ayudarte. ¿Quién es para ti Adam Backer?- me insistió una vez más sin apartar su mirada de la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Ya se lo dije, no lo recuerdo. Alguien que me hizo mucho daño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- ¿ Cómo puedes saber eso si ni siquiera recuerdas quien es ?- al preguntarme aquello tuve claro que la doctora no se creía del todo mi pérdida de memoria.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Es sencillo doctora. Solo con escuchar ese condenado nombre siento que la vida se me escapa y que el aire no llega a mis pulmones de ninguna manera.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Entiendo. Trabajaremos sobre esto. Si te digo &lt;em&gt;Adam y lugar&lt;/em&gt; ¿qué te viene a la mente?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Nueva York- contesté sin ser dueña de mis propias palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- ¿Recuerdas haber estado en Nueva York alguna vez?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Claro que sí. He estado varias veces doctora, he vivido allí. La última vez que visité la ciudad fue hace pocos meses. Viajé con una compañera de la Facultad, Patricia Carpintero, a la que a penas conocía en aquel momento pero que tenía tantas ganas de viajar como yo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me parece muy interesante el tema de Nueva York Marita, es una ciudad increible. Creo que puede ser revelador en nuestra terapia y que puede ayudarte a recordar. Un trampolín a tus memorias que no se han desvanecido, están ocultas en algún lugar de esta cabecita- me dijo en tono animoso y me acarició el pelo. -Cuéntame todo. Comienza por el principio, sin prisas y con todo lujo de detalles. Hasta lo que pienses que es una tontería puede ser crucial. ¡Soy todo oidos!- exclamó mientras hacía ese gesto ya habitual en ella de apartarse el pelo por detrás de la oreja.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Recuerdo que fue un viaje muy improvisado. Lo decidí de la noche a la mañana y poco me importaba viajar sola, pero en el último momento conocí a Patricia. Ambas teníamos, por motivos muy diferentes, necesidad de salir de Madrid. &lt;br /&gt;Aterricé en tierras americanas, agotada y sin saber a ciencia cierta cual sería el techo que me salvaguardaría aquella noche. Viajar a la aventura Doctora, puede ser muy estresante, sobre todo cuando el tiempo juega en tu contra y la noche esta cayendo sobre Nueva York. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me imagino que tiene que ser aterradora esa ciudad de noche para dos muchachas de vuestra edad- sintió con la cabeza mientras se rozaba la barbilla pensativa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No se hace una idea Doctora, a pesar de su despilfarro en luces, Nueva York puede ser un lugar oscuro lleno de recovecos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entiendo... ¿ Por qué esas prisas para viajar ? ¿ De quién huías Marita ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- NO creo que estuviera huyendo Doctora, esta vez no. Más bien creo que intentaba encontrarme a mí misma- afirmé contundentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Prosigamos con el viaje, ¿ Qué ocurrió al aterrizar ? ¿ Cómo os desenvolvistéis para encontrar alojamiento allí ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Conseguimos contactar con nuestra futura e incierta Casera y aquello fue suficiente para dejarnos respirar. Unos amigos dominicanos de Patricia que frecuentaban su misma parroquia, fueron los intermediarios que nos pusieron en contacto con ella. Apunté cuidadosamente la dirección de la casa en el reverso de un panfleto publicitario y busqué -con la ayuda de un chico que trabajaba allí- la calle en uno de los mapas que adornaban las paredes del aeropuerto La Guardia. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé pasmada cuando aquel muchacho me informó sobre su localización. Estaba situada en el barrio de Brooklyn. ¡El mismo donde algunos taxis newyorkinos no quieren acceder ni por todo el oro del mundo! Nuestro destino en concreto había sido -dos años atrás- nido de toxicómanos, camellos y delincuentes. Pero actualmente-por ironías de la vida y por suerte para nosotras- estaba custodiado por patrullas de policía cada dos calles, resultando más seguro que el propio Manhattan.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba algo escéptica a cerca de encontrar un medio de transporte que nos llevara a la dirección indicada por María -&lt;em&gt;La Casera&lt;/em&gt;- pero sin duda alguna la cara de pánico de mi compañera de viaje, reflejaba una actitud mucho más pesimista que la mía. Estábamos tiradas sobre nuestras maletas mirándonos respectivamente y haciendo verdaderos esfuerzos para no perder los nervios. El viaje nos había dejado exhaustas y la situación era de todo menos alentadora. Francamente Doctora Arrollo, me ví durmiendo bajo el puente de Brooklyn, que por muy glamuroso que suene...¡no dejaba de ser un maldito puente!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;- Prosigue Marita, porfavor- me pidió con entusiasmo no fingido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;- Levanté la mano varias veces con la esperanza de parar a algún intrépido taxista que quisiera llevarnos a esas horas de la noche al controvertido barrio, pero en cuanto oían de mi boca el destino salían despavoridos, algunos de ellos casi llevándome por delante. &lt;br /&gt;Después de varios intentos fallidos encontramos a un hombre que conmovido por nuestra situación accedió a llevarnos a regañadientes. Nos metimos con todos nuestros bártulos en el taxi, le indiqué la dirección al conductor y nos pusimos rumbo a lo que sería nuestro hogar el próximo mes. Después de casi 45 minutos de trayecto el taxista aminoró la velocidad hasta parar enfrente de una gran casa de ladrillo rojizo de aparente sólida construcción, con verjas plateadas que la diferenciaban sutílmente del resto, tal y como nos había descrito María. Aún dentro del taxi divisé entre la negrura de aquel minúsculo jardín a una mujer de mediana edad y piel oscura. Llevaba una vieja bata de estar por casa llena de pelotillas y unos rulos de chillones colores perfectamente colocados en su grueso pelo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;-¿Quien era aquella mujer?- preguntó la Doctora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;- Supuse que se trataría de María. Se acercó a nosotras recibiéndonos con un cálido saludo, bastándome dos o tres palabras suyas para intuir que era dominicana. Conservaba -a pesar de la edad que debía tener- un cutis terso y lozano que cualquier mujer envidiaría. Abrió la puerta de entrada y emitiendo un sonoro grito -con un timbre de voz bastante molesto- reclamó la presencia de un hombre que corrió escopetado a la llamada de la dueña de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;- Y ese hombre...¿ era su marido?- reguntó la doctora que estaba inmersa totalmente en mi relato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;- No, déjeme explicarle doctora. Aquel hombre era un inquilino más de la casa. Debía tener unos 60 años, bien aseado y piel color café. Tenía agujereadas las orejas y estaban adornadas por dos aros muy pequeños de oro que se balanceaban con cada uno de sus agitados movimientos. Su barba de dos o tres días y su oscuro pelo sin rastro de canas, le daban un aspecto desenfadado y juvenil y sus escuálidos brazos estaban adornados con tatuajes que habían perdido parte de su color por el paso del tiempo Aunque sus ojos pequeños y vivarachos brillaban intensamente, las arrugas y facciones de su rostro delataban una vida llena de sinsabores. Mientras escuchaba atento las indicaciones de María, me sonrió tiernamente dejando entrever una dentadura a la que le faltaban varias piezas, lo que encajaba perfectamente en el perfil de una vida deshecha por las drogas. Me conmovió desde el primer momento aquella manera de mirar tan propia de él. Su nombre...&lt;br /&gt;¡Su nombre era Franklyn! ¡Ahora lo recuerdo! El bueno de Franklyn y sus bombillas fundidas...¡Es un auténtico manitas doctora!, tendría que conocerlo- reí satisfecha.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero hija mia, ¿ qué hacías tú en semejante casa metida! Un barrio de drogadictos, viviendo con indigentes...No me cabe en la cabeza que tu madre permitiese que hicieras demejante viaje.- exclamó presa de la confusión. Yo me quedé reflexiva y en silencio, esperando algo que no sabía si iba a llegar. Respuestas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Fuí a buscar a Adam doctora- mascullé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Cómo dices Marita? No te he entendido. Habla más alto por favor- espetó con impaciencia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Viajé a Nueva York en busca de Adam Backer!, ahora estoy segura de ello- dije exultante mientras me echaba las manos a la cabeza. No entendía como había podido olvidar algo así.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Serenate Marita, por hoy es suficiente. Ve a pasear al jardín, mañana nos veremos a la misma hora- me sugirió sin dejar de tomar notas en su cuaderno y con cierto tono de preocupación. ¿ Qué diantres escribiría sobre mí ? ¿ A caso no se alegraba de mis progresos ? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco me importó aquel semblante tan serio que delató las arrugas de su ceño que hasta entonces habían permanecido ocultas tras esa apariencia de sobriedad. Salí del despacho de la Doctora Arroyo Valverde silbando, chascando los dedos al compás de la música y me dirigí hacia el comedor. Por el camino me encontré a la inocene Neli que llevaba un holgado vestido de florecitas lilas. Estaba esperándome impaciente a la vuelta de la esquina. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marita querida, ¿te gusta mi vestido? Tiene lirios pequeñitos, como los de nuestro Jardín de los Deseos Cumplidos. ¿ Estoy guapa ? - preguntó mientras dió varias vueltas sobre sí misma, sujetando el vestido con las puntas de los dedos para que luciera más.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pareces una auténtica princesa - dije con ánimo de complacerla pero sin prestarle la más mínima atención- Pero ahora es hora de ir al comedor, ¿de acuerdo?- la cogí de la mano y esta vez fui yo quien la arrastró por el pasillo hasta el comedor. Su delgadez, a pesar de que la disimulaba con ropas amplias, era extrema. Su esmirriado cuerpo parecía el de una niña de 12 años, pero su cara famélica acrecentaba sus arrugas de expresión y marcaba su enorme dentadura carcomida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mucho que quiera ser disimularlo tras una inocente sonrisa, Neli se resistía a entrar en el comedor. La comida caliente humeando, los estridentes ruidos de los cubiertos rozándose con los dientes, la voracidad de algunos de sus compañeros y su falso reflejo en el espejo, eran su infierno particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué tal con la Doctora Arroyo? Es muy simpática, ¿verdad que sí?- sonrió- Me ha prometido una fiesta de cumpleaños increible si cumplo con el tratamiento, ¿te lo había dicho?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí Neli. Es una noticia fantástica. Y sí, la doctora es muy agradable- le contesté mientras mi mente continuaba deambulando por las calles de Nueva York. El gesto de preocupación de la doctora, al final de nuestra segunda consulta, me tenía muy inquieta. Parecía que no se alegrase en absoluto de que comenzara a recordar y aquello era sospechoso y desconcertante. ¿ Me estaría volviendo paranoica?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Nos sentamos las últimas en la mesa y aquello pareció irritar a la abuela que no toleraba los malos modales de su "servicio". Chisquia sufría delirios de grandeza. Se creía una señora de la alta alcurnia de Sevilla. Solía hablar de sus hermosos caballos pura sangre, de sus majestuosos carruajes en los que se paseaba en la Feria de Abril y sus trajes de topos cubiertos de volantes y hechos a medida. Algunos eran conscientes de que aquello no era más que una gran mentira de una pobre anciana, pero nadie se atrevía a contradecirla, todo lo contrario. La escuchaban fervientemente e incluso la animaban a narrar sus historias una y otra vez: "Cuéntenos Doña su aventura con el Marqués de Santillana que cojeaba y como le rechazó por aquel apuesto hijo de los Duques de Montijo". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces la vitoreaban insitentemente hasta que importándole bien poco su artritis, se subía encima de una silla y taconeaba como si estuviera en un tablado flamenco. La veterana estaba tan llena de mala leche como de vitalidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hoy Carmencita tenía mejor aspecto. Sufría altibajos debido al avance implacable de su enfermedad degenerativa que cada vez la devoraba con más ferocidad. Dos años atrás estaba preparando los preparativos de su boda con Joaquín, su novio. Y ahora estaba esclavizada en aquella silla de ruedas que le succionaba las ganas de vivir. Al enterarse de su enfermedad, rompió radicalmente su relación y puso tierra de por medio para que él no lograra encontrarla. No soportaba la idea de que viese sus piernas inertes y sus temblores constantes que cada día iban a peor. A pesar de el dinero invertido en medicina extranjera gracias a los pudientes medios de sus padres, el destino de Carmencita era tan claro como desolador. De ahí las cicatrices de sus muñecas que no se molestaba en ocultar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La comida transcurrió tranquila, sin incidentes. Carlos continuaba sin ganas de interactuar con nosotras y sus heridas de los brazos comenzaban a cicatrizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpa mi falta de educación ayer Marita. No tenía un buen día...Pero hoy estoy muchísimo mejor de mis dolores. ¡Fíjate Neli!- exclamó a la vez que mostraba orgullosa a todos como sujetaba el vaso de agua sin derramarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;-¡ Bravo! - gritamos al unísolo Neli, Carmencita y yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;-¡Shhhhhh! ¡Váyanse a festejar sus estupideces fuera de la mesa, Virgen Santísima!- nos recriminó la abuela por armar semejante algarabía. Aquello solo nos produjo aún más risa que fue difícil retener. No sé que habría sido de mí allí dentro, sin aquellos momentos fugaces de felicidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi segunda noche en El Hospital fue más tranquila. Tomé dócilmente mis pastillas y dormí del tirón hasta la hora de la ducha y el desayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana se hizo interminable. No veía el momento de continuar mi charla con la Doctora Arrollo después del triunfo del día anterior. Toqué la puerta y antes de escuchar respuesta alguna ya me había adentrado en su guarida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Buenos días Doctora!- saludé y me acomodé en el diván con total confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, te noto muy contenta, ¿a qué se debe tanto derroche de sonrisas?- cuestionó en tono curioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Supongo que me he levantado con buen pie, será eso. Además hace un día precioso y el Jardín comienza a cubrirse de hojas crujientes y secas. Me encantá pasear y sentir sus divertidos chasquidos.- relaté mientras mi mirada se escapaba por la ventana, más allá de las murallas que estrangulaban al hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es una sensación muy agradable, tienes razón. Central Park en otoño tiene que ser un espectáculo digno de ver. ¿Quieres continar contándome tu fascinante viaje? Me encantaría seguir escuchándote. Sino recuerdo mal, te quedaste en tu primera noche en la casa de María, La Casera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Háblame de Patricia, ¿cuando os conocistéis? Debías tener mucha confianza con ella para embarcarte en semejante peripecia- preguntó la Doctora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Patricia tiene 20 años. Fuimos juntas a clase el curso pasado, pero cuando me la presentaron meses atrás en la cafetería, mi sensación era la de no haberla visto en mi vida. Es muy alta, tiene una frondosa melena larga y de color negro, con un rizo pequeño bastante molesto que intenta domar a base de productos para el cabello en un intento de lucirlo liso. Sus enormes ojos oscuros y rasgados los suele perfilar con una línea negra que recorre su párpado de extremo a extremo y que no siempre atina a hacer con buen pulso. Tiene un rostro de lo más expresivo e inconscientemente moviliza de una manera pasmosa todos y cada uno de sus músculos faciales, haciendo imposible el disimular sus emociones en situaciones extremas. La discrección no es su fuerte y eso nos causó algún que otro importunio en el viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tal como la describes tiene que ser una muchacha muy bonita. Cuéntame como fue tu primer día en la Casa de María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Desde muy temprano, me empezó a incordiar la luz que se hacía paso, sin impedimento alguno, a través del enorme cristal. En esos momentos hubiera matado por cambiarlo por una ventanita minúscula que diera al más oscuro de los patios de luces. Intenté cubrirme la cabeza con la manta -que desprendía un olor raro- pero fue en vano ya que la luz se filtraba por el tejido y las costuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás hubiera predicho que viviría en aquellas condiciones tan austeras. Cuando pensaba que la situación no podía ir a peor una agitada conversación en el pasillo terminó por despertarme. Una de las voces, que comenzaba a exasperarse, me resultaba familiar. Era la de Franklyn quien dialogaba en medio del pasillo con una mujer, sobre sus respectivas tendencias políticas. El tema estaba candente debido a que las próximas elecciones a Presidente de los Estados Unidos serían en escasas semanas y habían creado grandes expectativas. La otra voz con la que interactuaba era la de Julya, la única fémina –por denominarla de alguna manera- de todos los arrendatarios. "Ahora sí te recuerdo viejita cascarrabias".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Intuyo que era la otra inquilina de la casa, ¿me equivocó? ¿Cómo era esa tal Julya?- me cuestionó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En efecto Doctora. Julya, era la segunda de cinco inquilinos con los que compartimos techo. Ella había ahogado hace tiempo la delicadeza en alguno de los litros de cerveza que religiosamente consumía a diario. Sus 69 años – de los que hacía alarde muy a menudo- no la impedían mostrarse activa y dicharachera cual adolescente. Su pelo lucía engominado, de corte masculino y color rojizo, que conseguía a base de tintes que aplicaba con fervor cada 20 días. Sus atuendos –varoniles también- y su encorvada manera de menearse al andar –más parecida a la de un cowboy del oeste que a la de una anciana de casi 70 años- me hicieron sospechar a cerca de sus inclinaciones sexuales. Julia derrochaba vitalidad -al igual que la abuela Chiquia-. A pesar de las enfermedades que decía que padecía, conservaba energía suficiente como para tener atemorizados a todos los inquilinos de la casa y a medio barrio. Nadie olvidaba que décadas atrás ella fue quien manejo el cotarro de drogas y delicuencia en Broocklyn, y por ello era temida y respetada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tras aquella apariencia de mujer ruda y desprovista de sentimientos, se escondía una luchadora nata con un final trágico.&lt;br /&gt;Aquella mañana llevaba una camiseta blanca de tirantes metida por debajo de unos vaqueros de cintura alta. Estaban amarrados con un grueso cinturón marrón, evitando así que se escurrieran de su esmirriado cuerpo, en uno de sus múltiples vaivenes.&lt;br /&gt;La claridad de la camiseta dejaba intuir la ausencia de ropa interior, transparentándose casi por completo dos turgentes senos. Nadie hubiera adivinado que pertenecían a una mujer de dicha edad. Pensé que seguramente Julia –en su atolondrada juventud- fue pionera en operaciones de estética, tan frecuentes en la actualidad. Jamás conseguí saberlo con certeza, cosa que me enrabieta Doctora. Soy francamente curiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marita, no dejas de sorprenderme con tus precisas descripciones sobre aquellos extravagantes personajes. ¿Como fue el momento en el que conociste a esa mujer tan peculiar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como le decía, con aquel bullicio me era imposible dormir así que apreté los ojos fuertemente intentando evadirme pero fue inútil. Su elevado tono de voz malintencionado y sus risotadas me impedían permanecer ajena a su conversación que –dicho sea de paso- no alcanzaba a entender en su totalidad porque mezclaban inglés con castellano, resultando de aquella fusión, un lenguaje casi cifrado para oídos inexpertos.&lt;br /&gt;Decidí levantarme, me lavé la cara y dejé durmiendo un rato más a Patricia que parecía no inmutarse con nada de lo que allí estaba sucediendo. Temerosa, abrí lentamente la puerta y asomé la cabeza para ver el percal. Alcé la vista y para mi sorpresa, el pasillo estaba completamente desierto. Lo que no me esperaba era toparme con dos ojos azules redondos y pequeños al agachar mi cabeza. Julya no paraba de observarme de arriba a abajo desde su metro cuarenta centímetros. Entonces me dedicó una mueca de asco y se dio la vuelta en dirección a su habitación. Opté por regresar a la cama mientras despotricaba para mis adentros sobre aquella condenada vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Que mujer tan desagraciada Dios mío! A su edad y con el hígado destrozado a causa de su alcoholismo. ¡Una verdadera lástima! Pero muchas veces somos nosotros mismos los que nos buscamos las cosas malas. Rememoré a mi padre una vez más al escuchar aquellas palabras de la Doctora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tiene toda la razón, eso mismo decía mi padre- le recordé con añoranza y cambio la expresión de mi cara tornándose triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y el resto de inquilinos? ¿Eran tan particulares como Franklyn y Julya? -intentó desviar mi melancolía que no le paso desapercibida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tenga paciencia doctora. Le sigo contando: Después de dos horas más de descanso, me levanté de la cama y busqué con la mirada a Patricia que ya no se hallaba en la habitación. Su lado de la cama aún estaba caliente. Afiné el oído y alcancé a distinguir su voz entre otras con las que charlaba animadamente en lo que parecía una presentación. Atravesé el pasillo hasta llegar al recibidor, donde se encontraba mi amiga acompañada de Franklyn y otro hombre desconocido para mí. Recuerdo perfectamente aquella triste bombilla que colgaba en la pared amenazando con fundirse, emitiendo intermitentemente suaves zumbidos como si una desdichada abeja estuviera volviéndose loca en su interior. La luz iba y venía al igual que la vida de la sentenciada abeja, que se apagaba por momentos. Franklyn se percató de esto y mojando sus agrietados dedos en saliva para evitar la quemazón, se dispuso a enroscarla con fuerza para asegurarse de que hiciera contacto. El zumbido cesó. Quedó patente que es un hombre habilidoso y servicial, quizá demasiado y de eso se aprovechaba María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿En qué sentido? ¿Tenían una relación sentimental María y Franckyn?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nada más lejos. Jamás se habría fijado en un desdichado como él que no tenía ni donde caerse muerto. María se movía por el interés. No tenía ningún tipo de remordimiento al disponer de sus servicios a cualquier hora del día y de la noche, acudiendo a Franklyn mucho antes incluso que a su propio marido. Parecía un hombre de carácter impetuoso, pero en presencia de su dueña, solamente era un muñeco de goma desdentado y endeble al que le latía el corazón demasiado deprisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y el otro hombre que les acompañaba? ¿Quién era?- me interrogó la Doctora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se llamaba David y en cuanto me divisó por el pasillo, se tomó el atrevimiento de examinar descaradamente cada parte de mi cuerpo, de una manera tan soez que me provocó cierta repulsión. Cuando llegó a mi busto se detuvo unos instantes como si una fuerza magnética le impidiera avanzar en su pervertida exploración. Su manera de mirar era tan descarada que me sentí como si estuviera desprovista de mis ropas, crucé los brazos sobre mi regazo a modo de coraza y entonces volvió la vista a su primera víctima.&lt;br /&gt;Rondaría los 40 años y como la mayoría de los dominicanos que conocí, era faldero y muy deslenguado. Estaba apoyado en el marco de la puerta de su habitación con la actitud de un gallito de corral que se contonea vanidoso marcando su territorio. Vestía un pantalón corto y una camiseta de algodón de una talla demasiado pequeña, que marcaba su prominente y blandurria barriga. Sus ojos verdes eran inquietantes y no me inspiraban ninguna confianza. Lucía una línea de pelo bien trazada y muy fina que bordeaba su boca y se extiendía hasta su barbilla, proporcionándole una apariencia un tanto hortera. Sus cejas, extremadamente depiladas, confirmaban su falta de buen gusto y sus ganas de parecer más joven de lo que realmente era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Imagino que te sentiste muy violenta con semejante actitud acosadora. ¿ Su hostigamiento se acrecentó durante tu estadía? ¿ Se propasó contigo o con tu compañera?- preguntó delicadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí le soy sincera, no recuerdo haber tenido mucho trato con él. Creo que intentábamos evitarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Que ocurrió después ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Respiré hondo y me uní a la conversación en un intento por integrarme en mi nuevo entorno. El nuevo, no contento con mi saludo general extendió su brazo y me estrechó su mano llena de callosidades durante unos segundos sin dejar de examinarme minuciosamente. Retiré la mano en cuanto pude y disimuladamente me sequé en el pantalón el sudor que me había transferido. Me costó esconder tras una sonrisa mi gesto de repugnancia ante aquel ser tan desagradable. Dos muelas de oro asomaron por los lados de maloliente boca al dedicarme una mueca y un guiño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;David no tardo mucho en ofrecerse cordialmente a llevarnos donde necesitáramos ya que tenía un vehículo propio. Ni por un segundo se me pasó por la cabeza hacer uso de tal proposición. Entretenidos con el palique, permanecían ajenos a quien nos espiaba sigilosamente desde la puerta entreabierta de su habitación. Ese par de canicas pequeñas y azules conseguían ponerme realmente nerviosa, me era imposible mantener fija la mirada. De alguna manera forcé el fin de la conversación y con un guiño de complicidad indiqué a Patricia que se dirigiese a la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Adam Backer debía significar mucho para ti como para enredarte en una peripecia así. Por su apellido intuyo que no era español. Quizás vivía en Nueva York, ¿no crees? Quiero mostrarte algo Marita- me confesó mientras abría una carpeta marrón que llevaba mi nombre y apellidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te dice algo este hombre? Míralo bien- me preguntó mientras me mostraba una fotografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Dios mío! ¡Es él, es Adam Backer!- afirmé contundentemente y me llevé la mano al pecho pues comenzaba a sentir un profundo pinchazo que me impedía respirar- ¿De dónde demonios ha sacado es Doctora?- le recriminé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tranquilízate Marita porfavor. Tú controlas a tu cuerpo, no al revés. Respira profundamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el reverso hay una dedicatoria: &lt;em&gt;"Los Ángeles y yo te estamos esperando. Te amo Marita", &lt;/em&gt;¿te sugiere algo?- continuó preguntándome a la vez que me mostraba la perfecta caligrafía de quien había escrito aquella nota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No recuerdo nada, lo siento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por eso viajaste a Nueva York? ¿Para reunirte con él allí y arreglar vuestra supuesta relación? En la nota sin embargo menciona la ciudad de Los Ángeles. No tiene mucho sentido, la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada lo tiene Doctora. Nada- y rompí a llorar desconsoladamente. Me odiaba a mí misma por no poder recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Capítulo 5&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pasé gran parte de la mañana vagando por los jardines, estrujando mi cerebro para reecontrarme con mis recuerdos. Ver aquel rostro me había puesto el cuerpo del revés y para mi asombro, ni el odio ni la venganza me invadieron al contemplarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el otoño se hacía paso y la humedad imperaba en el ambiente, aquel dulzón perfume a lirios frescos permanecería durante todo el invierno, haciendo del Jardín de los Deseos el lugar perfecto para escribir y pensar. La espesa alfombra de hojas marchitas invitaba a pasear sobre ella y los estallidos a cada paso te evocaban juegos de una dulce niñez que había caido también en el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No debía ser la única con aquel pensamiento pués Carmencita también paseaba ensimismada, haciendo rodar su silla con esmero y soñando con aplastar con sus inmóviles pies aquellas ojas secas que se rompían a su paso. Ojas muertas y quebradizas como sus dos piernas pero no como su tierno corazón que aún latía fervientemente.&lt;br /&gt;Carmencita debía tener pocos años más que yo. Su melena rubia serpeteaba sacudida por el viento que se afanaba en alborotarla una y otra vez. LLevaba sobre su regazo dos o tres libros, seguramente novelas de amor o manuales de medicina que le acompañaban en sus largas tardes en el Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus mejillas estaban sonrojadas por el frío y llevaba parte de su aniñado rostro escondido bajo el cuello de su jersey de lana gruesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llené mis pulmones de aire y la llamé desde la otra punta del Jardín sucesivas veces hasta que averiguó de donde provenía mi voz. Ambas nos dirigimos eufóricas al encuentro de la otra. Deseé echar a correr pero no lo hice. Anduve despacio a la par que ella hasta encontrarnos en la fuente de las gaviotas que esa mañana no funcionaba pues no aleteaban como de costumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días Carmen. Que alegría verte por aquí, ya estaba aburrida de tanto hablar conmigo misma- sonreí intentando agradarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días Marita para ti también. Hoy me sentía con ganas de respirar aire puro, aunque empieza a hacer frío hay que reconocer que se está de maravilla aquí. ¿No crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Totalmente de acuerdo. No sé que sería de nosotras sin este trocito de cielo. ¿ Cómo estás de tus dolores hoy? Tienes un aspecto formidable. Ese jersey rosa te queda que ni pintado- exclamé en un nuevo intento por agradarla. No pretendía ser compasiva con ella, solo quería entablar una amistad pero quizá tanto cumplido le hacía sentir incómoda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuando quieras te lo presto. No te vendría mal un cambio de look. Esas ropas tristes y viejas no creo que te ayuden en tu recuperación, es importante sentirse bien con la apariencia de uno mismo, ¿no te parece Marita? Además tu eres una chica muy guapa, no te costará sacarte un poco de partido- me sonrió sinceramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carmencita me acababa de dar una buena lección desde su silla de ruedas. A pesar de que le sacaba varias cabezas de altura, me sentí empequeñecida y vulnerable después de escuchar sus apreciaciones sobre mi descuidado aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Una enfermera se acercó a paso ligero hacia nosotras y le dijo algo bajito al oido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dile que no estoy. Que no quiero hablar con él. No... mejor aún, dile que me morí, eso es. Que estoy bien muerta- gritó rabiosa a la enfermera quien con gesto apenado se alejó por donde había venido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Que ocurre? ¿Quién es él? -pregunté sin ser consciente de la falta de discrección que cometía. La muchacha se derrumbó y rompió a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ay Carmencita! No llores porfavor, no pretendía hacerte llorar.- Me agaché para consolarla a lo que ella respondió apretujándome contra su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es Joaquín... ¡No puedo olvidarle Marita! Pero no es justo condenarle a cuidar a una inválida que pronto no podrá ni sostener un vaso de agua, que no podrá darle hijos y con la que jamás podrá volver a hacer el amor... ¡ No puedo hacerle eso!- continuó llorando a lágrima viva sin soltarse de mis ropas arapientas que apretaba entre sus puños temblorosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trancurrieron varios minutos hasta que Carmencita se sosegó. Cuando por fin se hubo despegado de aquel abrazo que parecía eterno, observé que de nuevo llevaba los ojos pintados con una trizteza tan profunda e hiriente, que me encogió el corazón.&lt;br /&gt;No era su devastadora enfermedad sino la ausencia de Joaquín lo que le consumía vorazmente las ganas de vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las doce en punto me encontraba llamando a la puerta de la consulta de la Doctora. A pesar de que continuaba muy desconcertada, tenía que reconocer que había hecho avances en pocos días gracias a su terapia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pasa Marita, ponte cómoda. ¿ Quieres un té ?- me ofreció cortesmente con su habitual sonrisa escarlata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, se lo agradezco. Dos terrones, porfavor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Has pensando en Adam?- me preguntó sin rodeos mientras ojeaba el interior de una carpeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues no le voy a engañar Doctora...Sí, he pensado mucho en él. Sigo creyendo que ese hombre me hizo la vida imposible. Pero desde que ví su fotografía... algo en mi interior ha aflorado y soy incapaz de detestarle como antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te preocupes. Todo irá tomando forma en tu cabecita, ya verás. ¿ Por qué no sigues contandome tu viaje ? ¿ Que ocurrió en el segundo día en la casa de María la avara casera?- me incitó a proseguir con mi narración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El primer día anduvimos merodeando por la zona, fuimos al supermercado y caímos pronto rendidas en la cama.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, unos cánticos en el pasillo me arrancaron bruscamente de mi profundo sueño . No me fue difícil reconocer a Julya, ya que era la única voz femenina de la casa.&lt;br /&gt;A juzgar por sus devaneos y sus torpes pasos en el piso -que retumbaban por toda la casa- diría que estaba totalmente ebria y aún no eran las 9 de la mañana.&lt;br /&gt;El ruido de una lata al abrirse corroboró mi teoría. Sus finos labios se juntaban y separaban a la vez que pasaba su áspera lengua en busca de todo resto de alcohól que hubiera en su boca. Después eructó como si de un hombre carente de modales se tratase y volvió a beber, esta vez empinando la lata para asegurarse de que ni una gota se desperdiciaba en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Franklyn... ¿ dónde dejó la cazuela compadre? - preguntó a voz en grito mientras soltó una carcajada malévola y asfixiada, similar a la de un fumador compulsivo. No tenía ese mortífero vicio, aunque si consumía hierba muy de vez en cuando para paliar los dolores de su artrosis que ya devoraba los huesos de sus agarrotadas manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recibió respuesta alguna pero eso no le impidió seguir con sus conversaciones sin sentido mientras apuraba su lata de cerveza y continuaba con otra. Aquella desdichada alcohólica tenía toda la intención de hacernos imposible nuestra estancia en aquella casa de locos y no pararía hasta echarnos.&lt;br /&gt;Me levanté de la cama, enjuagué con ímpetu mi cara con la esperanza de que todo aquello fuera una pesadilla pero no sirvió de nada.&lt;br /&gt;Corrí el pestillo de la puerta y la abrí con sigilo. Esta vez lo primero que hice fue mirar hacia abajo no fuera que la vieja silenciosa estuviera esperando para darme otro susto de muerte. En esta ocasión el pasillo sí estaba realmente vacio. Anduve confiada hasta llegar a la cocina casi de puntillas para no llamar la atención. Me extrañó no encontrar la compra que hicimos el día anterior tal y como la habíamos colocado, pero decidí no darle mayor importancia.&lt;br /&gt;Mis pies descalzos se estaban quedando totalmente congelados y el frío trepaba descarado por todo mi cuerpo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Me senté en la mesa del comedor y me serví unos cereales con leche fría en una taza que había pululando por la cocina. Comencé a ingerir el desayuno con mucho apetito hasta que una repentina tos me interrumpió, consiguiendo que la leche se me fuera por mal sitio. Entoces noté una fuerte palmada en mi espalda que me hizo escupir parte de los copos de trigo que aún estaban dando vueltas en mi boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está podrida señorita millonaria. ¡Bien podrida! - exclamó Julia mientras se dirigía a su habitación sin contener su estrepitosa risa. Cerró la puerta con todas sus fuerzas no sin antes mirarme como si me perdonase la vida. Sus risotadas continuaron unos minutos más detrás de los finos muros de su habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía creerme lo que acababa de suceder. Realmente esta mujer estaba completamente chiflada. Comencé a plantearme sino había sido un grave error haber viajado tan lejos de casa y en aquellas condiciones tan limitadas. Pero el deseo de verle era más poderoso que todos los impedimentos que hubiese en el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había perdido por completo el hambre después de mi desagradable encontronazo con Julya. La situación me había puesto nerviosa y sentía la necesidad de inhalar mi medicación del asma. Regresé a la habitación y después de unos minutos tensos rebuscando en la maleta, aspiré profundamente los polvos y los retuve en el interior de mis pulmones. El alivio fue inmediato.&lt;br /&gt;Cuando empezaba a relajarme escuché pasos en la escalera. Era Franklyn que cargaba una enorme bolsa de plástico gris. Me miró y me saludó con un simpático gesto que le devolví con una amplia sonrisa.&lt;br /&gt;Quien diría que aquel desgarbado hombre de paso cansado pero mirada enérgica había sido un muchacho normal con aspiraciones propias de la juventud. Me preguntaba que clase de desgracia le habría obligado a abandonar su particular sueño americano, desterrándole a aquel insignificante cuarto empapado de soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Franklyn bajó de nuevo a gran velocidad, saltando los escalones de dos en dos. Al llegar a la puerta tropezó -debido a las prisas- con el molesto chucho de la dueña , que emitió un alarido de dolor al recibir el pisotón.&lt;br /&gt;Aproveché que había dejado la puerta abierta y husmeé en su intimidad llevada por las ganas de saber más sobre aquel solitario hombre. Me sorprendió el orden que reinaba en su pequeña habitación donde dormía y vivía practicamente. En un lado de la cama había una carcomida mesa de madera y encima de ella, un marco de plata sucia con una foto familiar. No llevaba las gafas puestas y solo alcanzaba a ver tres figuras borrosas y sin identidad.&lt;br /&gt;La curiosidad pudo conmigo y me acerqué con cautela para apreciar mejor quienes eran aquellos bultos que fueron tomando forma. Me quedé estupefacta al observar la fotografía entre mis manos.&lt;br /&gt;A pesar de que los años habían castigado mucho su rostro podía reconocer esos ojos negros llenos de vida. Al lado del jovencísimo Franklyn estaban una mujer de belleza despampanante, cabello negro azabache y rasgos latinos. Entre ambos un niño de unos tres años sonreía mellado y rebosante de felicidad mientras abrazaba un mugriento oso azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba tan ensimismada con aquella imagen que no me percaté de la presencia que aguardaba a mis espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Qué hase aquí niña ? - me interrogó Franklyn con tono recriminante - ¿ A caso no sabe que la curiosidad mató al gato? Aproximó su envejecida cara hasta quedarse a centímetros de la mía. Podía percibir su fuerte aliento a coñac sobre mi piel, pero no sentí miedo ninguno. Me arrebató el marco de las manos como si fuera el tesoro más preciado de su vida y lo colocó de nuevo en su altar de madera podrida. Abochornada me dispuse a salir de su cuarto, pero la culpabilidad era aún mayor que la verguenza de haber sido sorprendida.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo siento muchísimo, bonita familia - fue la única estupidez que se me ocurrió en aquel embarazoso momento y por su reacción me dí cuenta de que no había sido un comentario acertado. Sin mediar palabra alguna me apartó con delicadeza y cerró con llave su cuarto. Nunca más volví a entrar allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresé a la habitación Patricia ya no estaba durmiendo y en el baño se escuchaba el trajín mañanero típico de alguien recién levantado.&lt;br /&gt;Con la intención de hacer tiempo me dispuse a vaciar mi maleta -o al menos en su mayor parte- para así evitar que algunos vestidos con telas delicadas se echaran a perder. Le tocó el turno a uno negro de seda muy elegante que aún llevaba colgando la etiqueta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡ El día de la Independencia ! ¡Claro que sí!- dí un brinco llevada por la emoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿La Independencia de qué Marita?- cuestionó la Doctora que estaba totalmente perdida después de mi interrupción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Doctora, El día 4 de julio es el día de la Independencia en EEUU, como bien sabrá. Adam iba a venir a Nueva York desde los Ángeles para encontrarnos ese día. Compré ese vestido de seda negra pensando en la ocasión. Pero desgraciadamente, ese vestido continúa con la etiqueta en mi armario- dije totalmente decepcionada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No seas tremendista Marita. Quizá en el último momento decidiste cambiar el conjunto. Ya sabes como somos las mujeres. Que no lo estrenaras no significa nada- intentó animarme mientras me propinaba una palmadita cariñosa en la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;-Puede que tenga razón- asentí sin ningún tipo de convencimiento. En el fondo de mi corazón sabía que Adam Backer no cumplió su promesa de aparecer el 4 de julio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Prosigue con tu narración y no desesperes. Confía en mi y verás como pronto tus recuerdos comienzan a encajar como piezas de un puzzle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bien Doctora.&lt;br /&gt;Recuerdo que alguién llamó a la puerta y que Patricia al oirlo salió del baño. Era María, La Avara Casera, como usted acertadamente le llamó.&lt;br /&gt;LLevaba unas mallas color fucsia tan ajustadas que se le marcababa cada curva de su voluminosa anatomía. La celulitis cubría sus muslos dejándose ver a través de la fina tela que contrastaba con el color de su oscura piel, haciendo imposible que pasara desapercibida con semejante indumentaria.&lt;br /&gt;Esta vez llevaba el pelo suelto y parecía aún más joven que la primera vez que la ví a pesar de las arrugas que se marcaban en su entrecejo debido al gesto de enfado que traía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días María, ¿ Cómo está ? - le preguntó cortesmente Patricia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días serán para usted lindura. Yo no he pegado ojo grasias a su alboroto de anoche. - añadió acusante mientras sus enormes ojos negros nos sentenciaban sin darnos lugar a ningún tipo de justificación. Su recriminante dedo índice apuntó hacia nosotras y su enorme boca se abrió sin llegar a articular palabra debido a la intromisión de mi compañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe María pero no sé de que demonios me está hablando... - saltó Patricia cuyo rostró se empezó a desencajar de su sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ayer de madrugaba no paraban de dar golpes en el piso, dejar caer cosas y andar de un lado para otro de la habitasión... mi dormitorio está justamente ensima del suyo y como comprenderán, mi pobre Rogelio no pudo pegar ojo en toda la noche y trabaja dose horas al día condusiendo un camión. Estas casas tienen las paredes bien finas y se oye todito. Les ruego mamitas que tengan más cuidado o tendrán que largarse de aquí. Esta es una casa desente. - finalizó María sin darnos opción a contestar ya que se dió media vuelta y salió de la habitación indignada y musitando consigo misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaba claro que nuestra estancia en aquella peculiar casa del barrio de Broocklyn no iba a ser sencilla ni agradable. Lo más acertado sería intentar pasar el menor tiempo allí e intentar esquivar en la medida de lo posible a sus desequilibrados habitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por hoy es más que suficiente. Buen trabajo Marita- me felicitó mientras me acompañaba a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Espere Doctora...¿ Puedo llevarme la foto, porfavor? - supliqué con la mirada y pegué las palmas de las manos a modo de ruego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Podría ser beneficioso... Está bien, aquí tienes. Pero traéla mañana, ¿entendido?- advirtió la Doctora Valverde mientras me despachaba rapidamente. Parecía andar apurada e inquieta. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Me dí la vuelta triunfante con la fotografía entre las manos y me fui al comedor con mis demás compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El aeropuerto estaba a punto de reventar. Voces mecánicas difundiéndose por megafonía, el ruido de las desgastadas ruedas de los equipajes deslizándose por el suelo y un batallón de transeúntes uniformados de azul recorriendo el recinto de un lado para otro como si de un simulacro de emergencia se tratase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguardé impaciente tras la cinta de seguridad que marcaba la trayectoria a seguir por los viajantes como si fueran un rebaño de carneros desorientados. Decenas de rostros exhaustos cruzaban la Puerta de Llegadas desordenadamente y aturullados. Cientos de pupilas rebuscaban entre la multitud a sus seres queridos y familiares. Pero solo un par de ojos impacientes, los míos, le rastreaban a él.&lt;br /&gt;Los aturdidos corderos continuaban esparciéndose por todo el perímetro y me empecé a inquietar al no divisarle por ninguna parte. Miré el reloj. Pasados tan solo dos minutos volví a comprobar la hora. El tiempo parecía haberse estancado en algún socavón del camino para jugarme una mala pasada.&lt;br /&gt;Entonces supe que él no iba a aparecer y se hizo el silencio. Ya no percibía los avisos por el altavoz, ni los joviales recibimientos. Ni siquiera podía oirme a mí misma porque prefería no pensar ni en alto ni en bajo. Era menos doloroso no pensar en nada. No sentir nada. Adam Backer me había defraudado una vez más&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté empapada en un charco de sudor y lágrimas. La angustia era tan profunda que esta vez no tuve tan claro que se tratara de un simple sueño. Era un recuerdo tan mordaz y desgarrador que había conseguido arañar las paredes de mi alma, hiriéndolas tan profundo que era imposible que cauterizaran jamás.&lt;br /&gt;Aún llorosa me levante sigilosamente para no alertar a la enfermera de guardia. Tanteé con las manos las paredes para no trastabillar con la silla pues mis ojos estaban cubiertos por lágrimas que me impedían ver con claridad.&lt;br /&gt;Cogí los pantalones del día anterior y extraje la fotografía del bolsillo trasero. Contemplé pensativa su rostro angelical. No podía comprender como aquel hombre de mirada añil y transparente podía haberme causado tantísimo detrimento. Le odié con toda mi alma y rompí a llorar en silencio, engullí todo mi desasosiego con avidez e intenté no atragantarme con tantísimo dolor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;"¿Quién demonios eres realmente Adam Backer? ¿Quién...?"&lt;br /&gt;Entonces me aferré con todas mis fuerzas a aquella fotografía y a su escueta dedicatoria, pues era la única prueba tangible que me mantenía anclada al mundo de los cuerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br 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Procuraba estar el menor tiempo posible en casa y durante varios días pasó largas horas leyendo en el parque con la esperanza de toparse con él, pero no apareció. Llegó a pensar que aquel testarudo muchacho había sido producto de su exacerbada imaginación y aquel pensamiento la hizo sentir más sola que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Ana le costaba relacionarse en el colegio, a pesar de sus buenísimas calificaciones la sociabilidad no era su fuerte, quizá porque siempre se sintió un patito feo rodeada de cisnes que la deslumbraban. Vivía cerca de la escuela por lo que caminaba hasta casa rodeando el parque todos los días. Cuando quedaban un par de calles se tocaba el pelo intentando acomodárselo inconscientemente y sentía que sus piernas le iban a fallar de un momento a otro, pero en cuanto no divisaba a Pedro a lo lejos todos los nervios se desvanecían a la par que sus ilusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aquella mañana de abril llovía a cántaros, pero no tenía a nadie que fuera a recogerla así que se colocó la capucha y sin pensarlo mucho se lanzó a la calle. Los goterones caían fuerte sobre su cabeza y comenzaban a calarle la ropa. Odiaba la lluvia, no le veía ningún encanto a mojarse los calcetines del uniforme y que el pelo se le rizara aún más con la humedad. No entendía porque muchas escenas de amor de sus libros se producían bajo un aguacero, le parecía de todo menos romántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Distraída con sus comentarios se dispuso a cruzar olvidando por completo mirar a los lados como tantas veces a lo largo de su vida le habían repetido y se llevó un susto de infarto cuando un coche disfrazado entre la lluvía la comenzó a pitar escandalosamente después de frenar a escasos centímetros de sus empapados zapatos.&lt;br /&gt;Entre el miedo y la verguenza, aceleró el paso y desapareció de allí entre los árboles del parque con la cabeza gacha hasta que se topó con algo y por unos instante penso que tal vez... pero no, había chocado contra el tobogán oxidado que tanto detestaba de pequeña, se sintió estúpida y tan desgraciada que no pudo contener las lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vaya, parece que estamos en paz, ¿verdad?- exclamó una voz oculta entre los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿ Qui quien eres?- preguntó entrecortadamente mientras buscaba su procedencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Soy Pedro llorica. ¿ qué te pasa ? ¿ te has roto una uña ?- intentó vacilarla con tono amistoso, intentando ocultar la verguenza que sentía en aquel momento y la euforia por verla de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba realmente preciosa con el pelo enmarañado y mojado, pensó mientras sacudía su cabeza intentando alejar aquellos pensamientos que le hacían sentir tan...vulnerable.Ana se quedó mirándole y se contuvo las ganas de continuar gimoteando delante de aquel niño insensible que se estaba riendo de ella de manera cruel, pero fue inútil, las lágrimas salieron disparadas acompañadas de un llanto desconsolado que se enmascaraba con el goteo de la lluvia contra el suelo. Se lanzó a sus brazos y Pedro la abrazó tan fuerte que incluso temió dejarla sin respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana entendió en aquel instante aquellas escenas de amor bajo la lluvia de las novela que leía. No sabía si esa presión en su pecho era amor, pero hubiera dado cualquier cosa por para el reloj y congelar en su memoria aquel momento.Pedro olvidó por completo mirar a su alrededor para comprobar que ningún amigo del colegio le viese en aquella situación, olvidó aquella cometa rota y todos sus garabatos en la tierra y viajes al rededor del mundo. A los pocos minutos el llanto cesó, pero el abrazo continuó bastantes minutos más, tantos que ellos mismos perdieron la noción del tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-6003958106056755523?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/6003958106056755523/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=6003958106056755523' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/6003958106056755523'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/6003958106056755523'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/09/ana-y-pedro-capitulo-2.html' title='Ana Y Pedro capitulo 2'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-369398645218867255</id><published>2009-08-31T10:22:00.000-07:00</published><updated>2009-08-31T10:26:06.738-07:00</updated><title type='text'>Ana Y Pedro</title><content type='html'>capitulo 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedro y Ana eran amigos desde siempre. Y digo desde siempre porque desde el primer día que sus manos se rozaron al coger aquella pelota cubierta de arena mojada, sintieron que se conocían de toda la vida.Pedro era un niño despierto, cabezota y un manojo de nervios. Siempre andaba sucio y descuidado y se pasaba horas y horas en el parque trazando con una rama seca en la tierra todos los planes de futuro y viajes que le aguardaban.&lt;br /&gt;Soñaba con salir de allí y recorrer mundo, llegar alto muy alto, tanto como las cometas de colores con las que imaginaba surcar el cielo y a las que tanto envidiaba, podían ir donde quisieran sin que nada ni nadie las retuviese. Pedro también quería ser propulsado muy lejos de allí hasta perder de vista los tejados de las casas de su barrio que eran para él los barrotes de una cárcel y que le estrangulaban cada día con más energía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana rondaría los 12 años. No era ni guapa ni fea, inteligente y algo insegura. En el colegio sacaba buenísimas calificaciones, el estudio le ayudaba a no pensar en otras cosas que ocurrían en su casa...los libros y su imaginación la transportaban muy lejos de allí, tan lejos y tan alto como las cometas de Pedro.&lt;br /&gt;El día que se vieron por primera vez Pedro estaba solo en el parque del barrio. El viento de aquella mañana era el propicio para hacer bailar su cometa entre las nubes y aunque a lo lejos amenazaban lluvia a él no le importaba en absoluto, todo lo contrario, le gustaban las cosas difíciles. Ana, que pasaba por allí todos los días después del colegio, se quedó detrás de un árbol observando con detenimiento.&lt;br /&gt;No era propio de ella esa actitud, pero el rostro regordete lleno de churretones de aquel niño le llamó poderosamente la atención. Parecía simpático aunque sin duda estaba enfadado y no sabía porqué.Pedro se esforzaba por hacer volar su cometa de colores pero era imposible dirigirla, el viento soplaba cada vez con más fuerza y la empujaba hacia los árboles. Su ceño fruncido denotaba su frustración que casi rozaba la rabia por no poder conseguir su objetivo, sabía que como se enganchara estaría todo perdido pero aún así prefería arriesgarse a tirar la toalla. Ana seguía sin comprender porqué era tan importante para él, solo era un juego...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzaron a caer pequeñas gotas de agua que se fueron posando en su cara y arrastraron la suciedad empañando sus ojos, pero aquello no era suficiente para que desistiera, el nunca se rendía.Entonces un violento golpe de viento empujó la cometa y quedó enganchada con las ramas que la atraparon y enredaron para no dejarla escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mierda, lo que me faltaba- exclamó Pedro mientras daba una patada a su pelota medio desinchada que fue a parar por el impulso muy cerca del árbol donde Ana se encontraba.&lt;br /&gt; Ella sintió que su corazón le dió un vuelvo dentro del pecho. Que verguenza, no podía ser descubierta bajo ningún concepto, ¿ que iba a pensar de ella? Tragó saliba, cerró los ojos muy fuerte y se repetió una y otra vez porqué tuvo que quedarse allí con lo tarde que era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte él paso totalmente de la pelota y siguió concentrado en lo que realmente le importaba, sacar su juguete de aquella trampa de madera no sin antes asegurarse de que no había nadie a su alrededor.Dió varios tirones a la cuerda sin éxito hasta que una de las sacudidas acabó por rasgar completamente la tela que calló hecha pedazos.&lt;br /&gt;La paciencia no era uno de sus fuertes y aquello le costó un buen disgusto.Pedro observó con la boca un poco abierta como aquellos retales se balanceaban con el ciento hasta caer al suelo lleno de barro. Comenzó a despotricar y a llorar lleno de coraje mientras se restregaba los ojos y buscaba su pelota.&lt;br /&gt;Entonces Ana que le vió venir a lo lejos se giró rapidamente pegándose a la corteza del árbol y contuvo la respiración. Cada vez sus pasos sobre el barrizal se sentían más cerca y entonces Ana sin saber porqué sintió la necesidad de salir de su escondite y entregarle la pelota. Pedro se quedó totalmente pasmado cuando vió a aquella niña -no muy agraciada y de pelo alborotado- salir de aquel árbol con su pelota en la mano.&lt;br /&gt;Por primera vez en su corta vida no supo que decir y solo alargó su mano hacia ella sin a penas mirarla, pues solo pensar que ella hubiera podido oirle llorar le producía una desconocida y bochornosa sensación que no le gustaba nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me llamo Ana, ¿y tú?- dijo con timidez en voz muy bajita. Al no obtener contestación alguna, tan solo aquel par de ojos miel clavándose en su mirada, añadió: -No llores, es solo una cometa, podemos hacer otra, ¿no?- sonrió de oreja a oreja mostrando sus dientes llenos de alambres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo Pedro, me tengo que ir- añadió muy seco mientras cogía su pelota y se alejó de allí muy desconcertado. Por unos instantes aquella niña con ortodoncia y andares patosos había hecho que olvidase que había fracasado haciendo volar su cometa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, aunque ninguno de los dos lo sabía, ambos se acostaron pensando en el otro. Ana ni si quiera ceno por el disgusto de haber sido descubierta detrás de aquel árbol y Pedro mató la rabia jugando a los dardos en su habitación, saber que alguien le había visto llorar le exasperaba pero lo peor de todo sin duda alguna, es que no veía el momento de volver a encontrarse con ella en aquel parque del barrio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-369398645218867255?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/369398645218867255/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=369398645218867255' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/369398645218867255'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/369398645218867255'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/08/ana-y-pedro.html' title='Ana Y Pedro'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-5305571246228365011</id><published>2009-05-27T13:02:00.000-07:00</published><updated>2009-05-27T13:04:59.544-07:00</updated><title type='text'>HASTA SIEMPRE FRYDA</title><content type='html'>Cada día me gustan menos las personas.&lt;br /&gt;El ser humano es capaz de conseguir cosas grandiosas, de curar enfermedades, de imaginar aparatos que surquen el cielo y de incluso de llegar a tocar la luna. Pero por desgracia, el ser humano es capaz también de albergar los sentimientos más bajos y mezquinos, algunos de los cuales ni siqiuiera llego a comprender.&lt;br /&gt;Por eso mismo mucha gente dice de mi que soy pasota, distante o incluso fría... pero no es cierto. Simplemente cada día me da más pereza mezclarme con la gente No quiero bajo ningún concepto contaminarme de la envidia que habita entre nuestros propios amigos, de la traición en las relaciones de pareja o de la ambición que empuja a pisar a otros por conseguir algo material. Quien no se ha llevado chascos en la vida, decepciones y desilusiones porque nos han fallado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando en tu vida te cruzas con un ser lleno de bondad como mi amiga Fryda, empiezas a comprender que no todo esta perdido en este mundo de locos. Muchas personas no me entienden cuando lloro, pero no me importa. No necesito la comprensión de los demás o su apoyo. Después de 16 años compartiendo varias etapas de mi vida, desde la infancia, adolescencia hasta mi madurez, decir adios es muy duro, prefiero decir un hasta siempre Fryda.&lt;br /&gt;Jamás olvidaré tu mirada tierna y llena de vida hasta el último momento. Me has enseñado tantos valores y me has dado tanto, que como no echarte de menos mucho más que a personas que pasan por mi lado a lo largo de mi vida y no me marcan nada, no significan nada. Solo una diminuta mancha más en mi camino.&lt;br /&gt;Tú sin embargo eres especial y me cuesta hablar en pasado pues siempre estarás viva en mi corazón. Con una mirada me decías todo y recuerdo más de una y dos veces llorar abrazada a ti y sentir que el dolor desaparecía. Tú aguantabas entre mis brazos, aunque seguramente te faltaba el aire pero la amistad es así, incondicional. No eres una simple mascota, eres un miembro más de la familia y todos sentimos tu marcha y te recordaremos por siempre.&lt;br /&gt;Fryda es un oasis azulado y hermoso en medio de un desierto árido y lleno de espinos. Es la imagen del dar sin esperar nada a cambio y del amigo que siempre camina a tu vera, haga frio o calor, nieve o truene. Ella siempre estará conmigo.Ahora no escucho tus ladridos estridentes, siempre te gusto llamar la atención más de lo debido y eso querida amiga, te trajo enemigos en la calle, pero no te importo pues tu carácter fuerte siempre se impuso.&lt;br /&gt;No eras muy sociable ni con otros de tu especie... supongo que en eso nos pareciamos, pues somos demasiado exigentes.Hoy no estarás en tu esquina del salón cuando me vaya a dormir y tampoco estarás en la escalera mirando hacia arriba esperando a que me despierte.&lt;br /&gt;Pero los años de felicidad, los valores de amistad y lealtad que he aprendido gracias a ti no se perderán nunca en el tiempo. Luchadora hasta el último momento, cascarrabias y glotona como pocas, quizá no eras la más femenina del mundo pero tenías un encanto que te hacía única e irremplazable.&lt;br /&gt;Hasta siempre amiga mia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-5305571246228365011?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/5305571246228365011/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=5305571246228365011' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5305571246228365011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5305571246228365011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/05/hasta-siempre-fryda.html' title='HASTA SIEMPRE FRYDA'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-8915052005904873253</id><published>2009-05-13T02:21:00.000-07:00</published><updated>2009-05-21T06:10:46.850-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>Capítulo 12&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empujé la descuidada verja metálica y al deslizar mi mano sobre su áspera superficie un trocito de pintura seca se clavó en mi dedo índice.&lt;br /&gt;Mientras maldecía a la avara Casera incapaz de invertir parte de sus jugosos ingresos en mejorar el estado de aquella ruinosa casa, extraje el plateado desconchón y un hilo de sangre comenzó a fluir hasta transformarse en una gota. Absorbí aquella lágrima escarlata y continué mi paso hasta las escaleras, esta vez con suma precaución para no volver a ser arrollada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos exhaustas, los escalones se hacían cada vez más empinados tanto que sentí la necesidad imperiosa de sentarme a reposar. Patricia continuó su paso a duras penas, contonéando su casi metro ochenta de estatura hasta llegar a la cima, donde emitió un resoplido de agotamiento. Cuando hubo recobrado el aliento, se introdujo en la cocina y empezó a trastear con las chamuscadas sartenes en busca de la tostadora que seguramente algún inquilino habría recogido de la calle.&lt;br /&gt;Apoyé la cabeza sobre la pared y percibí vibraciones, afiné el oido y efectivamente, era Julia que discutía acaloradamente con la televisión. Se hacía imposible entender dos palabras seguidas de lo que aquella mujer despotricaba, pero a juzgar por su ímpetu y por lo poco que la conocía, seguramente se tratase de algún debate político cara a las elecciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de unos minutos reanudé mi subida y antes de llegar arriba ya noté el cambio de temperatura. La corriente fresca de la calle se había transformado en una atmósfera cargada en la que era muy difícil respirar. No había iluminación natural en el recibidor, tan solo una triste bombilla que colgaba de la pared y que Franckyn muy a menudo tenía que cambiar porque se fundía ,misteriosamente, cada dos por tres.&lt;br /&gt;Tampoco había ventilación alguna, por lo que era complicado acabar con aquel apestoso olor que no podría definir con exactitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi intención de acompañar a Patricia en la cena cambió radicalmente cuando vi corretear por las baldosas ennegrecidas de la cocina, una cucaracha rojiza de largas antenas y de tamaño fuera de lo normal. Pasé de largo -obviando los quejidos imparables de mi estómago- y me tumbé sobre nuestro viejo y usado colchón. Sus prominentes muelles se clavaban en mi espalda, chirriando como si se quejasen por cada uno de mis movimientos.&lt;br /&gt;Eché mano a los emails y me puse manos a la obra. La curiosidad me incitaba a leer desordenadamente, como cuando un libro te causa tanta sensación que una parte de ti quiere desvelar ese final tan ansiado...pero contuve mis impulsos y reanudé mi lectura por el email número dos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De: Adam Backer &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Enviado: Lunes, 13 de febrero de 2006 20:45:00&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Para: D.R&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡¡¡¡Buen día!!!!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿ Cómo durmió mi princesa ? Espero que tan bien como yo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;He llegado pronto a la oficina porque quería adelantar algo de trabajo para luego así poder hablar contigo. Ultimamente son días duros aquí, hay un par de compañeros que están empeñados en amonestarme y poner en tela de juicio cada una de mis decisiones solo por el hecho de ser mayores que yo... &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;En ocasiones, ser hijo de alguien con influencias no es una ventaja ni muchísimo menos, por eso prefiero trabajar en un despacho diferente al de mi madre, para que se me valore por mis esfuerzos personales.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pero bueno no quiero aburrirte, ¿como fue tú día? ¿ fuiste a la universidad ? Espero que sí y que no se te pegaran las sábanas como de costumbre ¿eh?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aquí en NewPort Beach hace un día precioso, tal vez vaya más tarde a hacer surf con los muchachos y a comer en el puerto una hamburguesa, que hace muchos días que no les veo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sobra decir que te echo de menos... Estoy viendo que días puedo cogerme de vacaciones para ir a verte a Madrid. ¿Te gustaría?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un beso. Adam&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me costaba creer que alguién aparentemente tan cortés y trabajador, pudiera ser el artífice de semejante cadena de mentiras tan bien armadas.&lt;br /&gt;Agarré la fotografía y me quedé embobada mirándole. Aquellos ojos azules me tenían totalmente absorta. Zarandeé la cabeza y aparté aquella imagen de mi vista.&lt;br /&gt;No podía permitirme el lujo de perder tiempo con vaguedades, ni mucho menos darle el voto de la duda a una persona que era evidente que me había engañado reiteradas veces. No iba a consentir que me embaucara con sus cameladoras palabras en las que parecía un hombre bueno y atento cargado de promesas que jamás se cumplieron.&lt;br /&gt;No debía olvidar quien era el verdadero Adam Backer nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-8915052005904873253?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/8915052005904873253/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=8915052005904873253' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8915052005904873253'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8915052005904873253'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/05/en-busca-de-adam-backer_13.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-3305393565831614732</id><published>2009-05-12T16:43:00.000-07:00</published><updated>2009-05-21T06:13:36.530-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>&lt;em&gt;Capítulo 11&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De: Adam Backer &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Enviado: sábado, 04 de febrero de 2006 19:19:09&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Para: D.R&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Buenos días mi amor:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿ Cómo amaneciste hoy ? Yo estoy en la oficina, preparando unos planos que tengo que tener listos para una reunión en la tarde. Ya sabes que soy el jefe de arquitectos del despacho y ahora estamos llevando el proyecto de edificación de unos pisos de lujo aquí, en New Port Beach, y nos están ejerciendo muchísima presión.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aún así he tenido tiempo de sobra para acordarme de tí. Me parece increible que conociéndonos desde hace tan poco tiempo pueda echarte tantísimo de menos, nunca me había pasado algo así. &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Extraño tu carita preciosa y me muero de ganas de volver a Madrid y de cenar carne argentina en aquel asador tan maravilloso del que me hablaste. Espero que hablemos pronto aunque teniendo en cuenta las 9 horas de diferencia horaria va a ser complicado.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un beso. Adam.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Aquel email era el primero por orden cronológico de todos los que tenía guardados. Escrito y firmado por el ya no tan desconocido Adam Backer y con fecha de hace más de 3 años, lo que significaba que mi supuesta relación con él duró cerca de 2 años según mis cálculos aproximados.&lt;br /&gt;Adam decía vivir en los Ángeles, en New Port Beach y supe por el email que era arquitecto. Por su manera de escribir, parecía muy correcto y educado y por la cautela de sus palabras deduje que ese email marcaba los inicios de nuestra relación.&lt;br /&gt;Parecía tener un puesto importante, por lo que quizás tuvo que viajar a España por algún asunto de negocios y fue entonces cuando se produjo nuestro primer encuentro.&lt;br /&gt;Además del email, adjuntó varias imagenes suyas que corroboraron que el atractivo joven que encontré retratado en aquella foto dedicada, era efectivamente Adam Backer. Aparentaba unos 26 o 28 años, era indudablemente muy atractivo y sus casi transparentes ojos azules me llenaban de paz y sosiego. Pero en medio de aquella calma, un debastador sentimiento de rencor me invadió por dentro generando un odio tan atroz hacia aquel hombre que creí que me iba a estallar el pecho de tanta angustia atrapada en mi interior.&lt;br /&gt;No debía dejarme cautivar por su armonioso rostro y su ternura inherente, aquel querubín de piel dorada albergaba más maldad que ningún ser de lo más profundo de los infiernos y carecía de escrúpulos, al igual que el nuevo inquilino, quien no dudó a la hora de empujarme horas antes en el rellano de la escalera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imprimí todos los emails para analizarlos con detenimiento, pasamos por el supermercado y finalmente regresamos a casa.&lt;br /&gt;Nuestro barrio no era extremadamente peligroso, pero caído el sol, era recomendable que dos mujeres solas no vagaran por aquellas callejuelas plagadas de mil ojos escondidos donde menos te los esperabas...entre la maleza, tras las persianas que chirriaban con el viento o dentro de algún destartalado coche con el motor apagado para pasar desapercibido.&lt;br /&gt;Gatos pardos cruzando las calles como sombras escurridizas, figuras que se tambalean haciendo eses por las aceras y cabezas curiosas asomadas en los balcones de las casas...definitivamente Brooklyn era un barrio con mucho encanto donde nunca se debía bajar la guardia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-3305393565831614732?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/3305393565831614732/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=3305393565831614732' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/3305393565831614732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/3305393565831614732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/05/en-busca-de-adam-backer_12.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-5749742169821648028</id><published>2009-05-12T05:37:00.000-07:00</published><updated>2009-05-22T14:10:31.112-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>Capitulo número 10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mis pies desprotegidos avanzaban sobre la moqueta vieja que disfrazaba las humedades que corroían el solado de la habitación. A cada paso que daba, me hundía en una nube de polvo y pelusas que recubrían la alfombra que más que índiga parecía canosa por la sucierdad acumulada.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un enorme sobre blanco descansaba sobre una mesa de madera a centímetros de un teléfono que de repente empezó a sonar. Esta vez no dudé al descolgarlo, contesté y después de unos segundos en los que el interlocutor permaneció afónico obtuve una respuesta.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Soy yo, Adam. Lo siento muchísimo, pero no voy a poder coger ese avión. - una voz ronca y entrecortada al otro lado del teléfono me hizo estremecer y recordar.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¿Adam, de verdad eres tú? ¿ Por qué no vas a venir? ¿Porqué me haces esto? - repliqué angustiada y entre sollozos ahogados como si aquellas palabras salieran no de mi boca, sino de lo más profundo de mis entrañas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Mi amor, mira en el interior del sobre blanco. Me tengo que ir. - y la voz se fue apagando hasta desaparecer en el silencio enjaulado en aquellas descascarilladas paredes de hotel.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me quedé paralizada mirando aquel sobre blanco que quizá contenía la verdad que tanto me había hecho sufrir. Pero no me importaba, cualquier cosa era mejor que aquella incertidumbre, aquel desasosiego que produce el no distinguir que es verdad y que es mentira, que es sueño y que es realidad.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me aproximé con paso firme y elevé el misterioso envoltorio hasta la altura de mi ojo izquierdo para mirar en su interior al trasluz. Contenía un papel escrito a máquina y un sello o emblema que no era capaz de identificar. Rasgúe el sobre y despedazándolo con rabia ,casi por completo, extraje el documento perfectamente doblado. Niveles de plaquetas, vitaminas, hormonas...parecían los resultados de algún tipo de análisis médico.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un gran estruendo proveniente del exterior me sobresaltó e hizo que el papel se escapase de mis temblorosas manos balanceándose en el aire hasta posarse en la mugrienta moqueta sobre la que la blancura resaltaba aún más.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando quise agacharme para recogerlo ya no estaba en la habitación 1469, estaba de nuevo en casa de María, me encontraba gateando a ciegas y palpando desesperadamente el suelo en busca del extraviado documento que albergaba todas mis esperanzas. Escasos segundos fueron suficientes para darme cuenta de que todo había sido una vez más, una desconsoladora ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que admitir que estaba totalmente estancada en mi investigación . Mi encuentro con Miguel había confirmado mis sospechas sobre la existencia de mi relación con Adam Backer, pero no me había dado ninguna pista de peso de donde tirar. Sabía que aquel hombre de rostro seráfico me había mentido sucesivas veces y por esa razón se había roto nuestra presunta relación, pero desconocía los motivos y su actual paradero.&lt;br /&gt;En aquel momento Patricia entró en la habitación interrumpiendo mis argumentaciones que no llevaban a nada esclarecedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola, ¿ qué hacías ? - me preguntó con una interminable sonrisa que descubría su amplia dentadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estaba pensando en Adam . No sé por donde continuar en mi indagación y siento que me flaquean las fuerzas, ¿me entiendes? - le confensé con franqueza mientras mis ojos se clavaban en los suyos esperando una idea brillante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perfectamente... Si tuvisteis una relación a distancia, tú viviendo en Madrid y él en los Ángeles, lo más normal es que cuando no pudiérais viajar para veros, contactárais por internet. Es muy extraño que no tengas sus emails guardados, ¿ no crees ?- me planteó Patricia muy coherentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes toda la razón. Pero comprobé varias veces uno por uno todos los emails de mi bandeja de entrada y salida.- me quedé pensativa unos minutos intentando encontrar una explicación a todo aquello- Espera...ahora que lo pienso detenidamente caigo en la cuenta de que esta dirección la creé hace cosa de un año porque no recordaba la contraseña de mi antigua cuenta. ¡Cómo no pude darme cuenta antes, que estúpida! - rompí a reir descontroladamente mientras zarandeaba mi cabeza reprochandome mi inexcusable falta de lucidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Patricia ,sin saber porqué, se unió a mi con una sonora carcajada y me propinó una palmada en la espalda con tal fuerza que me hizo atragantar, aunque aquello no emborronó la sonrisa de mi rostro. A pesar de su cuidada y larga melena y de su femenina silueta, su comportamiento y sus ademanes no eran para nada delicados, todo lo contrario. Quizá por este mismo motivo Patricia hizo tan buenas migas con Julia, quien miraba a la joven con ojitos provocadores y la trataba con mas condescendencia que a mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún recordaba aquella dirección de internet en desuso, así que nos duchamos y nos pusimos en busca de un ciber-café donde poder acceder a internet.&lt;br /&gt;Estaba realmente emocionada. Bajamos la calle y cruzamos de acera para esquivar el taller mecánico que Patricia tanto detestaba y continuamos hasta llegar a una zona más céntrica donde encontramos una tienda de aparatos electrónicos que también disponía de conexión a internet. En su interior se encontraban tres dependientes latinoamericanos que bailaban y canturreaban canciones pegadizas a ritmo de salsa para matar el aburrimiento. En cuanto notaron nuestra presencia cesaron en su lúdica actividad y nos dedicaron sus cinco sentidos. Uno de ellos se dirigió a mi y después de unos cuantos intentos fallidos de flirtear conmigo, acabó por ofrecerme un ordenador desde el que poder conectarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos unas escaleras de madera que parecían muy poco estables y llegamos a una pequeña habitación con ordenadores no muy modernos numerados del 1 al 10.&lt;br /&gt;Nos sentamos enfrente de uno que estaba más apartado y comencé a escribir la dirección de email con pulso trémulo, lo que dificultaba mi labor de pulsar las teclas adecuadas.&lt;br /&gt;LLegó el momento de introducir la contraseña y toda mi emoción se transformó en malestar. Encontrar la palabra exacta iba a ser una labor practicamente imposible. Patricia se percató de mi gesto desilusionado y me agarró la mano con fuerza insuflandome energía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Haz memoria, esa palabra esta en tu cabeza tía. Piensa en cosas cotidianas o relacionadas con él por ejemplo, tu signo del zodiaco o su nombre, no sé...lo típico.- añadió Patricia con tono animoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Probemos con lo más obvio: A-D-A-M. - escribí sin demasiado optimismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Contraseña incorrecta. Bueno, no desesperes. Prueba con esta: A-N-G-E-L-E-S. - tecleó mi amiga mientras cruzaba los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Contraseña incorrecta. Esto es un locura...Quizás mi signo del zodiaco, veamos: G-E-M-I-N-I-S. -escribí sin ningún éxito y encolericé por la impotencia. Probamos con unas cuentas palabras más tales como nombres, ciudades, cumpleaños y cosas así, pero fue inútil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tía tranquila, eres demasiado impaciente. Veamos, ¿ como se llama este bicho que tienes tú, este con púas horroroso...?- me preguntó Patricia mientras chasqueba los dedos buscando una respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Horroroso ? ¿ Quién, Leonardo mi erizo africano ?- exclamé indignada, pues Leonardo es un animalito adorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡ Ese mismo ! L-E-O-N-A-R-D-O... -introdujo rapidamente todas y cada una de las letras y durante unos instantes la pantalla se quedó bloqueada. La página comenzó a cargarse y contra todo pronóstico se abrió la bandeja de entrada. No éramos capaces ni de parpadear. No podía creer que hubiera funcionado, gracias a Patricia había accecido a mi antigua cuenta y tenía en mi mano la oportunidad de descubrir quien era realmente aquel hombre y que ocurrió en aquel tiempo en blanco que era incapaz de recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos fundimos en un abrazo y comenzamos a saltar de la alegría. Armamos tantísimo alboroto que uno de los jovenes dependientes tuvo que bajar a comprobar que todo estaba bien. Pero a mi me daba exactamente igual en aquel momento todo.&lt;br /&gt;Agarré contundentemente el ratón y dirigí la flecha a la última de las ocho páginas repletas de emails y de respuestas a todas mis preguntas. Pulsé y cerré los ojos. Al abrirlos de nuevo pude observar una larga lista de emails cuyo remitente era siempre Adam Backer. Patricia no daba crédito, apoyó su mano sobre mi hombro y al ver que yo no era capaz de acertar con mi puntería debido a los nervios, puso su mano sobre la mía y continuó abriendo las restantes siete páginas una a una. Más de cincuenta emails encerraban el porqué de la abominable actuación de Adam, quien a base de calumnias y excusas, consiguió llevarme al límite del dolor que un ser humano puede soportar. Estaba a un "clic" de saber la verdad y a un paso menos de encontrar al hombre que destrozó quien sabe cuantos años de mi vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-5749742169821648028?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/5749742169821648028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=5749742169821648028' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5749742169821648028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5749742169821648028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/05/en-busca-de-adam-backer.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-175218435373319760</id><published>2009-03-23T11:19:00.000-07:00</published><updated>2009-05-13T05:18:53.386-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 9&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesé la oxidada verja que cercaba aquel manicomio donde sus locos ocupantes vagaban sin ningún tipo de sujeción y me adentré en el hediondo y tenebroso agujero mal ventilado que era mi hogar.&lt;br /&gt;Cuando me disponía a subir las escaleras, una especie de mastodonte alto como una montaña trotó haciendo temblar todos los escalones por su desmesurado peso, atropellándome en su cobarde huida sin ni siquiera mirar atrás. Me costó un gran esfuerzo no perder el equilibrio después de semejante embestida, aquella mala bestia parecía estar poseída por el mismísmo diablo.&lt;br /&gt;A penas pude apreciar su joven rostro descompuesto que buscaba freneticamente una salida como si la casa estuviera siendo desbastada por las llamas. Pero su fuerte olor corporal y sus oscuros ropajes, que usaba para camuflarse entre las tinieblas de su alma, no se borrarían tan fácilmente de mi memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deduje que aquel gigante de brazos largos y desproporcionados, sería uno de los dos inquilinos que aún me quedaban por conocer. El melancólico Franklyn, la embriagada Julia, el depravado David y en penúltimo lugar, un perturbado de nombre desconocido y dotado con una fuerza sobrenatural.&lt;br /&gt;Sentí tal desasosiego que me costaba respirar. Pensé en mi madre y me arrepentí profundamente de no haberme despedido de ella. Indagué esperanzada en mi bolsillo en busca de mi medicación e inhalé dejando reposar aquellos milagrosos polvos en el interior de mis pulmones. Expulsé paulatinamente el aire experimentando una gran mejoría que me permitió tomar aire con normalidad.&lt;br /&gt;Los nervios no beneficiaban en absoluto a mi enfermedad respiratoria pero las penosas y vacias existencias de los inquilinos de aquella casa no dejarían impasible a nadie. Todos y cada uno de ellos habían llegado allí arrastrados por un destino inapelable del que no pudieron escapar. Soñadores desilusionados, corazones consumidos y mentes atrofiadas que ya no regían con normalidad compartían las mismas cuatro paredes aparentemente en paz. Sacudí mi cabeza enérgicamente intentando expeler aquellos pensamientos y avancé por el angosto pasillo que parecía estrecharse más y más a medida que me aproximaba a mi habitación.&lt;br /&gt;Abrí la puerta y un chillido desesperado -que conseguí ahogar con mi mano- se escapó silencioso entre mis dientes. Patricia estaba acomodada sobre la cama con las piernas cruzadas y con mi libreta de notas apresada entre sus enjutos dedos. La ojeaba entretenida como si estuviera leyendo un periódico o un buen libro de acción y estaba tan absorta que ni siquiera se percató de mi congelada presencia bajo el marco de la puerta. El moreno tono de mi piel se tornó escarlata, me abalancé sobre ella encolerizada y le arrebaté el cuadernillo de su poder sin darle opción a rechistar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Pero que demonios te pasa ? - gritó con una mezcla entre pavor y sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Qué que me pasa ? ¿ Quien te has creido que eres tú para urgar en mis cosas ? - grité exasperada mientras revisaba la libreta pasando las páginas compulsivamente para comprobar que todo estaba en su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un interminable silencio me tranquilicé. Patricia no se había movido ni un milímetro y no se atrevía ni a levantar la cabeza. La ausencia de palabras empezaba a ser molesta y entonces, aprovechando aquella calma, reflexioné sobre mi actuación y llegué a la conclusión de que me había excedido en las maneras debido a toda la tensión acumulada semanas atrás. La joven Patricia había pagado toda mi amargura y mis preocupaciones. En aquel momento me sentí como el ser más abjecto y despreciable del mundo y rompí a llorar.&lt;br /&gt;Ella -respetando nuestro voluntario mutismo- continuó sin articular sonido alguno, se acercó hacia mi y me rodeó con sus largos brazos, meciéndome como a una niña pequeña que pedía, a gritos inaludibles, el consuelo que tanto necesitaba.&lt;br /&gt;Después de meses ocultando mis conjeturas, desconfiando de todo aquel que me rodeaba y mortificandome por no poder recordar, tenía la ocasión de compartir aquella pesada carga con alguien.&lt;br /&gt;Cuando me encontré recompuesta y serena del todo, le conté a mi confidente el torbellino de sucesos que me habían impelido hasta la ciudad de Nueva York. Sus enormes ojos negros -abiertos casi tanto como su desajustada boca- revelaban su fascinación ante mi relato.&lt;br /&gt;Patricia, lejos ahora de las ataduras de sus sobreprotectores y conservadores padres, veía ante ella la aventura que llevaba toda su vida esperando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-175218435373319760?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/175218435373319760/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=175218435373319760' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/175218435373319760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/175218435373319760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/en-busca-de-adam-backer_23.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-3559559240711504043</id><published>2009-03-21T03:33:00.000-07:00</published><updated>2009-04-28T23:11:16.178-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>&lt;em&gt;CAPITULO 8&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El aeropuerto estaba a punto de reventar. Voces mecánicas difundiéndose por megafonía, el ruido de las desgastadas ruedas de los equipajes deslizándose por el suelo y un batallón de transeúntes uniformados de azul recorriendo el recinto de un lado para otro como si de un simulacro de emergencia se tratase.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aguardé impaciente tras la cinta de seguridad que marcaba la trayectoria a seguir por los viajantes como si fueran un rebaño de carneros desorientados. Decenas de rostros exhaustos cruzaban la Puerta de Llegadas desordenadamente y aturullados. Decenas de pupilas rebuscaban entre la multitud a sus seres queridos y familiares. Pero solo un par de ojos impacientes, los míos, le rastreaban a él.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Los aturdidos corderos recién aterrizados continuaban esparciéndose por todo el perímetro y me empecé a inquietar al no divisarle por ninguna parte. Miré el reloj. Pasados tan solo dos minutos volví a comprobar la hora. El tiempo parecía haberse estancado en algún socavón del camino para jugarme una mala pasada. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Entonces supe que él no iba a aparecer y se hizo el silencio. Ya no percibía los avisos por el altavoz, ni los joviales recibimientos. Ni siquiera podía oirme a mí misma porque prefería no pensar ni en alto ni en bajo. Era menos doloroso no pensar en nada. No sentir nada. Adam Backer me había defraudado una vez más.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Me levanté empapada en un charco de sudor y lágrimas. La angustia era tan profunda que esta vez tuve claro que no había sido un simple sueño. Era un recuerdo tan mordaz y desgarrador que había conseguido arañar las paredes de mi alma, hiriéndolas tan profundo que era imposible que cauterizaran jamás.&lt;br /&gt;Aún llorosa me levante sigilosamente para no despertar a mi compañera. Tanteé con las manos las paredes para no trastabillar con ningún obstáculo de los muchos que había por el suelo ya que mis ojos estaban cubiertos por lágrimas que me impedían ver con claridad.&lt;br /&gt;Cogí los pantalones del día anterior y extraje la fotografía del bolsillo trasero. Contemplé pensativa su rostro angelical. No podía comprender como aquel hombre de mirada añil y transparente podía haberme causado tantísimo detrimento. Le odié con toda mi alma y rompí a llorar en silencio, engullí todo mi desasosiego vorazmente e intenté no atragantarme con tantísimo dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de una lata siendo estrangulada cortó de cuajo mis gimoteos. La beoda de la casa ya había amanecido precoz como un gallo que de madrugaba comienza sus rutinarios salmos dándo gracias por un nuevo día de trabajo. La diferencia es que en aquella bendita vivienda nadie parecía desempeñar ningún oficio o al menos no uno corriente.&lt;br /&gt;Patricia seguía durmiendo placidamente. El techo de aquel cuartucho se me caía encima -casi literalmente- así que decidí dar un paseo para ir conociendo la zona. Que mi orientación está atrofiada es más que sabido por todo aquel que me conoce, por lo que no estaba de más ir adelántandome teniendo en cuenta mi evidente deficiencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí la verja plateada carcomida por las lluvias y la falta de cuidados y comencé a caminar sin prisa disfrutando del buen tiempo y la calma que allí reinaba. Al girar a la derecha divisé a Julia a pocos metros de mí. Retrocedí sobre mis pasos y me oculté tras la esquina para evitar ser descubierta. En casa me sentía protegida pero no tenía ningunas ganas de tener un encontronazo con mi masculina compañera de piso más allá de los frágiles muros de mi residencia. Se tambaleaba a cada paso, no sé si debido a los efectos del alcohol que recorría todo su insignificante cuerpo o por su afán de parecer un hombre de verdad. Iba cabizbaja y distraída, como si quisiera pasar desapercibida para no tropezarse con alguien en particular.&lt;br /&gt;Entró en una pequeña tienda de alimentación-de las muchas que había en los alrededores- y a los pocos minutos salió con una bolsa de cartón que llevó a su sedienta boca en varias ocasiones. Debía habérsele acabado la bebida de su despensa -llena de cervezas, manzanas y arroz- y se vió empujada por el mono a salir a comprar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andó dirección a la "casa de los horrores" y pensé en dar la vuelta para no chocarme con ella pero entonces ví algo que me impulsó a quedarme agazapada tras aquella esquina.&lt;br /&gt;Un niño de unos 6 años caminaba de la mano de su padre por la misma acera que Julia. La reacción del crío al verla fue verdaderamente lastimosa. En cuanto reconoció a la anciana se revolvió entre las protectoras manos de su padre en un intento desesperado por escapar y abrazarse a Julia. Su progenitor agarró con mas fuerza su pequeña mano que cada vez estaba más roja impidiéndole acudir a su encuentro. El niño lloraba con la boca totalmente abierta y los brazos extendidos. Era incapaz -debido al disgusto- de tragar saliba la cual se escapaba por la comisura de sus labios cuando balbuceaba entrecortadamente la palabra "yaya". Su llanto era histérico y descontrolado y no cesaba de retorcerse y tirarse al suelo negándose en rotundo a caminar. Las mucosidades que brotaban de los orificios de su pequeña nariz le daban un aspecto todavía más desvalido. Aquel espectáculo parecía no inmutar a ninguno de los caminantes (ni siquiera al propio padre) que daban por hecho que era una rabieta de niño malcriado.&lt;br /&gt;Julia continuó su balanceo inestable sin mirar atrás desviándose por una callejuela. Prosiguió con la cabeza gacha y sus manos secas e hinchadas por el alcohol tapaban sus oidos mientras sacudía su cabeza violentamente intentando ausentarse de aquella situación. A pesar de la distancia, pude apreciar desde mi escondite su rostro roto de dolor.&lt;br /&gt;Los chillidos y sollozos persistieron algunos minutos más hasta que la criatura, totalmente agotada, se quedó dormida en brazos de su padre que se alejó impertérrito de allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de semejante escena que había presenciado me dispuse a retomar mi paseo, pero esta vez con la mirada perdida y la mente ocupada con la imagen de una infeliz borracha de 69 años a la que la vida y su propio hijo, le habían dado la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-3559559240711504043?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/3559559240711504043/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=3559559240711504043' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/3559559240711504043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/3559559240711504043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/en-busca-de-adam-backer.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-8809426281551619688</id><published>2009-03-11T18:13:00.000-07:00</published><updated>2009-04-28T23:10:55.836-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que mi confidente iba descubriéndome mi propia historia me quedaba más y más atónita, no sé si por el hecho de estar hablando con un completo desconocido que sabía más de mí que yo misma o si por el contenido tan significativo de sus revelaciones.&lt;br /&gt;Me reconoció que recordaba con exactitud el día que nos vió aparecer a Sandra y a mí en el hotel, arrastrando con dificultad nuestras maletas y con el rostro demacrado por la falta de sueño. Esto me hizo sonreir ya que sus mejillas se tornaron sonrojadas como dos fresones despúes de aquella confesión. Por el énfasis que puso en sus palabras y por el brillo inconfundible de sus ojos, intuí que en algún momento del pasado debió sentir algo por mí más allá de una simple amistad.&lt;br /&gt;A medida que iba desvelándome anécdotas de los dos meses que estuve allí hospedada fuí encajando algún que otro recuerdo como si de un puzzle de mil piezas se tratase. Aquellas rememoraciones escapaban de mi cabeza a borbotones y me era difícil poner orden en todo aquel caos.&lt;br /&gt;No dudé en sacar de la mochila mi libreta y según me iba exponiendo lo sucedido, yo me apresuraba a escribir algunas observaciones y datos de interés. Cada palabra que salía de su boca me arrastraba al pasado y me obligaba a evocar aquel fatídico viaje que un día decidí olvidar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía sin tener ninguna imagen nítida de Adam en mi memoria, nada más allá de los datos que me había descubierto el recepcionista del hotel. Su información fue valiosa, pero no lo suficiente.&lt;br /&gt;Al parecer, el año pasado viajé con la excusa de hacer un curso de inglés de dos meses, pero mi verdadero motivo era reecontrarme con mi gran amor que vivía en los Angeles, más concretamente en New Port Beach.&lt;br /&gt;El barrio de Manhattan, su aroma y los relatos de Miguel me fueron de gran ayuda para ir hilando alguno de mis recuerdos que habían querido salir a la luz mediante sueños e incluso pesadillas. Las visiones de aquella habitacíon de hotel cobraban ahora algún sentido, ya que la 1469 fue mi hogar durante dos meses.&lt;br /&gt;En cuanto al viaje a Los Ángeles, también encajaba en la historia de Miguel y en el mensaje de móvil. En un principio yo iba a coger un vuelo Nueva York-Los Ángeles que el mismo Adam me había comprado. Pero según me dijo Miguel no era la primera vez que me mentía y para eliminar cualquier rastro de duda, le pedí que comprobara el supuesto vuelo desde el ordenador del hotel. Sólo hicieron falta un par de minutos para darme cuenta de que aquel billete era una farsa, una más de las múltiples que utilizó. Hasta el momento, la &lt;em&gt;única verdad&lt;/em&gt; sobre Adam Backer es que era un tremendo embustero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuamos nuestra provechosa charla en la cafetería, intercalando el tema que me concernía y otros asuntos más livianos que me arrancaron alguna que otra risotada. Estaba realmente agusto en su compañía.&lt;br /&gt;Miguel es un muchacho de piel descafeinada, bajito y no muy agraciado fisicamente la verdad. Cuando se acercó a la barra a por una tercera taza de chocolate, me fijé en sus ademanes rudos y algo torpes. Su apariencia es la de un hombre tosco y carente de delicadeza, pero realmente es tierno y paternal.&lt;br /&gt;Sus rasgos faciales no son del todo desagradables, tiene la punta de la nariz redondeada, los ojos negros y diminutos y una blanca sonrisa que iluminaba su cara. Su ancho y corto cuello se escondía por debajo de la camisa del uniforme y sus manos de dedos gruesos, se debatían constantemente entre si tocar las mías o continuar sobre su taza de chocolate que ya había dejado de humear.&lt;br /&gt;Me puso al día en cuanto a sus estudios universitarios y que estaba a punto de finalizar y su trabajo en el hotel por las tardes. Aparentaba ser una persona responsable y luchadora que había pasado muchas penurias hasta llegar a Estados Unidos donde por primera vez en su vida tuvo la oportunidad de volver a empezar.&lt;br /&gt;También acabó por admitir después de muchos rodeos y preguntas esquivadas, que seguía viviendo con su novia Cristina*, la misma muchacha dominicana con la que empezó a salir al emigrar hace varios años. Cuando me hablaba de ella bajaba la mirada tanto que llegaba a rozar el suelo y le noté algo incómodo. Por su manera de expresarse se notaba que debía quererla mucho, aunque más bien parecía que hablase de una hermana que de una mujer de la que estuviera locamente enamorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún paso había avanzado en mi investigación. Adam y yo habíamos tenido un idilio pero -hasta donde sabía Miguel- jamás llegamos a vernos en tierras americanas y desconocía el porqué de sus evasivas. Apenado me contó como después de sus reiteradas mentiras y excusas me fui desilusionando poco a poco, aunque yo estaba tan cegada que me negaba a ver la realidad que todos me repetían incansablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No tienes idea de lo mucho que me alegra verte así de bien. Nunca más supe de ti y como te marchaste a España una semana antes pués no pudimos despedirnos. -dijo un tanto compungido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿ Y porqué motivo adelanté mi vuelta ?- pregunté mirándole a los ojos temiendo su respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé. La última vez que nos vimos, estabas llorando mientras hablabas desde una cabina telefónica del hotel. Sollozabas sin consuelo mientras le contabas a alguien que te habías enterado de toda la verdad sobre él, &lt;em&gt;una verdad imposible de creer&lt;/em&gt; - contaba Miguel sin cambiar aquel gesto de tristeza. Realmente parecía apenado por todo aquello que me pasó. Se mostró sincero en su relato, aunque a esas alturas del trayecto sentía que ya no confiar completamente en nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Una verdad imposible de creer". No podía dejar de repetirme aquellas palabras que embestían mi cabeza durante todo el camino de vuelta a casa. Después de aquella conversación pude entender porqué al mirar aquella fotografía que siempre llevaba conmigo, algo en mí se removía irracionalmente. Aquel hombre me había roto el corazón.&lt;br /&gt;Seguía sin saber verdaderamente quien era él, porqué me engañó y que se escondía tras toda aquella serie de mentiras y ocultaciones que giraban entorno a nuestra desconocida relación.&lt;br /&gt;Después de tanto esfuerzo para llegar hasta allí y de todo lo que había dejado atrás en Madrid, tenía que seguir indagando sobre &lt;em&gt;la verdad&lt;/em&gt;, y que mejor manera de hacerlo que llegando hasta el mismísimo Adam Backer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-8809426281551619688?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/8809426281551619688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=8809426281551619688' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8809426281551619688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8809426281551619688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/en-busca-de-adam-backer-capitulo-vii.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-2491442376517859486</id><published>2009-03-08T21:05:00.000-07:00</published><updated>2009-03-17T04:41:25.761-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue necesario inventarme una buena excusa para justificar que estaría toda la tarde por mi cuenta y así poder ir al hotel. Patricia no hizo muchas preguntas ya que su prima -que también había viajado allí- quería que se viesen para tomar algo.&lt;br /&gt;Después de informarme en internet sobre su ubicación me dirigí hacia el tren "L" downtown dirección al conocido barrio de Manhattan. Nada más bajar a las profundidades del metro noté como aquel ambiente cargado obstaculizaba mis pulmones. Para un asmático, estar bajo tierra es una trampa mortal, pero el sótano de una ciudad tan monstruosa como aquella suponía pasar un rato de lo mas angustiante. Respiré hondo y continué mi descenso a los infiernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía un calor insoportable y a pesar de mi atuendo bastante ligero, sentía que el sudor brotaba por los poros de mi piel impregnándose en mi camiseta.&lt;br /&gt;Me dió la sensación de que en aquella ciudad siempre era hora punta. La masa de gente de todas las edades, colores y estilos se movía acompasada por los pasillos como si de una marcha militar se tratase. Era lo más parecido a una estampida urbana, incluido por el riesgo de caer y ser arollado sin ningún tipo de escrúpulo por cientos de zapatos que no pensaban detenerse ante nada ni nadie.&lt;br /&gt;Avisté un asiento a pocos metros de mí y me lancé hacia él cruzando los dedos para que nadie se adelantase. Una inmensa mujer africana se interpusó en mi camino empujándome con su corpulente brazo para después arrebatarme el sitio en mis propias narices. Me miró triunfante y se acomodó en su trofeo desplazando a los demás viajeros con las sacudidas de su orondas posaderas.&lt;br /&gt;Me agarré a la barra de seguridad e hice verdaderos esfuerzos para no pensar en el bochorno que hacía, en los olores desagradables y en mis burbujeantes pies que se estaban cociendo dentro de mis zapatillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando a penas quedaban cinco paradas para llegar a mi destino un chico mestizo muy atractivo me ofreció su plaza muy amablemente y yo la acepté sin pestañear. Observando aquel vagón me di cuenta de la diversidad de culturas que allí coexistían. Las uniones de diferentes razas estaban a la orden del día, y el resultado de aquella mezcolanza eran nuevas generaciones con rasgos mucho más espectaculares que los de sus progenitores.&lt;br /&gt;Un niño pequeño y su hermano mayor deleitaron a los pasajeros con toques de tambor y un baile de lo más pegadizo. El menor de los dos pasaba un sombrero de copa lleno de dólares y regalaba piropos a las mujeres que encantadas le hacían carantoñas mientras desembolsaban su aportación. Entretenida con aquel espectáculo, me había olvidado por completo de fijarme en la parada y tuve que salir disparada para no quedarme atrapada en aquel cocedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí a la superficie y una vez allí pregunté por la ubicación exacta del hotel ya que olvidé apuntar la dirección cuando lo consulté en internet. Me fijé en una mujer joven rubia que llevaba un portafolios y pensé que quizás trabajara cerca y conociera la zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe, ¿ sabría indicarme donde queda el New Yorker Hotel ? - pregunté sonriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, está a dos calles, cerca del Madison Square Garden, en la calle 34 con la 8ª avenida. -me contestó sin a penas mirarme y sin aminorar su marcha. Le di las gracias y me puse en camino a la vez que me rompía los sesos intentando averiguar de que me sonaban tantísimo aquellos dos números juntos. Miré el reloj y al ver la chapita de la pulsera de colores que colgaba de mi muñeca caí en la cuenta. Mi amiga Sandra había creado meses atrás una firma de joyas llamada "34st8av" pero jamás me había dicho de donde surgió la idea de aquel logotipo y ahora entendía el porqué. No podía confiar en nadie, ni siquiera en mis propios recuerdos que jugaban a emborronarse cada dos por tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el corto trecho que anduve me encontré con varios puestos de brochetas de pollo. Aquel olor no solo disparó mis jugos gástricos, sino también mi debilitada memoria.&lt;br /&gt;Seguí al pie de la letra las indicaciones y en cinco minutos me planté en las doradas puertas giratorias de la monumental entrada del hotel. Una sensación de emoción me invadió por dentro hasta estallar en una carcajada histérica difícil de controlar y entonces empecé a entender algunas cosas. Yo había vivido allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise avanzar pero mis piernas no respondían. Sabía que tras esas paredes podría encontrarme algo que no me gustara. Saque la foto -que siempre llevaba conmigo- del bolsillo del pantalón, la miré durante unos segundos y me introduje en el espacio de la puerta dejándome llevar por el movimiento de las otras personas que rotaban conmigo.&lt;br /&gt;Me quedé paralizada entre la multitud de gente hasta que un empujón que me propinó un desconsiderado que pasaba por allí me hizo reaccionar. No me hizo falta preguntar en la recepción por Miguel ya que él no tardó en encontrarme a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡ Muñeca !, no me lo puedo creer dios mío... ¡ eres tú ! - exclamó mientras me abrazaba y levantaba mi cuerpo del suelo hasta que dejé de tocarlo con los pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Miguel ?...- pregunté dubitativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Quien si no ?, que pronto se olvidan ustedes las españolas de los buenos dominicanos que las cuidan cuando tienen fiebre y echan de menos a su mamá. - me dijo con mucha ternura mientras me acariciaba la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hicieron falta muchas palabras para que Miguel se diera cuenta de que yo no recordaba nada. Al principio le costaba creerse que no le reconociera, pero cuando vio mi gesto de preocupación y mi cara descompuesta por los nervios supo que todo era verdad. Me invitó a una taza de chocolate caliente y mientras me agarraba cariñoso de la mano empezó a narrarme la historia con todo lujo de detalles. Yo era consciente de que aquellas lagunas en mi memoria me hacían vulnerable y esto me atemorizaba, pero algo en mi interior me incitó a confiar en él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-2491442376517859486?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/2491442376517859486/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=2491442376517859486' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2491442376517859486'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2491442376517859486'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/en-busca-de-adam-backer-capitulo-vi.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-2483435610287572085</id><published>2009-03-07T02:00:00.000-08:00</published><updated>2009-03-17T04:27:49.928-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresé a la habitación Patricia ya no estaba durmiendo y en el baño se escuchaba el trajín mañanero típico de alguien recién levantado.&lt;br /&gt;Con la intención de hacer tiempo me dispuse a vaciar mi maleta -o al menos en su mayor parte- para así evitar que algunos vestidos con telas delicadas se echaran a perder. Le tocó el turno a uno negro de seda muy elegante que aún llevaba colgando la etiqueta. En aquel momento -y por primera vez desde que aterricé- eché de menos a Francisco*, quien muy a regañadientes me lo había &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;regalado&lt;/span&gt; semanas antes. Al recordar su quebradiza voz pidiéndome que no me fuese se me colocó un incómodo nudo en el estómago que me impedía respirar con normalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté alejar esos pensamientos y continué acomodando la ropa en aquel pequeño armario de puerta corrediza. Introduje la mano en un bolsillo interno de la maleta y allí encontré varios dolares &lt;span style="color:#ffff00;"&gt;de&lt;/span&gt; mi anterior viaje a Nueva &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;York&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. Continué escarbando hasta que mi mano se topó con algo consistente y pequeño. Era un teléfono móvil de diseño más que sencillo, arcaico diría yo y presentí que no era la primera vez que estaba entre mis manos.&lt;br /&gt;Presioné un botón durante unos segundos y la pantalla se iluminó dando aviso de que le quedaba poca batería. Después de comprobar que el cargador no se encontraba en la maleta, revisé con prisa el buzón de entrada. Había unos veinte mensajes de texto y no me hizo falta leerlos todos para saber que iban dirigidos para mí.&lt;br /&gt;Después de la euforia por mi nuevo descubrimiento, llegó una profunda desilusión al darme cuenta de que no había ninguno de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Adam&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. Otro aviso de batería baja hizo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;que&lt;/span&gt; me apresurara a leer cada uno de ellos con la idea de encontrar algún hilo del que poder tirar.&lt;br /&gt;En su gran mayoría eran de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Ronny&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; y Miguel, aunque sus nombres a priori no me decían absolutamente nada. Me paré en uno en concreto que me llamó la atención:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;" Lo siento linda, he revisado desde el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;New&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;Yorker&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Hotel* el número de vuelo que me diste y estoy completamente seguro de que no existe, le faltan dos dígitos al código del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;localizador&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. Lo siento de corazón. Un abrazo. Miguel "&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé perpleja durante unos segundos. Me concentré con todas mis fuerzas y saqué mi libreta de notas. Un intenso dolor de cabeza me presionaba las sienes, casi me impedía leer aquellas letras que se nublaban y parecían simples pintarrajos, pero continué haciéndolo. Las taquicardias aumentaban y una quemazón en el lado izquierdo del pecho me impedía escribir con una correcta caligrafía. De repente la luz se apagó y el dolor se esfumó por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un contundente manotazo en la cara me hizo despertar. Poco a poco volví en mí y y me dí cuenta de que una vez más había perdido el conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Estás bien ?, me has dado un susto de muerte tía - exclamó Patricia que estaba más pálida de lo normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estoy perfectamente. Me suele ocurrir desde hace un año más o menos. - me justifiqué con tono relajado para intentar quitarle el miedo de encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Y este móvil tan cochambroso ? - fisgoneó mientras lo toqueteaba dispuesta a hurgar en su interior. Entonces se lo arrebaté de las manos con una sonrisa postiza y cambié radicalmente de tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien golpeó dos veces la puerta &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;sobresaltándonos&lt;/span&gt; a ambas y haciéndonos olvidar por el momento el tema del móvil.&lt;br /&gt;Salté de la cama aún con las piernas temblorosas y abrí la puerta. Era María, La Casera. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;LLevaba&lt;/span&gt; unas mallas color fucsia tan ajustadas que se le &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;marcababa&lt;/span&gt; cada curva de su voluminosa anatomía. La &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;celulitis&lt;/span&gt; cubría sus muslos dejándose ver a través de la fina tela que contrastaba con el color de su oscura piel, haciendo imposible que pasara desapercibida con semejante indumentaria.&lt;br /&gt;Esta vez llevaba el pelo suelto y parecía aún más joven que la primera vez que la &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;ví&lt;/span&gt; a pesar de las arrugas que se marcaban en su entrecejo debido al gesto de enfado que traía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días María, ¿ Cómo está ? - le preguntó &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;cortesmente&lt;/span&gt; Patricia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días serán para usted lindura. Yo no he pegado ojo gracias a su alboroto de anoche. - añadió &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;acusante&lt;/span&gt; mientras sus enormes ojos negros nos sentenciaban sin darnos lugar a ningún tipo de justificación. Su &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;recriminante&lt;/span&gt; dedo índice apuntó hacia nosotras y su enorme boca se abrió sin llegar a articular palabra debido a la intromisión de mi compañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe María pero no sé de que demonios me está hablando... - saltó Patricia cuyo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;rostró&lt;/span&gt; se empezó a desencajar de su sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ayer de madrugaba no paraban de dar golpes en el piso, dejar caer cosas y andar de un lado para otro de la habitación... mi dormitorio está justamente encima del suyo y como comprenderán, mi pobre Alfonso no pudo pegar ojo en toda la noche y trabaja doce horas al día conduciendo un camión. Estas casas tienen las paredes bien finas y se oye todo, les ruego mamitas que tengan más cuidado o tendrán que largarse de aquí. Esta es una casa decente. - finalizó María sin darnos opción a contestar ya que se &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;dió&lt;/span&gt; media vuelta y salió de la habitación indignada y musitando sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaba claro que nuestra estancia en aquella peculiar casa del barrio de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;Broocklyn&lt;/span&gt; no iba a ser sencilla ni agradable, lo más acertado sería intentar pasar el menor tiempo allí e intentar esquivar en la medida de lo posible a sus desequilibrados habitantes.&lt;br /&gt;Mientras nos preparábamos para salir a dar un paseo pensaba en el mensaje de Miguel. Había pocas posibilidades de que en aquel hotel me dieran algún dato sobre él y como encontrarle, pero tenía que intentarlo esa misma tarde. Tenía el presentimiento de que aquel vuelo fantasma de mis sueños estaba relacionado con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Adam&lt;/span&gt; y Miguel seguramente podría ayudarme a recordar.&lt;br /&gt;No veía el momento de atravesar las puertas del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_19"&gt;New&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_20"&gt;Yorker&lt;/span&gt; Hotel.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-2483435610287572085?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/2483435610287572085/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=2483435610287572085' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2483435610287572085'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2483435610287572085'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/en-busca-de-adam-backer-capitulo-v_07.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-8972107329364291184</id><published>2009-03-06T15:11:00.000-08:00</published><updated>2009-03-17T04:20:49.718-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER. CAPITULO IV</title><content type='html'>La incesante claridad de un nuevo día se colaba persistentemente por las ventanas de la habitación. El pañuelo -que usaba para protegerme de ella- estaba descolocado después de una larga noche en la que no dejé de revolverme a juzgar por la posición de la manta que se enredaba entre mis piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me giré desubicada e hice un gran esfuerzo por abrir los ojos mientras los protegía con la palma de mi mano para suavizar los efectos de la luz.&lt;br /&gt;Observé a Patricia roncando suavemente y con la boca tan abierta que podía apreciar algún que otro empaste en su dentadura bien alineada. Aquella desconocida había pasado de ser una compañera de clase como otra cualquiera a una auténtica aliada, aún sin ella saberlo todavía.Me quedé unos minutos mirándola con detenimiento.&lt;br /&gt;Sus rasgos eran muy duros y exagerados y su palidez le daba un aspecto un tanto siniestro al contrastar con su pelo negro. Tenía un atractivo muy exótico que por lo poco que pude apreciar, volvía locos a los hombres.&lt;br /&gt;Me puse boca arriba e intenté relajarme ya que daba por hecho que dormir sería imposible. En ese momentó recordé que había soñado con Adam una vez más, aunque no recordaba el qué. A medida que pasaban las semanas y sus respectivas noches, iba recapitulando más detalles. Tomé la decisión meses atrás de ir anotándolos en una libreta para así no olvidarme de nada, pero por más que releía mis garabatos no parecían cobrar sentido alguno. Habitaciones de hotel, vuelos inexistentes y el rostro de un hombre que se desvanecía en mi memoria. En ocasiones, me era difícil distinguir entre los recuerdos y los sueños y eso me inquietaba.&lt;br /&gt;La única persona en la que podía confiar en este tema era mi mejor amiga Sandra. Por desgracia ella estaba a miles de kilómetros y en esta ocasión, no pudo acompañarme a Nueva York, cosa que lamenté profundamente. Desde su reciente matrimonio, había cambiado mucho y estábamos algo distanciadas. Su marido, un deportista de élite, había sido fichado por un equipo extranjero y -como era de esperar- la arrastró con él. A pesar de lo que sus palabras decían, yo no la notaba muy feliz.&lt;br /&gt;Cuando le sacaba el tema de Adam, me respondía con evasivas y ridiculeces como los demás e intentaba hacerme creer que todo era producto de mi imaginación. Pero yo estaba convencida de que ella sería incapaz de mentirme si me miraba a los ojos. Sandra tenía muchas de las respuestas por las que yo estaba en aquel lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún recuerdo como si fuera ayer el día que nos conocimos, ocho años atrás. Estábamos en el aeropuerto de Barajas, Sandra estaba sentada sobre su maleta, mascaba una enorme bola de chicle rosa y jugaba con los cordones de sus deportivas nuevas mientras abochornada escuchaba como sus padres discutían. Yo estaba apoyada en una de las columnas, escondiéndome tras una gorra de la verguenza que me producía ver a mi padre chillándole a aquel monitor recriminándole su falta de organización. Por más que pasaban los años, ni mis hermanas ni yo nos acostumbrábamos a sus numeritos en público donde habitualmente perdía los papeles y algo más. En aquel momento Sandra y yo cruzamos nuestras miradas y nos dedicamos una mueca de desagrado recíproca. Desde luego no empezamos con buen pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos cánticos en el pasillo me hicieron regresar a mi cruda realidad. No me fue difícil reconocer a Julia ya que era la única voz femenina de la casa. A juzgar por sus devaneos y sus torpes pasos en el piso -que retumbaban por toda la casa- diría que estaba totalmente ebria y aún no eran las 9 de la mañana.&lt;br /&gt;El ruido de una lata al abrirse corroboró mi teoría. Saboreó su contenido haciendo un sonido muy desagradable. Sus finos labios se juntaban y separaban a la vez que pasaba su áspera lengua en busca de todo resto de alcohól que hubiera en su boca. Después eructó como si de un hombre carente de modales se tratase y volvió a beber empinando la lata para asegurarse de que ni una gota se desperdiciaba en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Franklyn... ¿ dónde dejó la cazuela viejo ? - preguntó a voz en grito mientras soltó una carcajada malévola y asfixiada, similar a la de un fumador compulsivo. No tenía ese mortífero vicio, aunque si consumía hierba muy de vez en cuando para paliar los dolores de su artrosis que ya se manifestaba en los huesos de sus agarrotadas manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recibió respuesta alguna pero eso no le impidió seguir con sus conversaciones sin sentido mientras apuraba su lata de cerveza y continuaba con otra. Aquella desdichada alcohólica tenía toda la intención de hacernos imposible nuestra estancia en aquella casa de locos.&lt;br /&gt;Me levanté de la cama, enjuagué con ímpetu mi cara con la esperanza de que todo aquello fuera una pesadilla pero no sirvió de nada.&lt;br /&gt;Corrí el pestillo de la puerta y la abrí con sigilo. Esta vez lo primero que hice fue mirar hacia abajo no fuera que la vieja silenciosa estuviera esperando para darme otro susto de muerte.&lt;br /&gt;En esta ocasión el pasillo si estaba realmente vacio. Andé confiada y entré a la cocina de puntillas para no llamar la atención. Me extrañó no encontrar la compra que hicimos el día anterior tal y como la habíamos colocado, pero decidí no darle mayor importancia.&lt;br /&gt;Mis pies descalzos se estaban quedando totalmente congelados y el frío trepaba por todo mi cuerpo. Me senté en la mesa del comedor, me serví unos cereales con leche y comencé a ingerirlos con mucho apetito hasta que una repentina tos me interrumpió, consiguiendo que la leche se me fuera por mal sitio. Entoces noté una fuerte palmada en mi espalda que me hizo escupir parte de los copos de trigo que aún estaban dando vueltas en mi boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está podrida señorita millonaria - exclamó sarcasticamente Julia mientras se dirigía a su habitación. Cerró la puerta con todas sus fuerzas no sin antes mirarme como si me perdonase la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía creerme lo que acababa de suceder. Realmente esta mujer estaba completamente chiflada. Comencé a plantearme sino había sido un grave error haber viajado tan lejos de casa solo por una estúpida corazonada. Quizá, sino recordaba quien era Adam Backer era porque estaba mejor enterrado en el pasado. De cualquier manera ya era demasiado tarde para arrepentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había perdido el hambre después de mi encontronazo con Julia.La situación me había puesto nerviosa y sentía la necesidad de inhalar mi medicación del asma. Regresé a la habitación y después de unos minutos tensos rebuscando en la maleta, aspiré profundamente los polvos y los retuve en el interior de mis pulmones. El alivio fue inmediato.&lt;br /&gt;Cuando empezaba a relajarme escuché pasos en la escalera. Era Franklyn que cargaba una enorme bolsa de plástico gris. Me miró y me saludó con un simpático gesto que le devolví con una amplia sonrisa.&lt;br /&gt;Quien diría que aquel desgarbado hombre de paso cansado pero mirada enérgica había sido un muchacho normal con aspiraciones propias de la juventud. Me preguntaba que clase de desgracia le habría obligado a abandonar su particular sueño americano desterrándole a aquel insignificante cuarto empapado de soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Franklyn bajó de nuevo a gran velocidad, saltando los escalones de dos en dos. Al llegar a la puerta tropezó -debido a las prisas- con el molesto perro de la dueña , que emitió un alarido de dolor al recibir el pisotón.&lt;br /&gt;Aproveché que había dejado la puerta abierta y husmeé en su intimidad llevada por las ganas de saber más sobre aquel solitario hombre. Me sorprendió el orden que reinaba en su pequeña habitación donde dormía y vivía practicamente. En un lado de la cama había una carcomida mesa de madera y encima de ella, un marco de plata sucia con una foto familiar. No llevaba las gafas puestas y solo alcanzaba a ver tres figuras borrosas.&lt;br /&gt;La curiosidad pudo conmigo y me acerqué con cautela para apreciar mejor quienes eran aquellos bultos que fueron tomando forma. Me quedé estupefacta al observar la fotografía.&lt;br /&gt;A pesar de que los años habían castigado mucho su rostro podía reconocer esos ojos negros llenos de vida. Al lado del jovencísimo Franklyn estaban una mujer de belleza despampanante, cabello negro azabache y rasgos latinos. Entre ambos un niño de unos tres años sonreía mellado y rebosante de felicidad mientras abrazaba un mugriento oso azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba tan ensimismada con aquella imagen que no me percaté de la presencia que aguardaba a mis espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Qué hace aquí niña ? - me interrogó Franklyn con tono recriminante - ¿ A caso no sabe que la curiosidad mató al gato? Aproximó su envejecida cara hasta quedarse a centímetros de la mía. Podía percibir su fuerte aliento a coñac sobre mi piel, pero no sentí miedo ninguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo siento muchísimo, bonita familia - fue la única estupidez que se me ocurrió en aquel embarazoso momento y por su reacción me dí cuenta de que no había sido un comentario acertado. Sin mediar palabra alguna me apartó con delicadeza y entró en su habitación&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-8972107329364291184?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/8972107329364291184/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=8972107329364291184' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8972107329364291184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8972107329364291184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/la-incesante-claridad-de-un-nuevo-dia.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER. CAPITULO IV'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-4756762565593890505</id><published>2009-03-02T23:03:00.000-08:00</published><updated>2009-03-05T01:38:33.747-08:00</updated><title type='text'>ROMEO Y JULIETA NO EXISTEN</title><content type='html'>Francisco no pudó más y se derrumbó rompiendo a llorar. Apoyó su fornida espalda en la muralla de aquella fortaleza impenetrable y se dejo caer. Estaba totalmente abatido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apretó con furia su magullado puño derecho y un hilo de sangre mancho sus ropas. Ni siquiera podía sentir el dolor de sus huesos rotos, ya que sufría una herida mucho más profunda y de más difícil curación.&lt;br /&gt;Las lágrimas corrían despavoridas por su rostro limpiándolo de restos de tierra y hollín y resvalando ennegrecidas por su pronunciada barbilla. No paraba de repetirse lo estúpido que había sido al pensar que podría vencer el solo a todo un imperio. No había amor suficiente para semejante proeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba lejos de casa, a semanas a caballo del pueblo del que nunca debió haber salido. Poco a poco su cuerpo se fue escurriendo preso del cansancio hasta queda posicionado de cuclillas sobre la hierba. Aquel olor a tierra mojada le recordaba a su hogar y a su anciana madre.&lt;br /&gt;De pronto oyó a lo lejos fuertes ladridos y divisó luces de antorchas. Estaban buscándole y habían soltado a los perros para darle caza. No le había bastado a aquel hombre con arruinarle la vida sino que también deseaba verlo hecho trizas.&lt;br /&gt;Se incorporó y aunque ralentizado por la cojera que le afectada a la pierna izquierda, corrió para salvar su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguió escabullirse entre la maleza hábilmente. Arrancó un trozo de su camisa y lo puso cerca de un riachuelo que bañaba aquellas tierras. Su infancia en el pueblo entre pícaros, proscritos y ladrones le habían enseñado ,entre otras cosas, a sobrevivir.&lt;br /&gt;Con esta inocente artimaña ganaría el tiempo suficiente como para salir de esa trampa mortal. Francisco estaba desfallecido, el largo viaje sin a penas provisiones y en condiciones precarias le habían dejado muy debilitado y la paliza que había recibido no hacía más que agrabar su situación.&lt;br /&gt;La vista se le nublaba pero no dejaba de correr mientras se agarraba con fuerza su pierna dolorida para facilitar su marcha. Las lágrimas brotaban de sus ojos, pero esta vez no era de tristeza, sino de puro dolor.&lt;br /&gt;Durante unos segundos que parecieron una vida entera, dejó de escuchar las voces de sus perseguidores y los ladridos de las fieras que rastreaban su sangre fresca. Sentía que perdía el equilibrió y estaba completamente desorientado.&lt;br /&gt;Apoyó la ensangrentada mano en la corteza de un árbol y cuando estaba a punto de desplomarse una dulce fragancia le envolvió por completo y se dejó caer. Antes de cerrar completamente los ojos le pareció ver a un ángel sin rostro que susurraba su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despertó se encontró solo en medio del bosque, a salvo de todo peligro y con una hermosa yegua blanca atada a un árbol y un saco de provisiones.&lt;br /&gt;Ya no vestía aquellos arapos sucios, alguien se había tomado las molestias de cambiarle y curarle las heridas. Aquellas prendas limpias tenían un olor que le resultaba tan familiar... no podía ser que su ángel salvador fuera Mariana. Se arrancó aquella descabellada idea de la cabeza y se alejó de allí sin rumbo cierto y sin dirigir la vista atrás.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-4756762565593890505?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/4756762565593890505/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=4756762565593890505' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/4756762565593890505'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/4756762565593890505'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/03/romeo-y-julieta-no-existen.html' title='ROMEO Y JULIETA NO EXISTEN'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-9131169332882875794</id><published>2009-01-26T16:56:00.000-08:00</published><updated>2009-03-02T23:02:53.758-08:00</updated><title type='text'>TRAJE DE NOVIO</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;El diminuto joyero de terciopelo negro deambulaba de una mano a otra. Parecía que se tratase&lt;br /&gt;de un pedacito de brasa que conservaba el calor suficiente como para causar escozor en la piel al&lt;br /&gt;entrar en contacto con ella. Tanto movimiento me estaba empezando a poner ciertamente&lt;br /&gt;nervioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos se aflojó la corbata, se desabrochó un par de botones de la camisa y tomó una&lt;br /&gt;bocanada de aire. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;No apartaba la mirada del elegante estuche que continuaba su travesía de un lado a otro hasta que lo atrapó con su mano derecha y lo abrió con delicadeza. Contempló su interior durante unos minutos y se sintió satisfecho. Estaba seguro de que había acertado de pleno en su elección. LLevaba meses ahorrando, desde su ascenso en el bufette tenía un salario bastante atractivo y pensó que era el momento perfecto para pedírselo. Yo le conocía bien después de tantos años y no cabía duda de que estaba muy emocionado ante el paso que estaba a punto de dar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hacía 4 años vivíamos en un ático de lo más coqueto en el centro de Madrid. Estaba abuhardillado y decorado de manera sencilla. No era muy grande pero teníamos todo lo que dos solteros como nosotros podíamos desear... una videoconsola, un enorme frigorífico repleto de cervezas y una inmensa pantalla de plasma para los partidos del domingo. Una lástima que este paraiso terrenal fuera a convertirse en un patio de recreo, lloros nocturnos y olor a pañales sucios... No era primerizo en estos temas, pero en esta ocasión me pillaba mayor, con menos paciencia y con la ilusión agotada. Demasiadas decepciones por el camino, supongo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Carlos es un abogado brillante. A sus 31 años había conseguido ganarse el respeto de&lt;br /&gt;todos sus superiores gracias a su audacia resolviendo casos peliguados y a su carismático carácter. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una lástima que su difunto padre, el Sr Rivera, no haya vivido para verlo porque, aunque de su boca no saldría elogio alguno, estoy convencido de que se sentiría muy orgulloso. El viejo cascarrabias se había ido al otro mundo sin decirle a su hijo ni una palabra de afecto, ni un gesto reconfortante, nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo continuaba con gesto reflexivo, sentado en el confortable sofá de piel. Se había despojado de sus zapatos y llevaba la camisa arrugada y por fuera del pantalón. Vestía un traje, que aunque era de corte bastante simplón, le sentaba como un guante. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tiene buena planta, alto y atlético, aunque no siempre fue así. De pequeño era el gordito patoso del grupo, pero con los años llegó a tener mucho éxito con las mujeres. Doy fé de ello.&lt;br /&gt;Yo contemplaba la situación desde mi ángulo del salón. Me sentía frustrado por no poder darle&lt;br /&gt;una palmadita en la espalda y decirle " tranquilo muchacho, todo va a salir bien", pero por&lt;br /&gt;desgracia no estaba en mi mano o mejor dicho en mi manga.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A todo esto, me llamo Kazán y soy un traje. Pero no un traje cualquiera, sino uno con estilo,&lt;br /&gt;mucho estilo. Fuí diseñado en 1993, y acompañé al padre de Carlos en el día más importante de&lt;br /&gt;su vida y de la mia, su boda.&lt;br /&gt;Me diseñaron para marcar la diferencia y cumplí mi cometido sobradamente, arrebatándole casi por completo el protagonismo al vestido de la novia. Aunque han pasado 35 años, yo me sigo viendo tan espectacular como el primer día. El mejor sastre de la época participó en mi elaboración y no escatimó en emplear las mejores telas y el diseño más favorecedor. Cuanta ilusión tenía, cuantos sueños por cumplir...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Él convirtieron un trozo de tela en una obra de arte, y no estoy exagerando. Mi pantalón, de color gris marengo, cuenta con una tablilla lateral que permite el mejor ajuste del mismo, y tiene una vuelta para así poder disimular los dos alambres que el novio tenía por piernas. En la casa&lt;br /&gt;donde me crearon cuidan todo tipo de detalles. Mi chaqueta, de la misma tonalidad, tiene dos botones que me dan un toque muy elegante y su interior esta adornado con un forro de seda color negro. Incluso dispongo de un bolsillo interno que es de lo más práctico. En resumen, que hasta un hombre escuchimizado como el Sr Rivera lució imponente con un traje como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando me quise dar cuenta, Carlos me estaba observando fijamente y un escalofrío recorrió&lt;br /&gt;todas y cada una de mis costuras. Conocía bien esa mirada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Yo estaba expuesto sobre un majestuoso maniquí forrado con tela que la novia de Carlos había traído con gran entusiamo. Ana era diseñadora de moda. Tiene algunos años menos que mi amigo y aunque me costaba reconocerlo, es una mujer que te remueve lo cosido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su larga melena rubia y sus enormes ojos azules hacían que pareciese un ángel. Es pequeñita pero bien proporcionada y siempre me sorprende con algún modelito original que ella misma esboza. Es una mujer independiente, creativa y muy astuta. Prueba de ello era la manera en la que manejaba a Carlos a su antojo. Parecía ser víctima de algún tipo de lavado de cerebro de última generación. "Querida, a mi no me engañas, esta tela ha visto muchas como tú".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde que se conocieron se tomo ciertas atribuciones que no le correspondían, como meter mano a nuestra masculina decoración o colocar toallas rosas de lo más cursi en el baño. La única&lt;br /&gt;buena idea que ha tenido esta mujer es la de dar un poco de glamour a este triste salón colocándome cerca de la ventana. donde la luz resalta todos mis encantos. Hasta una entendidilla en moda como ella, sabía apreciar el valor que yo tenía, tanto por calidad y antiguedad como por lo sentimental.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carlos cuando se sentía triste o confundido, se pasaba largas horas delante de mí, pensando en voz alta. Me examinaba meticulosamente y en ocasiones se quedaba tan ensimismado que parecía que de verdad estaba viendo una aparición de su fallecido padre. Esta idea me daba un poco de repelús, pero sabía que él se sentía aliviado y era lo menos que podía hacer por él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Reconozco que soy un traje de novio muy afortunado. He cumplido con creces mi meta, engalanar a un buen hombre enamorado el día de su enlace y además acabar mis días aquí, junto a mi amigo al que ví crecer hasta convertirse en el hombre que es. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Qué tiempos aquellos! ¡Cuantísima melancolía!, pensé para mis adentros mientras se me escapaba algún que otro suspiro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las semanas en el taller las recuerdo como las más emocionantes de mi vida. Estába muy excitado con cada arreglo, cada modificación que me hacían. Todos los que allí nos conocimos compartíamos la misma aspiración: estar deslumbrantes en nuestro Gran Día. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me pregunto que será de todos mis camaradas... Colimbo, Gazante, Lodola, Siberia y Kant. Espero que no estén en algún oscuro lugar, apolillados y cubiertos de polvo. Este es uno de los riesgos de ser un atuendo para un día tan específico y puntual, el día que nos estrenan brillamos y somos el centro de atención de todas las miradas, pero esa felicidad dura poco, muy poco. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero bueno...¡basta de sentimentalismos absurdos!, ahora es momento de pensar en el futuro y en el nuevo gran día que se avecina. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No podía contener la felicidad que me invadía al pensar en recorrer por segunda vez aquel interminable pasillo. Ni siquiera el tiempo había conseguido saquear ni uno solo de mis recuerdos, ¿como olvidar tal cúmulo de sensaciones?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El olor de las flores recién cortadas, cada nota musical marcando el paso firme de la novia hacia el altar, el cuchicheo incansable de los invitados e incluso el tembleque del novio que a duras penas podía tenerse en pie. ¡Rememorar todo aquello me hacía sentir vivo!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi imaginación voló lejos durante unos instantes. Por muy apuesto que me viese tenía que ser franco conmigo mismo, los años habían pasado y seguramente me había quedado un poco desfasado. Nada que no pueda arreglarse con un arreglito por aquí y un añadido por allá, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carlos tenía una altura muy similar a la del Sr Rivera por lo que no habría problema alguno en adaptarme a él, al fin y al cabo, lo importante era la materia prima y de eso andaba sobrado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasé toda la tarde haciéndome conjeturas sobre como sería mi nuevo aspecto después de la transformación. Seguro que me pondrían en manos de los mismos profesionales que me hicieron y eso me inspiraba mucha tranquilidad. Puede que me cambiaran el forro por uno de seda color crema con algún estampado...o quizás me sustituirían mis viejos botones por otros mucho más modernos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El ruido de la cerradura me arrancó de mis fantasiosos pensamientos transportándome de nuevo a la realidad. Carlos se había quedado dormido en el sofá después de una jornada laboral interminable. La puerta se abrió sigilosamente y apareció ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Qué hacía aquí? Hoy no era fin de semana...desde luego lo de esta mujer ya no tenía nombre. No paraba de atosigar al muchacho y de hipnotizarle con... aquel aroma tan dulce que desprendía su cabello. Realmente hoy estaba preciosa, había que reconocerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los botones se me dispararon de los ojales al darme cuenta de que el insensato de él había olvidado guardar el anillo y lo tenía aprisionado en su puño derecho. Ella dejó su bolso en el perchero y se quedó inmóvil unos segundos observando como su novio dormía placidamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Muchacho espabila por lo que más quieras... tu novia está aquí y va a descubrir tu secreto antes de tiempo y eso da mala suerte! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ana entró en la cocina y se puso a preparar la cena. Gracias al cielo la chiquilla no era demasiado mañosa y el ruido de los cacharros terminó por despertar a Carlos que escopetado ocultó la alhaja en el bolsillo de su pantalón. Demasiadas emociones en un solo día para este pobre traje.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aquella noche cenaron y vieron un rato la televisión como un día cualquiera. Estaban acaramelados en el sofá, la verdad que la escena era demasiado empalagosa para mi gusto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No soportaba tanta incertidumbre. ¿Cúando pensaba decir las palabras mágicas?, no podía creer que fuese a perderme semejante momentazo. Al rato se metieron en el dormitorio y apagaron la luz. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los sucesivos días fueron un ir y venir de gente, reuniones familiares y fiestas con sus respectivos amigos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las visitas de los muchachos me resultaban muy entretenidas y me sentía uno más, aunque el pestazo a humo que dejaban en el salón se había impregnado por todo mi talle irremediablemente. Menos mal que pronto disfrutaría de una maravillosa limpieza en seco, que falta me hacía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El jolgorío de ocho hombres achispados debatiendo sobre deporte, deportivos y antigüas hazañas de universitarios sacaría de sus casillas a la más paciente de las mujeres. Con gusto dejaría que me metieran mano con unas tijeras de podar oxidadas con tal de ver la cara de asco de Anita escuchando aquellas conversaciones. Se quedaría pálida la pobrecita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-9131169332882875794?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/9131169332882875794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=9131169332882875794' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/9131169332882875794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/9131169332882875794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/01/traje-de-novio.html' title='TRAJE DE NOVIO'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-1731346209473270865</id><published>2009-01-20T11:17:00.000-08:00</published><updated>2009-01-23T04:57:06.790-08:00</updated><title type='text'>EL LOCO DE LA COLONIA</title><content type='html'>Dos enormes ojos azules se colaron por las oxidadas rendijas que comunicaban su habitación con el trastero. Como cada mañana, Jose -El Loco- empleaba todas sus energías en asegurarse de que nadie trataba de intoxicarlo a través del aire que se filtraba por el conducto de ventilación. Después de cerciorarse de que todo estaba bajo control, selló cada uno de los espacios entre reja y reja con cinta adhesiva evitando así el paso de ninguna sustancia peligrosa. Retiró la mascarilla protectora de su boca e inhaló aire cautelosamente. No podía fiarse ni un pelo cuando se trataba de su seguridad personal. "Bien hecho muchacho, estos bastardos no saben con quien se la están jugando", una voz ronca y rota le elogió euforicamente por el trabajo realizado. Seguidamente, Jose pensó que su cabeza iba a explotar y se presionó con fuerza las sienes esperando a que aquel calvario cesase. Cuando abrió los ojos de nuevo, la voz se había desvanecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solía levantarse temprano, cuando ni siquiera el sol se había atrevido a asomar la cabeza. Después de abrir los múltiples candados que custodiaban la habitación donde maquinaba todas sus fantasías, continuaba con su "peculiar" rutina matinal. Su aspecto era desaliñado, debido quizá a la gran masa de pelo rizado y espeso que cubría su cabeza y que nunca peinaba. Rondaría los cuarenta años, pero su oscura barba le sumaba algunos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el armario del baño tenía toda una farmacia casera nutrida con docenas de botes de fármacos. En una estantería estaban apilados los envases abiertos, practicamente enteros. En la otra, los envases nuevos y sellados. Las amenazas que sufría constantemente le habían vuelto muy receloso. Estaba convencido de que querían acabar con su vida así que no tomaba nada que no estuviera perfectamente precintado.&lt;br /&gt;Entre tanto envase de colores, había varios suplementos vitamínicos, que compensaban las carencias de su irregular alimentación en la que no incluía cárnicos ni ningún tipo de pescado. Cada mañana abría un nuevo bote, quitaba el precinto y tomaba su dósis diaria.&lt;br /&gt;En sus años de juventud, todo comenzó siendo una dieta vegetariana en protesta por el mal trato que sufrían algunos animales. Adquiría productos biológicos en tiendas especializadas pero al perder la chola por completo el tema se le fue de las manos. Hacía años que no se sometía a un chequeo médico, pero no hacía falta ser un aguililla para intuir por sus ojeras y su palidez enfermiza, que sufría una anemia de caballo.&lt;br /&gt;El Loco a día de hoy, no prescindía de algunos alimentos por ir en contra de sus principios. El motivo principal era porque estaba convencido de que esos alimentos le devorarían por dentro el alma y las entrañas, como si de un buitre carroñero se tratase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ingirió un puñado de pastillas de diferentes colores y entró en la cocina, como todos los días, a por un vaso de zumo de tomate que el mismo exprimía. Cultivaba los tomates en un pequeño huerto oculto en su jardín y jamás usaba insecticidas. Lavaba cuidadosamente y varias veces cada pieza antes de meterla en la batidora, y si encontraba algún orificio o marca extraña en el fruto se deshacía inmediatamente de él. De esta manera estaba convencido de la verdadera procedencia de las hortalizas que ingería y de que no estaban envenenadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al oir sus pasos, sus dos únicos amigos entraron en la habitación como alma que lleva el diablo, parecían dos sombras negras teletrasportándose desde el infierno. El Señor Smith y Jenny. Sus enormes ojos color mostaza no perdían detalle de cada uno de los movimientos que su dueño hacía, y se enredaban en sus piernas entorpeciendo su actividad. En una de estas los dos gatos casi provocaron la caida de El Loco, que en un intento desesperado por no pisarlos tropezó, derramando todo el jugo. Enloquecido y lleno de furia arremetió contra ellos con lo primero que tuvo a mano, la escoba. La pareja consiguió escabullirse entre los muebles en un intento por esquivar los mortales golpes que les asediaron incansablemente hasta la puerta del jadín. El lunático de Jose no quedó conforme del todo con la reprimenda. Y entre refunfuños, quejas y alguna que otra palabra fuera de tono, regresó a sus labores, que por esta mañana ya irían con retraso y eso le sacaba aún más de sus casillas. "Malditos gatos", espetó entre dientes. "Algún día de estos deberías quitártelos de en medio. Saldría un buen estofado.", le sugirió una voz de lo más tenebroso y que le susurraba desde muy adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuó con sus descabellados balbuceos mientras recogía el liquido derramado sobre los azulejos que revestían el suelo. Se vistió con su camisa favorita de cuadros llena de rotos y sus tejanos desgastados por el uso. La tela de las rodillas estaba totalmente descolorida por la postura que adoptaba cuando realizaba sus experimentos en el jardín, que más bien parecía un laboratorio del CSI. Allí jugaba a destripar aparatos electrónicos, a urgar en el interior de las videoconsolas y a mezclar sustancias químicas en busca de dios sabe que fórmula. El día menos pensado, la calle entera estallaría en mil pedazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez ataviado, cogió su carro de la compra y lo empujó hasta la puerta principal. Asomó la cabeza con cautela, su mirada suspicaz reflejaba desconfianza. Nunca se podía estar seguro de que no había nadie acechando.... Esta era su regla de oro.&lt;br /&gt;Jose tenía claro que debía actuar con suma precaución si quería salvar su pescuezo, estaba en el punto de mira y cualquier paso en falso podría ser garrafal. De repente, unas repentinas indicaciones en actitud muy misteriosa le hicieron meter un brinco. " Soy yo muchacho, no te acobardes. Derecha....izquierda... no hay moros en la costa. Vamos a por ese par de cosillas que necesitamos para aquel juguetito que te comenté".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-1731346209473270865?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/1731346209473270865/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=1731346209473270865' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/1731346209473270865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/1731346209473270865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/01/el-loco-de-la-colonia.html' title='EL LOCO DE LA COLONIA'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-4648623203173844245</id><published>2009-01-18T06:23:00.000-08:00</published><updated>2009-01-20T10:17:37.741-08:00</updated><title type='text'>ALGUIEN YA VISTE DE TRAJE</title><content type='html'>( PARTE I)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque tenía la sospecha planeando sobre mi cabeza desde hacía tiempo, no pude dejar de sorprenderme cuando abrí la puerta del jardín y ví quien aguardaba detrás de los muros de mi casa. No hacía falta tener muchas luces para saber que al intermediario le incomodaba la situación tanto o más que a mí. Sus pequeñas manos acordes con su estatura temblaban y su mirada hacía verdaderos intentos por desviar la mía que le acechaba constantemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin apartar mis ojos de la bolsa que cargaba con cierta desgana, eché un vistazo más a mi alrededor con todo el disimulo que me fue posible. Él no estaba allí, quizá a pocos metros, puede que un par de calles. Le imaginé aparcado en algún recoveco de mi barrio y esperando con la cabeza metida debajo del ala a que todo esto acabase de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de asegurarme de que la bolsa contenía lo acordado, entré de nuevo en casa para coger sus cosas. En ese breve espacio de tiempo, me puse a pensar sobre todo lo que estaba aconteciendo. Por más que me estrujé la cabeza no conseguí encontrar parecido alguno entre aquel cobarde títere que aguardaba temeroso en su coche y el hombre que un día conocí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El improvisado mensajero dibujaba al caminar círculos en el asfalto sin perder de vista la trayectoría de sus descompasados pies.&lt;br /&gt;Hicimos el intercambio de paquetes sin mediar palabra alguna y acto seguido se fue alejando calle abajo con paso ligero hasta perderse entre los coches y los árboles. Todo había acabado y aunque tuve que hacer un gran esfuerzo por contener las lágrimas que rabiosas luchaban por salir, me sentí indudablemente aliviada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;No tenía ganas de entrar a casa y me senté sobre el frío marmol del suelo del portal. Mil recuerdos se pasaron por mi cabeza y tal como los iba rememorando los sumergía en el olvido, prohibiéndoles de alguna manera que volvieran a flote. Abrí la bolsa y saqué mi gabardina. Después de todo lo que había pasado estos meses atrás ya ni siquiera me parecía tan bonita. Estaba completamente arrugada. Quien la empaquetó lo debió hacer lleno de cólera y poseído por aquel sentimiento no pudo evitar emburruñarla para así calmar su desazón. Cada frunce, cada pliegue en el tejido, era un surco cada vez más profundo en su seco corazón. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Observé la chuchurría tela y en aquel instante decidí que pasaría a engrosar la larga lista de vestimentas que almacenan polvo en mi armario, aquellas que sabes que jamás te pondrás pero no te atreves a deshacerte de ellas. Sin embargo, librarme de su traje fue quitarme un enorme peso de encima. Si aquellos dos trapos hablasen, nos sorprenderíamos con la cantidad de recuerdos que albergan en cada una de sus costuras, con los olores impregnados para siempre en en sus forros y con los sentimientos que quedan atrapados en sus bolsillos...Tengo que agradecer que los trajes y las gabardinas no sean buenos conversadores.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-4648623203173844245?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/4648623203173844245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=4648623203173844245' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/4648623203173844245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/4648623203173844245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/01/el-ttere-castrado-ya-viste-de-traje.html' title='ALGUIEN YA VISTE DE TRAJE'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-7524948900907291002</id><published>2009-01-15T18:59:00.000-08:00</published><updated>2009-01-16T21:33:01.064-08:00</updated><title type='text'>INDEPENDENCIA FINANCIERA, LINEA DIRECTA A LA LIBERTAD</title><content type='html'>Los tiempos han cambiado. Ahora los pasillos de las Universidades están repletos de mujeres hambrientas de conocimiento y con grandes espectativas laborales. Aunque hemos avanzado mucho en el tortuoso y sacrificado camino hacia la libertad de la mujer, no es suficiente con tener un título o recibir los mismos salarios. Yo voy a un cambio más profundo. Un cambio interno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que realmente nos hace libres no es el no estar supeditadas a la voluntad de un hombre; tampoco lo es el poder decidir cuando ser madres solteras sin necesitar a un hombre ni para engendrar; No me hace sentirme más independiente ni si quiera el reparto de tareas en el hogar o que una mujer lidere un partido político. La independencia financiera es la clave de la autonomía de la mujer del siglo XXI.&lt;br /&gt;No basta con estudiar o cultivarse leyendo ciento de libros...lo que nos da el poder de manejar nuestras vidas es nuestra cartera (si es de Fendi o Louis Vuitton mejor que mejor). Aún hoy hay muchas mujeres que haciendo uso de su ventajoso físico, buscan y seducen a hombres solventes con posición económica acomodada. A la gran mayoría de las mujeres nos gusta recibir detalles, que nos sorprendan con una cena en un bonito restaurante e incuso el poder puede llegar a ser muy sugerente.&lt;br /&gt;El problema es el siguiente, el hombre enamorado es un ser pesado, insistente, incordiante y que no para hasta conseguir lo que desea. Cartas de amor, mil llamadas telefonicas, palabras envolventes, regalos...lo que sea para conseguir a la mujer de la que estan enamorados en ese momento.Mi madre siempre me dijo:"Delia, si un hombre no te llama, es que no le interesas; cuando una mujer les interesa, son realmente latosos" . Que razón tiene esta mujer! Cuanta sabiduría!&lt;br /&gt;No soy una mujer feminista. No creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Saltan a la vista nuestros múltiples diferencias, bien físicas o en la manera de sentir o enfrentar los problemas. Lo que está claro es que un hombre que maneja la pasta en una relación está una posición ventajosa respecto a una mujer que no ingresa dinero y no tiene autosuficiencia. Al principio, mientras dura el estado de enamoramiento y el periodo de conquista, el hombre se desvive y te colma de atenciones. En cuanto se les pasa ese estado psicótico y se convierten en seres fríos y extremedamente prácticos, capaces de cortar una relación de una manera radical y sin remordimieno alguno.Resetean sus recuerdos y no albergan siquiera rencor u odio, es simplemente indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mujeres españolas y del mundo entero, el conocimiento y la realización laboral son la clave de la libertad. Es la diferencia entre una ruptura traumática y otra menos. Es el abismo que hay entre aceptar un regalo o sentir que le debes algo. Una mujer independiente es tambien más atractiva al ojo masculino, porque verán en ella una compañera a la que admirar y no un adorno en el salón de casa.&lt;br /&gt;Como me dijo hace poco una gran amiga, "hay mucha competencia". Una mujer completa es aquella que no necesita de la persona que ama nada más que a él mismo. No necesita que la protejan o cuiden como a una muñeca de porcelana, solo quiere que caminen con ella de la mano y no la suelten porque ella tampoco suelta y tirará del carro si es necesario.Una mujer que se ama así misma y se valora, posee más capacidad de amar a otros, y sus logros profesionales la harán aún mas bella, las marcas de expesión de su rostro le darán un aire interesante y no será esclava del paso del tiempo. Una mujer con vida profesional amplia sus horizontes y se relaciona con sus semejantes. Se realiza con sus metas cumplidas y enriquece sus relaciones personales al sentirse orgullosa de si misma.&lt;br /&gt;Esto no está reñido con la caballerosidad de ninguna manera. Una pareja debe cuidarse mutuamente y como bien dije, no somos idénticos el hombre y la mujer. Pero si la separación llegara, las balanzas estarían equilibradas.Con esto no pretendo frivolizar en la idea de la pareja o del amor. El dinero no nos da la felicidad absoluta ( aunque ayuda). Pero la autorrealización personal si.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-7524948900907291002?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/7524948900907291002/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=7524948900907291002' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/7524948900907291002'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/7524948900907291002'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2009/01/independencia-financiera-linea-directa.html' title='INDEPENDENCIA FINANCIERA, LINEA DIRECTA A LA LIBERTAD'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-5928273852374967424</id><published>2008-12-19T07:26:00.000-08:00</published><updated>2009-01-15T19:30:41.373-08:00</updated><title type='text'>PRINCESA BUSCA HOMBRE DE A PIE</title><content type='html'>&lt;em&gt;"El príncipe azul es un personaje tipo que se originó en varios cuentos de hadas. Es un príncipe que va al rescate de la dama en apuros, y típicamente debe emprender una búsqueda para liberarla de un malvado hechizo. Se ha llamado así a los héroes de varias historias del folclore tradicional, entre ellas Blancanieves, La bella durmiente y Cenicienta.El príncipe azul es típicamente un joven bien plantado. Con frecuencia luce un fajín o cinta alrededor de su uniforme principesco, y a menudo pequeño y lustroso bigote. En muchas representaciones habla con acento francés o británico"&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Así se define en la enciclopedia el buscado "principe azul". No obstante el amor no se puede definir en un libro, escapa a todo entendimiento.No vivimos en un mundo perfecto. Ni nosotros mismos lo somos. Por lo tanto no existe una relación idílica ni de cuento de hadas porque la vida sin nosostros querelo nos pone trabas.El Principe Azul es un mito pero encierra un sentido aplicable a nuestra vida real. Quizá no es sinónimo de perfección pero si ese principe que anhelamos es quien nos coge la mano cuando estamos enfermos, quien nos hace sentir bonitas cuando el espejo nos dice lo contrario o aquel que nos sabe arrancar una sonrisa en los momentos más escabrosos.El Principe Azul del siglo XXI no es un caballero de tirabuzones perfectos que brillan al sol, quizá es un chico normal y corriente, que a primera vista no nos llamó la atención pero que con los días empezamos a verle de otra manera...El Principe Azul que necesitamos, no será de la realeza, será un hombre normal, que tiene los pies en la tierra y con quien compartiremos las diferentes etapas del camino pudiendo apoyarnos el uno en el otro y conversar en la cama durante horas. Este hombre de ensueño que añoramos no vivirá en un castillo ni nos salvará de peligros espeluznantes. Esto es así porque el también necesitará de nosotras, tanto o más que nosotras a él. Él no es un héroe invencible. Sereis un equipo de dos que si será indestructible.Sin duda alguna, tiene que existir un moderno principe de estos para cada una de nosotras... solo que algunos están mas escondidos que otros.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-5928273852374967424?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/5928273852374967424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=5928273852374967424' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5928273852374967424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5928273852374967424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/princesa-busca-hombre-de-pie.html' title='PRINCESA BUSCA HOMBRE DE A PIE'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-1517317050079651535</id><published>2008-12-19T03:15:00.001-08:00</published><updated>2008-12-19T04:26:14.095-08:00</updated><title type='text'>LA ISLA</title><content type='html'>Una isla desierta, hermosa, pero sobre todo desierta. Siempre quise llevarte allí, donde pudiéramos vivir alejados de todo aquello que terminó erosionando nuestros sentimientos y condicionando nuestras decisiones.&lt;br /&gt;Alejados de la mediocridad, a salvo del murmullo terjiversador, de las terceras opiniones ausentes de razón, de las miradas envidiosas y del amor convertido en sobreprotección destructura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un mar que no tiene fin sería nuestro único escenario. Sería una barrera impenetrable. Sus turbulentas aguas mar adentro purificarían todo lo que a nosotros llegara, convirtiéndolo en una blanca espuma que acariciaría nuestros pies mientras juegan en la orilla.&lt;br /&gt;Los comentarios malintencionados serían un agradable cosquilleo en nuestra piel; los prejuicios dañinos quedaría reducidos a gotas de sal que salpicarían nuestro cuerpo desnudo y nuestras almas expuestas al sol.&lt;br /&gt;Los malos entendidos, los miedos y temores de quien nos pretendría proteger en exceso,quedarían echos polvo por la fuerza del viento que choca contra el acantilado, entremezclándose con la blanca arena y con los fósiles que duermen en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si pudiera, te llevaría a mi isla. Allí los malos gestos, las inseguridades y los celos son mecidos con suavidad por las olas, envolviéndolos y haciéndoles descender al fondo del mar, donde jamás puedan hacernos temblar ni dudar sobre nuestros sentimientos.&lt;br /&gt;Las malas experiencias que nos hacen desconfiados, serían arrancadas de nuestras memorias y se perderían en el follaje, enterrándose muy profundo para con el tiempo, germinar con una nueva forma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro amor en la isla no estaría magullado por el día a día y sus sinsabores, no se apagaría jamás por la odiosa rutina que acabaría por convertirlo en algo vulgar. Lo alimentaríamos cada mañana con el néctar de las frutas más dulces, con caricias eternas y con miradas cómplices que nos harían estremecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante cualquier atisbo de enfado entre nosotros, el cielo se tornaría oscuro, el viento nos reprendería por nuestra absurda actitud y silbaría fuerte en nuestros oidos con aire amenzante.&lt;br /&gt;Las nubes se pondrían nerviosas y sin querer chocarían unas con otras por culpa del enfado del viento que las balancearía a su merced.&lt;br /&gt;Litros de agua caerían sin piedad sobre nuestros cuerpos ya empapados y el cielo nos intimidaría con sus gruñidos, iluminándonos por instantes para que encontráramos cobijo. Una vez allí, las ramas de los árboles nos susurrarían palabras de amor y sentirías la imperiosa necesidad de abrazarme para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una relación aislada del mundo no sería real, sería una mera proyección de nuestra felicidad. No obstante, hace falta tener mucha fuerza y sentir mucho amor por alguien, para dejar a un lado lo externo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La familia, los amigos, el trabajo... a veces lo que mas amamos puede costarnos una relación sino tomamos las medidas adecuadas. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Haciendo balanza de los bueno y de lo malo, discerniendo entre la relación personal y del resto del mundo, podemos valorar que fue lo que acabó con nuestra relación. ¿ Se agotó el amor? ¿o quizás nos dejamos llevar demasiado por los demás?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yo ya se mi respuesta. Ahora te toca a ti.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Un saludo. María&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-1517317050079651535?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/1517317050079651535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=1517317050079651535' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/1517317050079651535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/1517317050079651535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/la-isla.html' title='LA ISLA'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-8960606035554059476</id><published>2008-12-11T10:52:00.000-08:00</published><updated>2009-03-27T08:17:10.517-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda había sido una vez más, un terrible sueño al que no encontraba explicación aparente. Me cambié de camiseta ya que la anterior estaba empapada en sudor e intenté tranquilizarme mientras ojeaba mi libreta de notas hasta que el agotamiento tiró de mis párpados y me quedé dormida.&lt;br /&gt;Después de dos horas más de descanso, ufana porque mi recurso para burlar la claridad había funcionado a la perfección, me levanté de la cama y busqué con la mirada a Patricia que ya no se hallaba en la habitación. Su lado de la cama aún estaba caliente.&lt;br /&gt;Afiné el oído y alcancé a distinguir su voz entre otras con las que charlaba animadamente en lo que parecía una presentación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesé el pasillo hasta llegar al recibidor, donde se encontraba mi amiga acompañada de Franklyn y otro hombre desconocido para mí.&lt;br /&gt;Una triste bombilla que colgaba en la pared amenenazaba con fundirse, emitiendo intermitentemente suaves zumbidos como si una desdichada abeja estuviera volviéndose loca en su interior. La luz iba y venía al igual que la vida de la sentenciada abeja, que se apagaba por momentos.&lt;br /&gt;Franklyn se percató de esto y mojando sus agrietados dedos en saliba para evitar la quemazón, se dispuso a enroscarla con fuerza para asegurarse de que hiciera contacto. El zumbido cesó.&lt;br /&gt;Quedó patente que es un hombre habilidoso y servicial, quizá demasiado y de eso se aprovechaba María. La Casera no tenía ningún tipo de remordimiento al disponer de sus servicios a cualquier hora del día y de la noche, acudiendo a Franklyn mucho antes incluso que a su propio marido. Parecía un hombre de carácter impetuoso, pero en presencia de su dueña, solamente era un muñeco de goma desdentado y endeble al que le latía el corazón demasiado deprisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de mi aspecto desaliñado, el otro inquilino examinó descaradamente cada parte de mi cuerpo, de una manera tan soez que me provocó cierta repulsión. Cuando llegó a mi busto se detuvo unos instantes como si una fuerza magnética le impidiera avanzar en su pervertida exploración. Su manera de mirar era tan descarada que me sentí como si estuviera desprovista de mis ropas, crucé los brazos sobre mi regazo a modo de coraza y entonces volvió la vista a su primera víctima.&lt;br /&gt;David, que así se llamaba, rondaría los 40 años y como la mayoría de los dominicanos que conocí, era faldero y muy deslenguado. Estaba apoyado en el marco de la puerta de su habitación con la actitud de un gallito de corral que se contonea vanidoso marcando su territorio. Vestía un pantalón corto y una camiseta de algodón de una talla demasiado pequeña, que marcaba su prominente y blandurria barriga.&lt;br /&gt;Sus ojos verdes eran inquietantes y no me inspiraban ninguna confianza. Lucía una línea de pelo bien trazada y muy fina que bordeaba su boca y se extiendía hasta su barbilla, proporcionándole una apariencia un tanto hortera. Sus cejas, extremadamente depiladas, confirmaban su falta de buen gusto y sus ganas de parecer más joven de lo que realmente era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respiré hondo y me uní a la conversación en un intento por integrarme en mi nuevo entorno. El nuevo, no contento con mi saludo general extendió su brazo y me estrechó su mano llena de callosidades durante unos segundos sin dejar de examinarme minuciosamente. Retiré la mano en cuanto pude y disimuladamente me sequé en el pantalón el sudor que me había transferido. Me costó esconder tras una sonrisa mi gesto de repugnancia ante aquel ser tan desagradable. Dos muelas de oro asomaron por los lados de su oscura boca deslumbrándome como dos tesoros escondidos en una recóndita cueva de ladrones.&lt;br /&gt;David no tardo mucho en ofrecerse cordialmente a llevarnos donde necesitáramos ya que tenía un vehículo propio. Ni por un segundo se me pasó por la cabeza hacer uso de tal proposición.&lt;br /&gt;Entretenidos con el palique, permanecían ajenos a quien nos espiaba sigilosamente desde la puerta entreabierta de su habitación. Ese par de canicas pequeñas y azules conseguían ponerme realmente nerviosa, me era imposible mantener fija la mirada.&lt;br /&gt;De alguna manera forcé el fin de la conversación y con un guiño de complicidad indiqué a Patricia que se dirigiese a la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intercambiamos durante un buen rato nuestras impresiones sobre el lugar donde habíamos ido a parar. Cierto es que nuestro viaje había sido un tanto atropellado, pero jamás nos hubiéramos imaginado aquella situación tan precaria. La casa de los horrores había sido toda una contrariedad en nuestros planes.&lt;br /&gt;Patricia a pesar de su apariencia de mujer y su pronto incontenible, era tan solo una niña. Sus ojos parecían dos cubos repletos de agua salada a punto de desbordarse y entonces me invadió un insoportable cargo de conciencia. No podía negar que yo -movida por mi propio interés y mis ganas de descubrir la verdad- la había arrastrado conmigo sin ningún tipo de miramiento.&lt;br /&gt;Ambas estábamos bastante irascibles y el ambiente estaba tan tenso que cortaba la respiración. Me irritaba estar en esa casa de papel con aquella gente tan extraña, pero no iba a permitir que un pequeño contratiempo truncara el verdadero motivo que me había arrastrado de nuevo a aquella isla. &lt;em&gt;Mi objetivo en Nueva York tenía nombre y apellidos: Adam Backer&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dimos una ducha rápida –solo con agua ya que no teníamos jabón- y decidimos explorar el barrio en busca de un supermercado. Nuestro primer cometido era abastecer la repisa de la nevera que nos había sido adjudicada y que sería invadida -de manera habitual- por otros miembros de la casa durante nuestra permanencia.&lt;br /&gt;El barrio de Brooklyn bajo un sol en pleno esplendor tenía una perspectiva muy diferente a la que percibí la noche anterior. Me cautivó su autenticidad.&lt;br /&gt;Todas las casas estaban cortadas por el mismo patrón: grandes dimensiones, pésimos materiales, peores distribuciones y diminutos jardines; sin duda alguna son prisioneros de su propio sueño americano. Era una zona muy bonita, daba gusto pasear por allí. El tiempo era espléndido y aunque el viento se empeñaba en despeinarnos no se echaba en falta ropa de abrigo.&lt;br /&gt;Una pareja de niños se divertía montando en monopatín y esquivando a las vecinas que, sin inmutarse, continuaban como si nada su tranquilo paseo matinal y su intercambio de chismes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos nuestra calle dejando a nuestro paso dos o tres tiendas de alimentación, un parque -bastante descuidado- donde un grupo de chicos amenizaban la mañana jugando al basketball y lo que se suponía que era un rudimentario taller mecánico.&lt;br /&gt;Al pasar por delante de este, dos hombres hispanos que -a juzgar por su aspecto- podrían ser nuestros padres perfectamente, nos obsequiaron con unas cuantas “lindezas” que nos hicieron ruborizar y aligerar el paso. Patricia se negaría en rotundo a pasar por esa acera de ahí en adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuamos con nuestra caminata. Al llegar al final de la calle y girar a la izquierda nos encontramos con un instituto de un tamaño considerable. Su moderna fachada me hizo intuir que habría sido construido recientemente. También había una biblioteca en las inmediaciones.&lt;br /&gt;La mayoría de los críos que jugaban en el patio eran latinoamericanos. A estas alturas ya me había dado cuenta de que iba a necesitar más bien poco el inglés en ese barrio.&lt;br /&gt;En una zona apartada, había un corro de chicos que se agitaban y reían a carcajada limpia. Parecían estar pasándolo en grande entre saltos y gansadas de chavales. Cual fue mi sorpresa cuando distinguí en aquel círculo de brazos y piernas adolescentes, un muchacho postrado en el suelo que lloraba desconsoladamente. Su cuerpo raquítico temblaba de miedo al compás de su llanto y cubría avergonzado su oscuro rostro bañado en lágrimas con ambas manos, protegiéndose así de las agresiones de sus compañeros. La escena me hizo estremecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Patricia hizo un alto en el camino para llamar a su casa desde un teléfono público. A causa del desfase horario, no pudimos dar aviso a nuestros padres al aterrizar en Nueva York. Después de probar en varias cabinas y comprobar que casi todas estaban averiadas por fin dimos con una que funcionaba afortunadamente. Mientras ella se dedicaba a tranquilizar los histerismos de su madre, yo me debatía entre si llamar o no llamar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba angustiada y a pesar del frío que se colaba por mi ropa, empecé a transpirar. Lo que menos necesitaba en aquel momento era una interminable lista de reproches a cerca de mí precipitada decisión de marcharme de viaje sin tener en cuenta la opinión de mi novio Francisco*ni mi delicado estado de salud. Introduje mi mano derecha en el bolsillo del pantalón y extraje una fotografía que desdoblé varias veces. La contemplé durante un par de minutos mientras me recreaba pensando en lo bien que había hecho no mostrándosela a nadie cuando la encontré oculta entre mis pertenencias.&lt;br /&gt;Analizándola me asaltó la misma sensación de familiaridad que la primera vez que la vi, aunque no era capaz de reconocer el rostro de aquel hombre retratado. Una escueta dedicatoria en su reverso escrita a mano era la única información de la que disponía:&lt;em&gt; "Los Ángeles y yo te estamos esperando: Adam Backer".&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Por un momento me quedé ensimismada rebuscando en mi desconcierto pero la llamada de mi amiga me sacó bruscamente de mi trance. Me apresuré a guardar la foto y corrí a su encuentro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-8960606035554059476?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/8960606035554059476/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=8960606035554059476' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8960606035554059476'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/8960606035554059476'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/en-busca-de-adam-backer-capitulo-iii.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-4430059208906906028</id><published>2008-12-09T08:11:00.000-08:00</published><updated>2009-03-27T04:57:51.561-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noté una mano en mi hombro y entonces supe que me había quedado dormida presa del cansancio. Patricia me miraba estupefacta, con la boca entre abierta y esos grandes ojos que parecía que se le iban a salir de las órbitas. Parecía una estatuilla de cera carente de movilidad.&lt;br /&gt;Seguidamente me interrogó sobre quien era ese tal Adam y yo francamente no supe ni que contestar a semejante pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Patricia tiene 20 años. Fuimos juntas a clase el curso pasado, pero cuando me la presentaron tres meses atrás en la cafetería, mi sensación era la de no haberla visto en mi vida.&lt;br /&gt;Es muy alta, tiene una frondosa melena larga y de color negro, con un rizo pequeño bastante molesto que intenta domar a base de productos para el cabello en un intento de lucirlo liso. Sus enormes ojos oscuros y rasgados los suele perfilar con una línea negra que recorre su párpado de extremo a extremo y que no siempre atina a hacer con buen pulso.&lt;br /&gt;Tiene un rostro de lo más expresivo e inconscientemente moviliza de una manera pasmosa todos y cada uno de sus músculos faciales, haciendo imposible el disimular sus emociones en situaciones extremas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ni siquiera ponernos el pijama nos metimos en la cama y a penas cruzamos palabra alguna debido al agotamiento. A falta de almohadas había un cojín, que además de tener un aspecto bastante sucio estaba más duro que una piedra. Decidimos entre bromas echárnoslo a suerte con el mítico juego de “pares y nones”, pero finalmente Patricia -con un gesto muy gentil- me lo cedió aquella noche. Me tapé con la manta como pude, dejando para el día siguiente todo tipo de pudores o remilgos y cerré los ojos. Entre pensamiento y pensamiento fui notando como el sueño se iba apoderando de mí hasta dominarme por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde primera hora de la mañana, me empezó a incordiar la luz que se hacía paso, sin impedimento alguno, a través del enorme cristal. En esos momentos hubiera matado por cambiarlo por una ventanita minúscula que diera al más oscuro de los patios de luces. Intenté cubrirme la cabeza con la manta -que desprendía un olor raro- pero fue en vano ya que la luz se filtraba por el tejido y las costuras. Jamás hubiera predicho que viviría en aquellas condiciones tan austeras, pero no me había quedado más remedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando pensaba que la situación no podía ir a peor una agitada conversación en el pasillo terminó por despertarme. Una de las voces, que comenzaba a exasperarse, me resultaba familiar. Era la de Franklyn quien dialogaba en medio del pasillo con una mujer, sobre sus respectivas tendencias políticas. El tema estaba candente debido a que las próximas elecciones a Presidente de los Estados Unidos serían en escasas semanas y habían creado grandes expectativas.&lt;br /&gt;La otra voz con la que interactuaba era la de Julia, la única fémina –por denominarla de alguna manera- de todos los arrendatarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia, había ahogado hace tiempo la delicadeza en alguno de los litros de cerveza que religiosamente consumía a diario. Sus 69 años – de los que hacía alarde muy a menudo- no la impedían mostrarse activa y dicharachera cual adolescente.&lt;br /&gt;Su pelo lucía engominado, de corte masculino y de color rojizo, que conseguía a base de tintes que aplicaba con fervor cada 20 días.&lt;br /&gt;Sus atuendos –varoniles también- y su encorvada manera de menearse al andar –más parecida a la de un cowboy del oeste que a la de una anciana de casi 70 años- me hicieron sospechar a cerca de sus inclinaciones sexuales.&lt;br /&gt;Julia derrochaba vitalidad. A pesar de las enfermedades que decía que padecía, conservaba energía suficiente como para tener atemorizados a todos los inquilinos de la casa y a medio barrio. Pero tras aquella apariencia de mujer ruda y desprovista de sentimientos, se escondía una luchadora nata.&lt;br /&gt;Aquella mañana llevaba una camiseta blanca de tirantes, metida por debajo de unos vaqueros de cintura alta, que amarraba con un grueso cinturón marrón, evitando así que se escurrieran de su esmirriado cuerpo, en uno de sus múltiples vaivenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La claridad de la camiseta dejaba intuir la ausencia de ropa interior, transparentándose casi por completo, dos turgentes senos, que nadie hubiera adivinado que pertenecían a una mujer de dicha edad. Seguramente Julia –en su atolondrada juventud- fue pionera en operaciones de estética, tan frecuentes en la actualidad. Jamás conseguí saberlo con certeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apreté los ojos fuertemente intentando evadirme de aquel bullicio pero fue inútil. Su elevado tono de voz malintencionado y sus risotadas me impedían permanecer ajena a su conversación que –dicho sea de paso- no alcanzaba a entender en su totalidad porque mezclaban inglés con castellano, resultando de aquella fusión, un lenguaje casi cifrado para oídos inexpertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí levantarme, me lavé la cara y dejé durmiendo un rato más a Patricia que parecía no inmutarse con nada de lo que allí estaba sucediendo.&lt;br /&gt;Temerosa, abrí lentamente la puerta y asomé la cabeza para ver el percal. Alcé la vista y para mi sorpresa, el pasillo estaba completamente desierto.&lt;br /&gt;Lo que no me esperaba era toparme con dos ojos azules redondos y pequeños al agachar mi cabeza. Julia no paraba de observarme de arriba a abajo desde su metro cuarenta centímetros; entonces me dedicó una mueca de asco y se dio la vuelta en dirección a su habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Opté por regresar a la cama. Mientras despotricaba para mis adentros sobre aquella condenada vieja, me enrollé un pañuelo en la cabeza y cubrí mis ojos con la esperanza de evitar la luz.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuando empezaba a encontrarme somnolienta escuché un teléfono que no paraba de sonar. No entendía como no había silenciado el móvil antes de acostarme como acostumbraba a hacer en Madrid. Pronto caí en la cuenta de que no había traído mi móvil a EEUU y Patricia tampoco por miedo a represalias posteriores por elevadas facturas telefónicas. El sonido que insistentemente retronaba en mis oídos no provenía de ningún móvil, sino de teléfono fijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí los ojos y el teléfono -no sabía exactamente en que momento- había dejado de timbrar.&lt;br /&gt;Me encontraba en la habitación 1469 otra vez. La misma moqueta azulona cubría el suelo de la habitación atrayendo toda la suciedad que encontraba a su paso. Una retahíla de vestidos estaban desperdigados por el suelo y en un rincón había una maleta a medio hacer. Una nueva llamada me sobresaltó.&lt;br /&gt;Descolgué el aparato y nerviosa esperé una contestación al otro lado de la línea: “Miss Rodríguez, el vuelo X76890 destino Los Ángeles que nos pidió confirmar NO EXISTE”&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-4430059208906906028?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/4430059208906906028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=4430059208906906028' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/4430059208906906028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/4430059208906906028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/en-busca-de-adam-backercapitulo-ii.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-9068037309567389933</id><published>2008-12-08T12:05:00.000-08:00</published><updated>2008-12-25T11:56:07.981-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-9068037309567389933?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/9068037309567389933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=9068037309567389933' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/9068037309567389933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/9068037309567389933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/despues-de-la-tormenta-no-siempre-llega.html' title=''/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-2262837458738983714</id><published>2008-12-05T12:13:00.000-08:00</published><updated>2009-03-22T04:58:13.732-07:00</updated><title type='text'>EN BUSCA DE ADAM BACKER</title><content type='html'>CAPITULO 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es curioso el ser humano. Consigue de manera innata adaptarse y mimetizarse en nuevos ambientes y peliagudas situaciones por muy alejados que estén de su rutina o costumbres; incluso llegando a echarlos de menos cuando vuelve a su acomodada anterior situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ir más lejos, hoy amanecí en mi confortable colchón, arropada con un mullido edredón blanco y sin la más mínima sensación de frío, cuando hace menos de 48 horas solía despertarme una corriente heladora a primera hora de la mañana y un golpe de luz que atravesaba aquel viejo ventanal sin cortina, que miedo daba abrirlo porque pareciera que se fuera a romper en mil pedazos.&lt;br /&gt;Si después de estos contratiempos conseguía seguir dormida, era repentinamente arrancada de mi sueño con alguna balada empalagosa de Luís Miguel a todo volumen acompañada, por supuesto, de su correspondiente coro y baile. A pesar de no ver semejante espectáculo, podía intuir al detalle su improvisada coreografía, retumbando cada paso y cada carcajada en las paredes de mi habitación y en mi cabeza.&lt;br /&gt;Esta mañana cuando amanecí en mi cama, tampoco se oyeron disputas por quien entraba antes al baño o conversaciones chinchonas en un curioso spanglish* que solía sacarme de mis casillas. Hoy invadía un silencio, incluso incómodo, toda mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace 5 semanas -aunque a mí me parecía una eternidad- aterricé en tierras americanas, agotada y sin saber a ciencia cierta cual sería el techo que me salvaguardaría aquella noche. Desde luego viajar a la aventura puede ser muy estresante sobre todo cuando el tiempo juega en tu contra y la noche esta cayendo sobre Nueva York.&lt;br /&gt;Una llamada de teléfono a nuestra futura Casera y -en ese momento- salvadora absoluta fue suficiente para dejarnos respirar. Apunté cuidadosamente la dirección de la casa en el reverso de un panfleto publicitario y busqué -con la ayuda de un chico que trabajaba allí- la calle en uno de los mapas que adornaban las paredes del aeropuerto La Guardia.&lt;br /&gt;Me quedé pasmada cuando aquel muchacho me informó sobre su localización. Estaba situada en el barrio de Brooklyn, el mismo donde algunos taxis newyorkinos no quieren acceder ni por todo el oro del mundo. Nuestro destino en concreto había sido -dos años atrás- nido de toxicómanos, camellos y delincuentes. Actualmente-por ironías de la vida y por suerte para nosotras- estaba custodiado por patrullas de policía cada dos calles, resultando más seguro que el propio Manhattan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba algo escéptica a cerca de encontrar un medio de transporte que nos llevara a la dirección indicada por María -La Casera- pero sin duda alguna la cara de pánico de mi compañera de viaje, reflejaba una actitud mucho más pesimista que la mía.&lt;br /&gt;Estábamos tiradas sobre nuestras maletas mirándonos respectivamente y haciendo verdaderos esfuerzos para no perder los nervios. El viaje nos había dejado exhaustas y la situación era de todo menos alentadora. Francamente, me ví durmiendo bajo el puente de Brooklyn, que por muy glamuroso que suene, no dejaba de ser un maldito puente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanté la mano varias veces con la esperanza de parar a algún intrépido taxista que quisiera llevarnos a esas horas de la noche al barrio de Broocklyn, pero en cuanto oían de mi boca el destino salían despavoridos, algunos de ellos casi llevándome por delante.&lt;br /&gt;Después de varios intentos fallidos encontramos a un hombre que conmovido por nuestra situación accedió a llevarnos a regañadientes, pero en décimas de segundo, lo que era una buenísima noticia pasó a ser motivo de sospecha.&lt;br /&gt;Tendría que ver menos películas y no escuchar tanto a mi madre. Es la persona más desconfiada del mundo, capaz de hacerte ver a una dulce abuelita que te ofrece un caramelo como al más sanguinario de los asesinos en serie. Esto puede deberse a su larga experiencia como enfermera en un hospital psiquiátrico y a su exacerbada imaginación que alimentó a base de cientos de libros durante toda su juventud. A sus ojos, todos tenemos un diagnóstico psiquiátrico -incluida yo- aunque no viene al caso entrar en detalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante el cansancio había hecho mella en mí y que el tiempo jugaba en nuestra contra era un hecho irrefutable, por lo tanto nos metimos con todos nuestros bártulos en el taxi, le indiqué la dirección al conductor y nos pusimos rumbo a lo que sería nuestro hogar el próximo mes.&lt;br /&gt;Después de casi 45 minutos de trayecto el taxista aminoró la velocidad hasta parar enfrente de una gran casa de ladrillo rojizo de aparente sólida construcción, con verjas plateadas que la diferenciaban sutilmente del resto, tal y como nos había descrito María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún dentro del taxi divisé entre la negrura de aquel minúsculo jardín a una mujer de mediana edad y piel oscura. Llevaba una vieja bata de estar por casa llena de pelotillas y unos rulos de chillones colores perfectamente colocados en su grueso pelo. Supuse que se trataría de María.&lt;br /&gt;Se acercó a nosotras recibiéndonos con un cálido saludo, bastándome dos o tres palabras suyas para intuir que era dominicana. Conservaba -a pesar de la edad que debía tener- un cutis terso y lozano que cualquier mujer envidiaría.&lt;br /&gt;Abrió la puerta de entrada y emitiendo un sonoro grito -con un timbre de voz bastante molesto- reclamó la presencia de Franklyn que corrió escopetado a la llamada de la dueña de la casa.&lt;br /&gt;Debía tener unos 60 años, bien aseado, piel color café y por su seseo deduje también su origen latinoamericano. Tenía agujereadas las orejas y estaban adornadas por dos aros muy pequeños de oro que se balanceaban con cada uno de sus agitados movimientos. Su barba de dos o tres días y su oscuro pelo sin rastro de canas, le daban un aspecto desenfadado y juvenil y sus escuálidos brazos estaban adornados con tatuajes que habían perdido parte de su color por el paso del tiempo.&lt;br /&gt;Aunque sus ojos pequeños y vivarachos brillaban intensamente, las arrugas y facciones de su rostro delataban una vida llena de sinsabores. Mientras escuchaba atento las indicaciones de María, me sonrió tiernamente dejando entrever una dentadura a la que le faltaban varias piezas, lo que encajaba perfectamente en el perfil de una vida deshecha por las drogas. Me conmovió desde el primer momento aquella manera de mirar tan propia de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Franklyn nos ayudó amablemente a cargar las pesadas maletas hasta el piso de arriba donde cambió radicalmente la temperatura, azotándome en la cara una auténtica ola de calor. Percibí un olor a cerrado entremezclado con lo que supuestamente había sido la cena de esa noche que me revolvió el estómago.&lt;br /&gt;Atravesamos el pasillo dejando atrás las habitaciones de los demás inquilinos hasta acceder a la nuestra que estaba apartada del resto. Las paredes estaban pintadas de azul claro y tenían varios desconchones e incluso alguna pequeña humedad que afloraba a pesar de los intentos de la dueña por disimularlas con muebles estratégicamente colocados.&lt;br /&gt;Había una única cama de matrimonio con un cabecero de espejo y una gruesa manta de flores cubriéndola por completo. Evidentemente, el compartir lecho todo el mes no entraba –hasta ese momento- en los planes de ninguna de nosotras dos.&lt;br /&gt;Lo primero que pensé es en la cantidad de historias de las que habrían sido testigos las paredes de aquel habitáculo de menos de siete metros cuadrados con lavabo incorporado. Más adelante sabríamos quienes fueron los anteriores inquilinos y porqué tuvieron que marcharse de allí de un día para otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recibimiento desde luego no tuvo desperdicio. Nos fueron explicadas algunas normas de convivencia como la ducha comunitaria que compartiríamos con otros cinco inquilinos o la prohibición de arrojar papel de WC al WC. No obstante, La Casera se cubrió las espaldas o mejor dicho su inmenso trasero, exigiéndonos astutamente el previo pago del mes completo aquella misma noche. Aquello disipaba toda idea de huir al día siguiente siendo un verdadero punto de no retorno en nuestro viaje.&lt;br /&gt;El tiempo acabaría por desenmascarar a la verdadera María, una mujer muy alejada de aquella imagen de devota creyente y hospitalaria ama de casa que nos pretendió vender en nuestra llegada. Ella es una de los muchos oportunistas que infectan la ciudad de Nueva York nutriéndose de la desgracia ajena y ama a los papeles verdes por encima de todo y de todos, incluso de su propia familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche caí rendida de cansancio encima de la cama importándome -en ese momento- bien poco la desconocida procedencia de aquella vieja manta y cerré los ojos.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuando los volví a abrir me encontraba enfrente de lo que parecía una habitación de hotel, la número 1469 según marcaba la puerta. Un teléfono proveniente de su interior empezó a sonar estrepitosamente. Giré el picaporte lentamente y entré atraída por aquel timbre insoportable que no dejaba de taladrar mi cabeza. Me senté a los pies de la cama y después de dudar durante unos instantes, me decidí a atender la llamada.&lt;br /&gt;Descolgué el teléfono, lo acerqué temblorosamente a mi oido y escuché una entrecortada respiración durante unos segundos hasta que me armé de valor y pregunté: ¿Adam, eres tú?&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-2262837458738983714?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/2262837458738983714/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=2262837458738983714' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2262837458738983714'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2262837458738983714'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/en-busca-de-adam-backer.html' title='EN BUSCA DE ADAM BACKER'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-5955651747263078044</id><published>2008-12-04T08:59:00.001-08:00</published><updated>2008-12-04T11:24:25.164-08:00</updated><title type='text'>ECLIPSES, ESTRELLAS FUGACES Y AGUJEROS NEGROS</title><content type='html'>En el Universo de las relaciones interpersonales es fácil sentirse perdido y desorientado. No sirven reglas ni tampoco premisas. No existen las previsiones ni la lógica. Directamente coje tu manual de seducción y quémalo junto a toda esperanza de no salir trasquilado en esta absurda cruzada que es el Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para aquellas personas que pecan de inconformistas y exijentes, encontrar en medio de este "mercadillo" de ocasiones un artículo sin tara, es un hecho tan poco frecuente como un "&lt;strong&gt;Eclipse de Sol"&lt;/strong&gt;, pero ojo, puede resultar tan hermoso como abrasador sin las convenientes precauciones.&lt;br /&gt;El problema de estos "eternos soñadores" es que quizás, cuando por fín se topan con lo que tanto anhelaban, la desilusión que camina de la mano con el idealismo, se apodera de ellos al comprobar que no es lo que esperaban. Definitivamente, no existe nada ni nadie perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los volubles o inestables quizá el verdadero problema no es encontrarlo sino mantener vivo el interés por la nueva adquisición. Este tipo de relaciones "&lt;strong&gt;Estrella Fugaz&lt;/strong&gt;" suelen empezar de una manera demasiado efusiva y deslumbrante. Su aparente perfeccción y su cegadora luz -tan intensa y clara- puede arrastrasnos a decisiones precipitadas a la hora de entregar ,en bandeja de plata, nuestros más profundos sentimientos.&lt;br /&gt;Esta apertura emocional a menudo aburre soberanamente a nuestro "amante veleta". Este se apresurará en su huida dejando tras de sí una estela dorada como único recuerdo de su efímero amor y una herida sangrante que tardará en cicatrizar más de lo que pensábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, los &lt;strong&gt;Agujeros Negros&lt;/strong&gt;, son la guarida de aquéllos que llamamos &lt;strong&gt;"&lt;/strong&gt;chupópteros emocionales".&lt;br /&gt;Son personajes de naturaleza compulsiva, celosos y presos de una terrible inseguridad que les hace cebarse con sus compañeros sentimentales para sentirse así más poderosos ante su propia vulnerabilidad.&lt;br /&gt;Son relaciones enfermizas en las que se desarrolla una dependencia tan fuerte, que a veces hace imposible que la propia víctima se desvincule de su torturador.&lt;br /&gt;Estas oscuras relaciones, cuando finalizan son muy dramáticas y dolorosas, dejando una verdadera sensación de vacio del que es dificil recuperarse.&lt;br /&gt;Sin duda alguna, acabar con ellas es la mejor decisión que se puede tomar ya que son como los parásitos a una planta, una vez eliminados de sus raices, ésta recupera sus flores y la fortaleza de sus tallos. Nace la oportunidad de volver a empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay tantos tipos de relaciones como tipos de personas -infinitas combinaciones y un amplio abanico de posibilidades- lo que impregna de misterio e intriga cada nueva relación en la que nos embarcamos.&lt;br /&gt;El que no arriesga no gana y nunca estuve en el bando de los cobardes,testigo de ello son mis innumerables tropiezos en el camino.&lt;br /&gt;Dicho esto, no me queda otra que respirar profundamente y armarme de paciencia. Admito que los nervios alojados en mi estómago se apoderan de mi ante esta nueva aventura que se me presenta como si fuera la primera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un saludo. María.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-5955651747263078044?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/5955651747263078044/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=5955651747263078044' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5955651747263078044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/5955651747263078044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/eclipses-estrellas-fugaces-y-agujeros.html' title='ECLIPSES, ESTRELLAS FUGACES Y AGUJEROS NEGROS'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-230043590557021810.post-2598443398907473334</id><published>2008-12-04T08:28:00.001-08:00</published><updated>2008-12-04T08:37:21.188-08:00</updated><title type='text'>ALERGIA AL COMPROMISO</title><content type='html'>Te han dicho frases como "te quiero" "nunca me había pasado algo así" o el mítico " cierra los ojos que te voy a hacer volar" en tu primer encuentro sexual y has sentido unas ganas imperiosas de salir por patas de allí?&lt;br /&gt;¿ Eres de los que "invita" a marcharse a tus invitados nocturnos después de la cópula con frases como -Ufff mañana madrugo- o -Que pequeña que es esta cama o me lo parece a mi- ?&lt;br /&gt;Si sientes ataques de pánico/ansiedad/sudoración/punzadas en el brazo izquierdo o cualquier sintomatología similar cuando te "obsequian" con la famosa copia de las llaves del piso o con las presentaciones familiares en las que uno siente que no puede escapar...&lt;br /&gt;Lo siento Amig@: Tienes alergía al compromiso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien no se ha sentido alguna vez agobiado por alguien que ha corrido más de lo debido o que se ha precipitado con sus muestras de afecto?&lt;br /&gt;Tanto mujeres como hombres hemos sido víctimas algunas vez de estos "prematuros amorosos" que nos han causado más de una taquicardia innecesaria.&lt;br /&gt;No solo el sexo masculino puede sentirse agobiado con la típica histérica que no para de llamar y que te pide explicaciones de donde con quien y porque vas o vienes despúes de una única noche de sexo... Estas historias, según me cuenta algún amigo, suelen acabar con el cambio de número de teléfono porque no hay quien se las quite de encima ni con agua caliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también si duda alguna, hay hombres muy pesados -aquí ya hablo en primera persona- que te deleitan desde la segunda cita con palabras empalagosas como "bollito" o "cari" que personalmente me revuelven el estómago.También existe el típico osado que te agarra la mano al cruzar -como si fuera un deporte de riesgo extremo- cuando a penas sabeis ni vuestros apellidos; entonces es cuando miras a ambos lados de la calle rezando para que nadie conocido pasara por allí en aquel embarazoso momento y sacas tu mano de aquel embolado como sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las relaciones, como en la vida en general, todo tiene su momento adecuado. Adelantarse o retrarsarse puede conllevar efectos como espantar a la persona que nos gusta o perder un tren que jamás volverá a repetirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un saludo. María&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/230043590557021810-2598443398907473334?l=reflexionesdemaria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/feeds/2598443398907473334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=230043590557021810&amp;postID=2598443398907473334' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2598443398907473334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/230043590557021810/posts/default/2598443398907473334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://reflexionesdemaria.blogspot.com/2008/12/alergia-al-compromiso.html' title='ALERGIA AL COMPROMISO'/><author><name>María</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13470706879928568739</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_XpCOkgv40_k/SbzzfPgF9PI/AAAAAAAAAA0/iagYCVMleLk/S220/portada+libro.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
